La idea de un robot programado para hacer daño no se nos hace tan extraña si consideramos el notable esfuerzo desplegado por el ser humano a través de la historia para desarrollar armas cada vez más sofisticadas y mortíferas, y esta actitud ha sido una de las fuentes que ha alimentado el temor de que algún día las máquinas –computadoras, robots, teléfonos inteligentes– se rebelen contra sus creadores y nos esclavicen, o exterminen.

Explorar este temor es también una de las causas que se encuentran tras la idea de hacer un robot programado exclusivamente para hacer daño a los seres humanos.

El robot programado únicamente para hacer daño a los humanos

Alexander Reben, un artista experto en robótica de Berkeley, California, creó un robot de mesa cuya única función es hacer daño a las personas que deseen exponerse a su dolorosa, aunque inofensiva arma. Si te interesa la robótica, es probable que hayas escuchado hablar de otra invención de Reben: el Blabdroid, un pequeño robot con forma de caja y aspecto afectuoso que hacía que sus usuarios lo trataran como si fuera un ser humano. Y es que Alex Reben, desde que realizaba su maestría en el Tecnológico de Massachusetts (el prestigioso MIT), siempre ha estado interesado por las relaciones que establecen los seres humanos con las nuevas tecnologías.

robot

Su nueva creación, este robot programado para pinchar dedos, se parece más a una máquina de coser eléctrica que al tradicional robot de ciencia ficción, pero cumple a la perfección la función para la que fue creado por Reben: violar las leyes de la robótica propuestas por Isaac Asimov en 1942 y plantear el debate sobre nuestra relación con las máquinas, sobre todo cuando las diseñamos para hacernos daño.

En plena guerra mundial Asimov publicó un cuento, “Runaround”, en el que se planteaban las 3 leyes o reglas de la robótica (que debían ser obedecidas por los robots):

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª ley.

El robot de Reben viola deliberadamente estas tres leyes pero, a pesar de las afirmaciones de su constructor y programador, no sería realmente el primero en hacerlo, si consideramos la existencia de aparatos mortíferos como los drones, o los accidentes causados por brazos robóticos ampliamente utilizados en grandes industrias, como la automotriz.

Y aquí estaríamos más cerca del verdadero temor de los humanos a los robots: más que al daño físico, el miedo es a que los robots les quiten sus puestos de trabajo.

Sin embargo, el artista y constructor de robots aspira a que su invención avive el debate entre escritores, científicos y el público en general, sobre la relación cada vez más compleja entre los seres humanos y sus invenciones tecnológicas. Mira este pequeño video del robot:

Ciertamente, y conociendo algunos aspectos oscuros de la humanidad, este robot programado para hacer daño no será el último de su clase. Y para que veas todas las posibilidades robóticas, lee ¿El primer espermatozoide robótico?

Imágenes: Youtube