Aunque hoy día parezca que Occidente tiene la sartén cogida por el mango, Oriente también ha jugado un papel clave en el desarrollo de la humanidad. Hace 5.000 años, en Mesopotamia ―una región que, en la actualidad, equivaldría a Irak y parte de Siria―, surgió la escritura: la palabra se estampó por primera vez sobre un soporte. A juzgar por los textos que se han hallado en bibliotecas como la de Asurbanipal, el material elegido fue el barro. Las tablillas de arcilla estaban repletas de signos grabados con forma de cuña: la escritura cuneiforme, considerada a día de hoy la más antigua de todos los sistemas habidos y por haber. Desde entonces, el ser humano no ha dejado de expresarse por escrito.
Aunque la inmediatez es un factor que podría jugar en contra de la escritura ―se tarda más en teclear un mensaje que en hablar con alguien cara a cara o por teléfono―, hay una generación que prefiere enviar un wasap (la versión moderna del SMS) antes que llamar por teléfono a ese familiar o amigo al que hace tiempo que no vemos. Al respecto, un estudio publicado por Uswith ―un proveedor de energía, Internet y telefonía móvil― sostiene que una cuarta parte de la juventud nunca contesta a las llamadas. Estos cambios en la forma de comunicarnos se perciben especialmente en la generación Z, una tendencia que también recogen medios especializados como Merca2 en su cobertura sobre estilo de vida.
Quienes han nacido entre 1995 y 2010, o 1995 y 2011 (las fechas pueden variar ligeramente según a quién se pregunte), pertenecen a ese grupo social conocido como «generación muda». Este fenómeno, estos cambios en el modo de interactuar con los demás ―sobre todo, desde la invención del primer móvil― han llamado la atención de prestigiosas instituciones académicas como la Universidad de Yale y, en el caso de España, la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: Observatorio de la Infancia y Adolescencia de Andalucía.
Gone with the wind, las palabras se las lleva(ba) el viento
Ciertamente, las palabras se las lleva el viento; menos cuando se dejan por escrito. El primer modelo de teléfono móvil que se diseñó salió al mercado en 1983 de la mano de Motorola. Hubo que esperar bastante tiempo desde aquellas primeras tablillas de arcilla que, 3.000 años antes de Cristo, ya se utilizaban en Mesopotamia para hablar de un aparato como el móvil, que permitiría una comunicación instantánea. El modelo de Motorola ―diseñado por el ingeniero Martin Cooper en los años 70― se convirtió en el dispositivo de la historia desde el que se efectuó la primera llamada mientras se sostenía el teléfono con una sola mano.
Aquel DynaTAC se parecía más a un teléfono fijo grande (con antena incluida) que a un smartphone del siglo XXI. A pesar de sus dimensiones y de no permitir enviar mensajes escritos, supuso una auténtica revolución. Tal fue su auge y el de los prototipos posteriores que el móvil acabó por ser un clásico más en el cine. En apenas un par de décadas, el teléfono móvil como concepto vio su tamaño reducido considerablemente, hasta alcanzar dimensiones como las del Nokia 8110 que Keanu Reeves utilizó en la emblemática «Matrix» de 1999.
A lo largo de todo este tiempo, el móvil ha seguido siendo una herramienta clave de comunicación, también entre personas de mayor edad. Sin embargo, entre los jóvenes de entre 18 y 25 años, las llamadas han pasado a un segundo plano. Algunos, de hecho, asocian directamente una llamada entrante con una mala noticia. Esta curiosa percepción ha sido analizada en distintos estudios recientes y también ha sido recogida por medios especializados como Merca2, que han puesto el foco en cómo están cambiando nuestros hábitos de comunicación.
Generación muda: consumen más información, pero sin llamadas móviles
El artículo compartido por la UCM define a las nuevas generaciones como grupos de jóvenes que consumen la información en menos tiempo, que realizan varias tareas a la vez, que cuentan con una atención que se dispersa fácilmente como consecuencia de un estado permanente de multitarea y que han transformado sus teléfonos «en el refugio, el escudo protector de la timidez, que se avisa con frases como «Llamadas, no» o «Sólo mensajes de texto» en el estado de los perfiles».
En general, los jóvenes consideran que las llamadas pueden interrumpir su rutina (sus quehaceres diarios) y que, además, exigen un tiempo en el aquí y en el ahora que amenaza con echar abajo la planificación que tenían prevista para el día. Por consiguiente, ven las llamadas como una irrupción en la privacidad y una interrupción molesta que conviene evitar.
Recuperar la escritura: el sistema de comunicación predilecto de algunos
En Reddit (un foro online bastante conocido), un usuario preguntó por qué algunas personas prefieren escribir un mensaje en lugar de hablar con alguien por teléfono. De quienes se dieron por aludidos, la mayoría afirmó escribir (y no llamar) por los siguientes motivos:
- Porque la escritura deja tiempo para pensar y para comprobar que el mensaje se ajusta a lo que queremos decir y a la intención con que deseamos decirlo.
- Porque, en relación con lo anterior, escribir ―y revisar lo escrito antes de mandarlo― permite evitar malentendidos que, en una conversación en tiempo real con otra persona, se resolverían difícilmente o, como mínimo, resultarían algo embarazosos.
- Porque así nadie nos interrumpe el discurso. Al contrario, somos dueños de escribir lo que deseemos y cuanto queramos; podemos elegir la extensión del mensaje.
De todos modos, independientemente de las razones particulares de cada uno, hay un argumento en el que los jóvenes parecen coincidir: con las llamadas de teléfono nunca sabes si la otra persona está disponible, si es un buen momento para ella. En cambio, enviar un wasap o un mensaje escrito por Telegram le da más libertad al destinatario, tiene más flexibilidad para escoger cuándo responder.
Por eso, muchos jóvenes sólo llaman por teléfono en caso de emergencia o para dar las noticias más importantes.
La principal razón por la que no cogen el teléfono cuando alguien llama
Definitivamente, la generación Z —también conocida como «generación centennial» (BBVA calcula que, en España, unos 8 millones de jóvenes forman parte de este grupo)— incluye la tecnología en su interacción habitual con los demás. Son jóvenes que se caracterizan por:
- Enviar mensajes escritos en lugar de hablar por teléfono.
- Utilizar WhatsApp tanto para mantener sus relaciones sociales más frecuentes como para conocer gente nueva.
- Encontrar en la «asincronía», como explica el artículo «Hacia la generación muda: Tendencias en el uso de WhatsApp por centennials, millennials y generación X», una importante ventaja que les permite mantener la comunicación con los demás sin interrumpir las actividades diarias.
Además, con las llamadas, la contestación debe ser inmediata. Sin embargo, con un mensaje escrito, el estrés de contestar en el momento desaparece.



























