Los despistes han estado presentes en toda la historia y estos pequeños errores humanos han dado lugar a catástrofes tan graves como, por ejemplo,  accidentes aéreos con cientos de muertes. Hoy te contamos una anécdota histórica que se desarrolló por un despiste y que, lamentablemente, tuvo un final muy trágico.

Una anécdota agridulce

Esta anécdota que te relato a continuación se recoge en el libro Morir en África de Luis Miguel Francisco y si bien parece algo irreal, fue tan cierto como que cada uno de los que estamos leyendo ahora mismo el artículo estamos respirando.

La cuestión es que en el año 1921, a finales del mes de julio, en plena guerra, el frente español se encontraba en el norte de África pero se había debilitado debido a la superioridad del enemigo y la cuestión se puso tan seria que se dio la orden de marchar puesto que quedarse era un suicidio.

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El día 22 de julio se dio la orden a las distintas posiciones de este frente de que abandonaran la zona y se retiraran, pero el telegrafista encargado de hacerlo, por despiste, se olvidó de comunicarlo a una de las posiciones que, ante el desconocimiento de lo que sucedía, se quedaron resistiendo en el frente.

El despiste provocó la muerte de muchos hombres

Finalmente el día 23 por fin se le comunicó lo que sucedía a esta posición del frente que estaba al cargo de José Escribano Aguado, pero ya era demasiado tarde.

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Al intentar evacuar el lugar se dieron cuenta que era imposible porque el enemigo ya controlaba toda la zona así que este fue el mensaje que se envió por parte de esta posición:

Es imposible romper el cerco. Tenemos mucho enemigo. Si no pueden venir en nuestro auxilio, sabremos morir cumpliendo con nuestro deber.

Aguantaron allí hasta el día 28, cuando ya no quedaban apenas municiones ni tampoco agua. En ese momento Escribano pacta la rendición con el enemigo, pero cae en una trampa pues el enemigo, que en primera instancia había aceptado la rendición, rompieron el pacto y asesinan a los españoles. Los únicos supervivientes fueron Esteban Garreta Pons y Antonio Tavira Morales.

Un despiste con graves consecuencias.