¿Alguna vez has evitado pasar por debajo de una escalera o has buscado madera para dar tres toques?
Esto es más común de lo que crees, ya que el ser humano está en una búsqueda constante de la buena fortuna o evitando cualquier desgracia; en tu país y ¡en cualquier parte del mundo! Lo que cambia es la forma en que lo hacemos.
Lo que, para ti, puede ser un gesto cotidiano e inofensivo, en la otra punta del mundo, se considera una forma de atraer la tragedia.
Detrás de cada tabú extraño, miedo irracional o ritual extravagante existe una explicación curiosa. Si lo piensas, las supersticiones son como cápsulas del tiempo antropológicas que revelan cómo nuestros antepasados intentaban tomar el control de un mundo impredecible.
Para entenderlo mejor, ponte cómodo y lee este artículo donde hablaremos de las 10 supersticiones más raras del mundo, analizando su contexto histórico, su verdadero significado y el motivo por el cual millones de personas las siguen respetando a día de hoy.
¡Empecemos!
1. Pisar excremento de perro, pero ¡solo con el pie izquierdo!
En la cultura popular francesa, existe la idea de que, si pisas, accidentalmente, un excremento de perro con el pie izquierdo, tendrás buena suerte y prosperidad financiera de forma inminente.
Sin embargo, si cometes el error de pisarlo con el pie derecho, te espera una racha de pésima fortuna.
La asociación con el pie izquierdo tiene raíces culturales antiguas.
En la simbología antigua y medieval, el lado izquierdo, asociado a la palabra latina sinister, se vinculaba al ámbito del azar, de la magia y de lo impredecible, mientras que el lado derecho representaba el orden y la rectitud.
Entonces, transformar un accidente repugnante e inevitable en un «augurio de suerte» si ocurría con el lado siniestro fue una forma de folclore urbano para suavizar el malestar ciudadano, ya que la capital francesa tenía un problema de limpieza en sus aceras debido a la población canina y a la falta de normativas de salubridad.
Dato curioso: en muchas zonas de Europa, se creía que entrar a una casa con la pierna izquierda traía malos augurios, pero este accidente callejero sí se considera de buena suerte.
2. No mastiques chicle de noche o ¡comerás carne de cadáver!
En la tradición popular turca, existe el mito urbano escalofriante de que, si masticas chicle después de que se ponga el sol, se convertirá en la carne podrida de un difunto dentro de tu estómago.
Esta superstición tiene sus raíces en el folclore anatólico y del imperio otomano. En la antigüedad, la noche representaba el dominio de lo paranormal y de los espíritus indeseados.
Entonces, el acto de masticar de noche (ten en cuenta que, en esa época, no había luz eléctrica y todo se escuchaba) producía un chasquido rítmico que se asociaba con rituales profanos o con espíritus hambrientos.
Además, el parecido de la textura elástica del chicle con los tejidos del cuerpo humano hizo que esta superstición se volviera muy popular.
Dato curioso: en algunas zonas rurales de Anatolia, la superstición se extiende a cualquier tipo de golosina o alimento pegajoso consumido a oscuras para evitar «alimentar a los fantasmas».
3. Puedes morir por un ventilador (como lees)
En Corea del Sur, existe una fobia a dormir en una habitación cerrada con un ventilador eléctrico encendido, puesto que muchas personas creen que dejar el aparato funcionando toda la noche puede provocar la muerte por asfixia, por hipotermia o por envenenamiento por dióxido de carbono.
Este fenómeno, conocido localmente como seonpunggi sa, comenzó a gestarse en la década de 1920 con la llegada de los primeros ventiladores durante la ocupación japonesa; sin embargo, el mito se consolidó de forma masiva en la década de 1970.
En plena crisis energética, el gobierno surcoreano promovió campañas de concientización para reducir el gasto de electricidad y los medios de comunicación estatales difundieron advertencias sobre los «peligros nocturnos» de los electrodomésticos.
Incluso, durante décadas, la prensa informaba habitualmente de fallecimientos estivales relacionados (¡de forma errónea!) con el uso de ventiladores.
Dato curioso: la creencia es tan popular que, hasta el día de hoy, la mayoría de los ventiladores vendidos en Corea del Sur vienen equipados con un temporizador de apagado automático como método de seguridad imprescindible.
