¡El robo de cadáveres de personas famosas y la profanación de sus tumbas no son algo de ficción o de novelas de misterio! Estos han sido delitos reales ejecutados por chantajistas improvisados, por organizaciones criminales y por regímenes políticos.

Rescates económicos, simple fanatismo, venganzas ideológicas o deseos de ocultar símbolos de movilización popular han sido algunas de las razones por las que los cadáveres de figuras conocidas como Charlie Chaplin o Eva Perón fueron robados, pero te contamos más en este artículo.

Aquí, repasaremos los casos de robos de cadáveres más desconcertantes de la historia moderna y te contaremos cómo se resolvieron las investigaciones policiales y qué ocurrió finalmente con los restos de estas personalidades.

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Charlie Chaplin

El 1 de marzo de 1978, dos meses después del fallecimiento, el sepulturero del pequeño cementerio de Corsier-sur-Vevey, a orillas del lago Lemán, descubrió que la fosa donde depositaron los restos de Charlie Chaplin estaba abierta y ¡el féretro de roble macizo de 135 kilos había desaparecido!

Los ladrones fueron Roman Wardas, de origen polaco, y Gantscho Ganev, búlgaro, que tenían problemas de dinero. En plena noche lluviosa, desenterraron el ataúd, lo cargaron en el maletero de una furgoneta y lo ocultaron provisionalmente mientras iniciaban la extorsión.

Los ladrones se pusieron en contacto con Oona O’Neill, la viuda de Chaplin, y exigieron un rescate de 600.000 francos suizos (¡unos 600.000 dólares de la época!) a cambio de la ubicación del cuerpo. La viuda se negó a pagar, asegurando que su esposo «habría encontrado la situación completamente ridícula», por lo que la policía suiza montó una discreta y masiva operación de vigilancia.

Mientras un detective se hacía pasar por el abogado de los Chaplin fingiendo negociar el rescate, intervinieron doscientas cabinas telefónicas repartidas por Lausana y por sus alrededores, y, el 17 de mayo de 1978, once semanas después de la profanación, los agentes atraparon a Wardas en una cabina; poco después, arrestaron a su cómplice.

Ambos confesaron que habían enterrado el ataúd en una zanja profunda dentro de un campo de maíz en la localidad vecina de Noville, cerca del delta del río Ródano. El féretro fue desenterrado intacto y, tras ser recuperado, el cuerpo de Charlie Chaplin regresó a su fosa original en Corsier-sur-Vevey; sin embargo, el ataúd fue sellado dentro de una bóveda subterránea protegida por una losa de 1,8 metros de hormigón armado para que nadie pudiera profanar su tumba nuevamente.

Eva Perón

Tras su fallecimiento por cáncer en 1952, a los 33 años, el cuerpo de Eva Perón fue embalsamado por el anatomista español Pedro Ara, quien logró una preservación casi intacta; sin embargo, tres años después, ¡la momia se convirtió en el botín de guerra de un golpe militar!

En septiembre de 1955, la autodenominada Revolución Libertadora derrocó al presidente Juan Domingo Perón, quien partió al exilio. El nuevo régimen militar consideraba que los restos de Evita podían causar insurrecciones populares, por lo que un comando de la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE) asaltó la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT) donde reposaba el féretro y se lo llevó en un camión militar.

Moori Koenig, quien dirigió la operación, lo trasladó en vehículos militares durante semanas, lo escondió en el ático de una casa particular y, finalmente, ¡lo instaló en su propio despacho militar, disimulado detrás de un biombo!

Para ocultar el cuerpo de forma definitiva, el régimen militar, con la colaboración encubierta de miembros de la Iglesia católica y de la inteligencia vaticana, envió el ataúd hacia Génova en 1957 bajo la identidad falsa de María Maggi de Magistris, una viuda italiana fallecida en el extranjero.

El cuerpo fue enterrado bajo esa lápida anónima en el Cimitero Maggiore de Milán, pero, en 1971, en un intento por negociar una salida electoral y por calmar la tensión social, el dictador Alejandro Agustín Lanusse acordó la devolución de los restos, por lo que el féretro fue entregado a Juan Domingo Perón.

Tras la muerte del propio Perón en 1974, su tercera esposa y entonces presidenta, Isabel Martínez de Perón, repatrió el cuerpo de Evita a Buenos Aires para ser expuesto junto al de su esposo en la Quinta de Olivos; sin embargo, tras el golpe de 1976, la junta militar entregó el cuerpo a las hermanas de Eva.

