En Longyearbyen, la localidad habitada más septentrional del planeta, ¡morir está prohibido! Aunque no por las razones que crees, ya que, desde la década de 1950, la legislación local prohíbe los entierros en el archipiélago por una razón biológica y geológica: el permafrost.

Esta capa de suelo permanentemente congelada impide que los cuerpos se descompongan de manera natural, de modo que, lejos de degradarse, los restos orgánicos quedan preservados de forma indefinida, lo que mantiene activos virus y bacterias del pasado, y provoca que los ciclos estacionales de congelación y de deshielo empujen los ataúdes hacia la superficie.

Es por ese motivo que la ley noruega exige que cualquier habitante con una enfermedad terminal o que fallezca repentinamente sea trasladado, de inmediato, a la Noruega continental.

¿Dónde está Longyearbyen y cómo es la vida allí?

Longyearbyen es el centro administrativo del archipiélago de Svalbard, un territorio bajo soberanía de Noruega situado en el océano Ártico. Como está en la isla principal de Spitsbergen, a una latitud de 78° Norte, se encuentra a tan solo 1300 kilómetros del polo norte geográfico, ¡lo que lo convierte en el asentamiento permanente con servicios urbanos más septentrional del planeta!

Desde finales de octubre hasta mediados de febrero, la luz solar desaparece por completo, por lo que el pueblo tiene meses de oscuridad total y temperaturas que descienden, con frecuencia, por debajo de los -20 °C acompañadas de vientos árticos, mientras que, entre abril y agosto, ocurre el fenómeno inverso, con 24 horas continuas de radiación solar diurna. 

¿Te imaginas viviendo en estas condiciones?

Además, no hay carreteras que conecten Longyearbyen con otros núcleos de Svalbard, de modo que el transporte depende, exclusivamente, de motonieves, de embarcaciones en verano o de transporte aéreo.

¿Por qué está «prohibido morir» en Longyearbyen?

Como tal, no está prohibido morir en Svalbard, sino ser enterrado y esta ley se basa en factores geológicos, sanitarios e infraestructurales:

El permafrost y la conservación perpetua

Bajo el suelo de Longyearbyen, yace el permafrost, una capa de tierra, de roca y de hielo permanentemente congelada que puede alcanzar cientos de metros de profundidad. En estas condiciones extremas, la descomposición biológica natural se detiene, pues las bacterias y los microorganismos responsables de degradar la materia orgánica permanecen inactivos por el frío.

Si se sepulta un cuerpo, este no se descompone, sino que ¡se congela y se momifica de forma indefinida!

Además, durante los breves meses de verano, la delgada capa superficial de la tierra se descongela levemente para, luego, volver a congelarse en invierno. Este ciclo continuo de expansión y de contracción del suelo genera un empuje mecánico que tiende a expulsar los objetos enterrados hacia la superficie, lo que hace inviable el mantenimiento físico de un cementerio tradicional.

Nadie quiere ir caminando y encontrarse con un montón de cadáveres saliendo de la tierra, ¿no crees?

El riesgo biológico y la gripe de 1918

La decisión de clausurar el pequeño cementerio local para nuevos entierros se tomó a principios de la década de 1950 tras constatar que los cuerpos enterrados décadas atrás permanecían intactos.

El peligro de esta preservación quedó demostrado en 1998, cuando un equipo internacional de científicos exhumó los restos de siete mineros sepultados en Longyearbyen tras fallecer por la gripe española de 1918 y comprobaron que el permafrost había conservado el material genético del virus en condiciones óptimas para su estudio.

Este hallazgo confirmó que mantener enterramientos en la zona supone un riesgo biológico a largo plazo, ya que cualquier patógeno letal erradicado o dormido podría preservarse en el hielo y resurgir ante eventuales alteraciones del terreno o el deshielo polar.

La falta de infraestructura sanitaria y de cuidados paliativos

Longyearbyen cuenta con un pequeño hospital adscrito al Hospital Universitario del Norte de Noruega, concebido para brindar atención de urgencia primaria, para estabilizar traumatismos propios de actividades extremas y para atender dolencias menores; sin embargo, la localidad carece de unidades de cuidados paliativos, de plantas geriátricas o de personal especializado en tratamientos terminales.

Mantener infraestructuras médicas de alta complejidad para el final de la vida en una población de apenas 2500 personas resulta insostenible desde el punto de vista logístico y clínico; por ello, la legislación noruega estipula que los cuidados de larga duración y el final de la vida deben gestionarse en centros continentales equipados con todos los servicios sanitarios necesarios.

Otras leyes insólitas de Longyearbyen vinculadas al entorno

La crudeza del Ártico y la necesidad de preservar su frágil ecosistema han hecho que las autoridades de Longyearbyen creen leyes prácticamente únicas en el mundo. No ser enterrado aquí no es la única singularidad de este lugar:

Prohibición de tener gatos domésticos

Desde la década de 1990, está formalmente prohibido entrar y tener felinos en Svalbard para proteger la fauna local, en especial, las colonias de aves marinas migratorias que anidan en el suelo durante el verano ártico y carecen de defensas naturales frente a depredadores invasores.

Solo se permiten perros bajo estrictos controles veterinarios y de vacunación contra la rabia.

Obligatoriedad de portar armas de fuego

Fuera del perímetro de seguridad del núcleo urbano de Longyearbyen, la ley exige que cualquier persona porte un arma de fuego de alto calibre (habitualmente, rifles de calibre .30-06 o similar) y medios pirotécnicos disuasorios como bengalas.

Como Svalbard alberga una población de más de 3000 osos polares, se justifica abatirlos como último recurso en legítima defensa; sin embargo, al ser un delito federal, se hacen investigaciones judiciales para determinar si la persona actuó en defensa propia realmente.

Racionamiento mensual de alcohol

Heredada de la época en que Longyearbyen era un asentamiento minero cerrado y las compañías buscaban controlar el consumo entre los trabajadores, se mantiene vigente la tarjeta de racionamiento (alkoholkort).

Debido a esto, los residentes tienen un límite estipulado de compra al mes para cerveza y para bebidas espirituosas, mientras que el vino se comercializa sin tope.

Prohibición de dar a luz

Dado que el hospital local no cuenta con unidad de obstetricia o con incubadoras para neonatos en situaciones de riesgo, las mujeres embarazadas son enviadas a la Noruega continental unas tres semanas antes de la fecha estimada de parto para que den a luz de forma segura.

En este punto, estarás de acuerdo en que Longyearbyen demuestra cómo las condiciones extremas del Ártico nos llevan a crear normas de convivencia únicas y curiosas. En el «pueblo donde está prohibido morir», el permafrost milenario, el riesgo de reactivar patógenos históricos congelados y las limitaciones logísticas para tener un hospital más grande hacen inviables los entierros tradicionales y nos demuestran que, al final del día, debemos adaptarnos a las reglas de la propia naturaleza.