4. No silbes dentro de casa o ¡te quedarás en la ruina!
En la cultura rusa y en gran parte de Europa del Este, silbar en un espacio cerrado es casi un pecado social. La creencia popular dice que, si silbas dentro de una casa o edificio, estás llamando a la miseria y perderás todo tu dinero de forma repentina.
Esta superstición tiene sus raíces en el folclore eslavo precristiano. Y es que, para las antiguas tribus, el silbido se consideraba el «lenguaje del viento» y un medio de comunicación utilizado por las fuerzas del caos, por los demonios o por los espíritus de la naturaleza.
Por eso, imitar el sonido del viento dentro del hogar equivalía a invitar una tormenta al interior del refugio familiar que hacía desaparecer las riquezas, las provisiones y la buena fortuna de la familia; además, se creía que el silbido irritaba al Domovoy, el espíritu guardián de la casa en la mitología rusa, lo que provocaba que abandonara la vivienda y la dejara desprotegida.
Dato curioso: es una costumbre tan extendida que, incluso en la Rusia moderna, es habitual que alguien te interrumpa inmediatamente con la famosa frase Не свисти — денег не будет (Ne svisti — den’eg ne budet), que significa, literalmente, «No silbes, que no habrá dinero».
5. Esconde los pulgares al ver un coche fúnebre
Si estás caminando por Japón y pasa a tu lado un coche fúnebre (reikyūsha) o te cruzas con una procesión funeraria, la tradición dicta que debes meter, inmediatamente, los dedos pulgares dentro de los puños para ocultarlos de la vista.
De no hacerlo, ¡estarías atrayendo una maldición que provocaría la muerte prematura de tus padres!
El origen de este tabú es un juego de lenguaje, pues, en el idioma japonés, el dedo pulgar se llama oyayubi (親指), término compuesto por dos palabras: oya (padre o madre) y yubi (dedo).
Literalmente, es el «dedo de los padres».
Según la mitología folclórica japonesa y la tradición shintoísta, los espíritus de los difuntos que acaban de abandonar el cuerpo aún vagan cerca del plano terrenal y se creía que el punto de entrada de los espíritus o de las energías impuras (kegare) al cuerpo humano era, precisamente, la punta del dedo pulgar.
Por lo tanto, al dejar al descubierto el «dedo de los padres» ante la presencia de la muerte, estabas dejando el alma de tus progenitores desprotegida frente a la influencia del más allá.
Dato curioso: la costumbre está tan arraigada que muchos niños y adultos japoneses se esconden los pulgares al pasar por delante de un cementerio o de un crematorio.
6. Jamás dejes el bolso o la cartera en el suelo
En Brasil y en gran parte de América Latina, jamás debes dejar un bolso, una mochila o una billetera directamente en el suelo, pues se cree que el dinero «se te escapará» y sufrirás pérdidas económicas imprevisibles.
Esta superstición combina influencias del pensamiento oriental (como las corrientes del Feng Shui que llegaron con las migraciones a Sudamérica) con el folclore iberoamericano tradicional.
En el plano simbólico, el piso representa la energía más baja, la suciedad y el abandono, por lo que dejar sobre él el recipiente de tus riquezas se percibía como una afrenta directa a la prosperidad.
Además, históricamente, en las viviendas y en los comercios coloniales, los suelos eran de tierra batida, húmedos o sucios, por lo que dejar un objeto de valor en el piso facilitaba que las monedas o pertenencias cayeran al fango.
De ahí, nació la famosa sentencia brasileña: Bolsa no chão, dinheiro vai embora (Bolso en el suelo, dinero que se va).
Dato curioso: esta costumbre está tan arraigada en la cultura brasileña que es muy común que restaurantes, bares y oficinas tengan percheros portátiles o banquetas auxiliares junto a las mesas para que las clientas no tengan que poner sus bolsos en el suelo.
7. ¡Nunca regreses directo a casa tras un funeral!
Si asistes a un velatorio o a un entierro en Filipinas, la tradición manda que, antes de cruzar el umbral de tu hogar, estás obligado a hacer una parada intermedia en un lugar público, como un restaurante, una gasolinera o un supermercado.
Esta práctica se conoce como pagpag.
En el idioma tagalo, la palabra pagpag significa, literalmente, «sacudir el polvo o la suciedad». Según el folclore filipino, la muerte no es solo un evento biológico, sino un estado impregnado de una energía espiritual densa y contagiosa.
Se cree que las almas errantes o los espíritus atribulados del fallecido pueden «engancharse» a la ropa o al aura de los asistentes al funeral para seguirlos hasta sus hogares.
