¿Qué relación tiene el radar de la Segunda Guerra Mundial con el aparato donde calientas la comida? La conexión está en el magnetrón, un dispositivo capaz de generar microondas. Su desarrollo para detectar objetivos militares abrió una posibilidad distinta: utilizar esa energía para cocinar. Convertirla en un electrodoméstico práctico, sin embargo, tomó años de investigación y cambios de diseño.

El magnetrón y la investigación durante la guerra

Los magnetrones ya se investigaban antes del conflicto. IEEE sitúa un antecedente importante en 1921, cuando Albert W. Hull publicó sus trabajos sobre este dispositivo. Durante las décadas siguientes, distintos investigadores buscaron mejorar su funcionamiento.

En 1940, John Randall y Harry Boot desarrollaron en la Universidad de Birmingham una versión de magnetrón de cavidades que permitió generar microondas de alta potencia. Ese avance ayudó a construir radares más compactos, útiles para su instalación en aeronaves.

La cooperación entre Reino Unido y Estados Unidos facilitó su fabricación a mayor escala. La prioridad era militar: detectar aviones y submarinos. La aplicación culinaria llegó después, cuando se exploró cómo esa energía podía calentar alimentos.

Percy Spencer y el cambio de aplicación

El Smithsonian sitúa en 1945 el episodio que vinculó a Percy Spencer, ingeniero de Raytheon, con la cocción por microondas. Según el relato recogido por la institución, Spencer observó que un dulce se había derretido en su bolsillo mientras trabajaba cerca de un magnetrón.

Después experimentó con alimentos y participó en el desarrollo de un horno. El registro documental permite precisar otro hito: el 8 de octubre de 1945 presentó la solicitud de patente de un método para tratar alimentos con energía de microondas.

1947: el primer horno comercial

Raytheon comenzó a comercializar el Radarange en 1947. Era un equipo grande, pesado y dirigido a cocinas comerciales, muy distinto del aparato que cabe sobre una barra de cocina. Sus primeras versiones necesitaban refrigeración por agua, una exigencia poco compatible con el uso doméstico.

El principio de calentamiento ya estaba definido. Como explica la FDA, el magnetrón genera microondas que se reflejan dentro del compartimento metálico y son absorbidas por los alimentos. La interacción con moléculas de agua produce calor. El calentamiento tampoco ocurre automáticamente del centro hacia afuera: en alimentos gruesos, parte del calor llega al interior por conducción.

El reto consistía en convertir ese principio en un producto utilizable: reducir tamaño, facilitar la instalación y diseñar controles comprensibles. La posibilidad de cocinar con microondas estaba demostrada; todavía faltaba adaptar la máquina a las condiciones de una vivienda.

De los primeros modelos domésticos a la cocina cotidiana

En 1955 apareció el Tappan RL-1, desarrollado junto con Raytheon y considerado por el Smithsonian el primer microondas diseñado para el hogar. Su llegada no supuso una adopción inmediata: la institución registra únicamente 34 unidades fabricadas durante ese primer año.

El costo elevado y las dudas sobre su uso limitaron su aceptación. También había que aprender otra manera de cocinar: los tiempos, recipientes y resultados no eran idénticos a los de un horno convencional.

El RL-1 conservado por el Smithsonian incluso incluye un cajón con tarjetas de recetas. Es un detalle revelador: vender el aparato también exigía explicar cómo cocinar con él. El cambio doméstico dependía del diseño del equipo y de las instrucciones que lo acompañaban.

En 1965, Raytheon adquirió Amana. Dos años después, en 1967, esta empresa presentó un modelo doméstico de mesa que ayudó a acercar la tecnología a más consumidores, según la historia publicada por IEEE.

Durante la década de 1970, las ventas crecieron y el microondas comenzó a integrarse en más hogares. Calentar porciones y descongelar alimentos se volvió parte de su utilidad cotidiana. La evolución abarcó tanto la fabricación como el aprendizaje de sus usuarios.

Grill y convección: nuevas formas de cocinar en el mismo equipo

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El calentamiento por microondas resolvía ciertas tareas, pero conseguir una superficie dorada requería otras fuentes de calor. La incorporación del grill y la convección amplió las posibilidades del aparato.

Esa diversificación explica que, al hablar de un microondas Samsung, puedan encontrarse equipos con funciones diferentes, como ocurre también con otras marcas. Compartir fabricante no significa que todos incluyan los mismos métodos de cocción.

La función concreta importa más que el nombre de la categoría. En un horno microondas Samsung, hay que distinguir entre el calentamiento por microondas, la presencia de una resistencia para dorar y la circulación de aire caliente para hornear.

¿Qué aporta cada método?

El grill utiliza una resistencia para aplicar calor y favorecer el dorado superficial. La convección combina una resistencia con un ventilador que mueve aire caliente dentro del horno. Por eso puede realizar tareas semejantes a las de un horno convencional.

Un ejemplo de esa integración es un Samsung con grill y air fry. Su ficha mexicana incorpora convección y un modo Air Fry que emplea una bandeja específica y permite ajustar tiempo y temperatura. Freír con aire corresponde a un proceso distinto de sumergir alimentos en aceite.

La integración también alcanza los materiales interiores. En el Samsung horno de convección con microondas, grill y Air Fry, Wi-Fi, ceramic inside, negro, modelo MC32DG7646CKAX, el fabricante identifica un recubrimiento de esmalte cerámico. Ese acabado corresponde al interior del equipo; la generación de microondas sigue siendo una función diferente.

Conectividad y funciones que conviene distinguir

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La conexión con aplicaciones añade otra capa de uso. En el modelo citado, Samsung permite supervisar funciones mediante SmartThings, con los requisitos de conexión, cuenta y activación que señala el fabricante.

Ese desarrollo apunta a integrar la preparación de alimentos con controles y servicios digitales. Su utilidad dependerá de las tareas que realmente facilite. Una aplicación y un método de cocción cumplen papeles distintos: consultar el equipo desde el teléfono no sustituye la elección del modo adecuado.

La historia reúne varios cambios: el magnetrón desarrollado para radar, el horno comercial de 1947, los intentos domésticos de 1955 y el formato de mesa de 1967. Después llegaron equipos que combinan microondas con otras fuentes de calor. Esa evolución explica por qué un aparato asociado al recalentado también puede incorporar funciones para hornear y dorar.