Para impedir cualquier profanación futura, la tumba del Cementerio de Recoleta fue diseñada como una cámara de seguridad subterránea, donde los restos descansan a cinco metros de profundidad protegidos por compuertas blindadas, por placas de acero y por sistemas de doble cierre.

Alexander Turney Stewart

El millonario comerciante Alexander Turney Stewart protagonizó el primer gran caso mediático de secuestro de restos mortales con fines puramente económicos en Estados Unidos. Considerado el padre de los grandes almacenes modernos y una de las personas más ricas de su época, Stewart falleció en 1876 y fue sepultado en una cripta del histórico cementerio de St. Mark’s-in-the-Bowery, en Nueva York.

En la madrugada del 7 de noviembre de 1878, un grupo de ladrones profesionales forzó la losa subterránea del panteón, rompió el ataúd de cedro y de plomo, y se llevó los restos óseos junto con una placa de plata grabada y unos fragmentos del forro de terciopelo.

Semanas después, ¡Cornelia Stewart, la viuda, recibió una carta anónima donde le pedían 200.000 dólares para recuperar los huesos! Durante más de dos años, la familia y los profanadores se comunicaron a través de anuncios por palabras en el periódico The New York Herald mientras la policía y la famosa agencia de detectives Pinkerton intentaban rastrear a la banda sin éxito.

Desesperada por dar sepultura a su esposo, la viuda decidió ceder y la cifra final se rebajó a 20.000 dólares en efectivo. El intercambio se hizo en un camino rural en mitad de la noche, donde los representantes de la familia entregaron el dinero a unos jinetes enmascarados a cambio de un saco de arpillera con restos óseos.

Cornelia Stewart mandó erigir, en honor a su marido, la Catedral de la Encarnación en Garden City, Long Island, y, en su cripta subterránea, se habilitó un mausoleo fortificado, donde instalaron una campana conectada mecánicamente a la tumba para que sonara en caso de que alguien intentara manipular la estructura.

Robos de cadáveres famosos que no llegaron a completarse

Dos de los casos más sonados de robos de cadáveres en la historia involucraron al presidente más admirado de Estados Unidos y a una de las leyendas del automovilismo mundial:

Abraham Lincoln

La noche de las elecciones presidenciales del 7 de noviembre de 1876, una banda criminal liderada por James Big Jim Kinealy intentó robar el cuerpo de Lincoln del cementerio Oak Ridge de Springfield, Illinois.

Aprovechando que la atención de todo el país estaba en el recuento electoral, dos integrantes entraron en el mausoleo, cortaron el candado de la cerca y levantaron la lápida de mármol del sarcófago. Lo que no sabían era que ¡Lewis Swegles, uno de los colaboradores, era un infiltrado del Servicio Secreto estadounidense!

Al escuchar la señal acordada, los agentes emboscaron a los delincuentes en el interior del recinto y, aunque huyeron en el caos inicial, fueron capturados días después en Chicago y condenados a un año de prisión (la pena máxima prevista en la época, ya que el robo de tumbas no estaba penado como delito grave).

A raíz de este intento, el cuerpo de Lincoln fue ocultado durante años en el sótano del monumento y, en 1901, lo enterraron bajo tres metros de cemento líquido en una jaula de acero reforzado.

Enzo Ferrari

Enzo Ferrari, el magnate italiano fundador de la escudería del Cavallino Rampante, falleció en 1988 y descansaba en el panteón familiar del cementerio monumental de San Cataldo, en Módena.

En marzo de 2017, los Carabineros italianos desarticularon una red criminal de narcotráfico y de tráfico de armas con base en Orgosolo, Cerdeña, y, al intervenir las comunicaciones de la organización, descubrieron que ¡los cabecillas habían planeado el asalto a la tumba de Ferrari!

Varios integrantes de la banda habían realizado visitas previas al camposanto para inspeccionar los accesos, los turnos de vigilancia y el grosor del nicho.

Su objetivo era sustraer el ataúd en una furgoneta, esconderlo en las montañas de los Apeninos y exigir un rescate millonario a la familia Ferrari y al grupo automovilístico, pero la acción policial permitió la detención de más de treinta sospechosos antes de que llegaran a tocar la tumba.

Como ves, lejos de ser anécdotas macabras, estos crímenes obligaron a repensar la seguridad en los cementerios y a transformar el derecho penal para castigar una forma de extorsión bastante morbosa y siniestra.

Hoy, mientras sus legados artísticos, políticos y empresariales siguen vivos en la memoria colectiva, los restos de estas figuras emblemáticas reposan protegidos por las barreras más impenetrables del mundo para evitar que episodios como estos se repitan.