Entonces, al hacer una parada previa en un lugar concurrido y ruidoso, el asistente logra «despistar» o «sacudirse» al espíritu, y logra que este se quede extraviado en el lugar público y no rompa la paz ni la protección del hogar familiar.
Dato curioso: gracias a esta costumbre, las tiendas de conveniencia de 24 horas y los restaurantes de comida rápida en Filipinas son frecuentados de madrugada por personas vestidas de luto que solo van a comprar un café o un snack rápido para cumplir con la tradición del pagpag.
8. Nunca brindes con agua o ¡estarás deseando la muerte!
Si, alguna vez, estás en Alemania y te proponen un brindis, asegúrate de tener cualquier cosa en la copa excepto agua. La superstición advierte que, si chocas los vasos y brindas con agua, en realidad, le estás deseando la muerte a la persona con la que brindas y a ti mismo también.
Según las leyendas griegas, cuando los muertos llegaban al Inframundo (el Hades), debían beber del río Lete. Beber esta agua les hacía olvidar su vida terrenal y su pasado, de modo que brindar con agua se convirtió en un acto simbólico reservado, exclusivamente, para honrar a los difuntos o para despedirse de los muertos.
Más adelante, en la Europa medieval, esta creencia se reforzó por cuestiones de salud pública, pues el agua solía estar contaminada y era una fuente común de enfermedades letales como el cólera o la disentería.
Las bebidas fermentadas como el vino, la cerveza o la hidromiel eran mucho más seguras, por lo que brindar con ellas era literalmente desear «salud», mientras que levantar una copa de agua era casi una condena de enfermedad.
Dato curioso: esta superstición es tan internacional que, incluso, la Marina de los Estados Unidos tiene una estricta regla protocolaria que prohíbe brindar con agua en las cenas oficiales, ya que se considera un augurio de que un marinero morirá ahogado.
9. No abras y cierres tijeras al aire, o ¡crearás conflicto!
En Egipto y en varios países del norte de África, existe la firme creencia de que chasquear unas tijeras repetidamente en el aire sin estar cortando nada atrae una racha de mala suerte.
Incluso, si dejas las tijeras abiertas sobre una mesa, estás invocando una fuerte discusión familiar o la ruptura de una amistad. No sabemos qué es peor.
Esta superstición se basa en que, dentro del folclore de Oriente Medio, el acto de «cortar el aire» de forma repetida simbolizaba, metafóricamente, cercenar los lazos invisibles de la paz, del amor y de la armonía en la casa.
Dato curioso: en el propio folclore egipcio, colocar unas tijeras cerradas debajo de la almohada de alguien se creía que «cortaba» los malos sueños y ahuyentaba las pesadillas, lo que es bastante irónico.
10. Hay que evitar el número 17
En Italia, ¡el auténtico rey de la mala suerte es el número 17! De hecho, un viernes 17 (Venerdì 17) es, para los italianos, el equivalente a un viernes 13 en otros países; es decir, un día en el que es mejor no tomar decisiones importantes ni emprender viajes.
El rechazo al número 17 tiene más de dos mil años de antigüedad y se debe a un anagrama en números romanos.
El número 17 se escribe en romanos como XVII y, si reordenas esas mismas letras, obtienes la palabra latina VIXI.
En el Imperio Romano y durante la Edad Media, VIXI se traducía, literalmente, como «He vivido», un eufemismo clásico utilizado en las lápidas romanas que equivalía a decir «Mi vida ha terminado» o «Estoy muerto».
Por si fuera poco, en el Antiguo Testamento, el Gran Diluvio Universal comenzó el día 17 del segundo mes, lo que reforzó, en el imaginario colectivo italiano, la idea de que este número presagiaba catástrofes y destrucción.
Dato curioso: la fobia al 17 es tan seria en Italia que la antigua aerolínea nacional (Alitalia) no tenía fila 17 en sus aviones y el fabricante de coches francés Renault tuvo que vender su modelo «Renault 17» en Italia bajo el nombre de «Renault 177».
Sean reales o no, estas supersticiones raras son la prueba de que lo que más queremos es proteger a quienes amamos y atraer un poquito de buena fortuna a nuestras vidas.
Además, ¡¿para qué arriesgarse?! Es mejor seguirlas al pie de la letra y no tentar al destino.
























