El clima global está fuertemente regulado por el fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), que es la principal fuente de variabilidad climática interanual en la tierra.

El ENOS es un sistema acoplado en el cual las fluctuaciones de temperatura en las aguas del Océano Pacífico ecuatorial modifican, directamente, la presión atmosférica y los patrones de viento a escala planetaria.

Este ciclo se compone de tres estados o fases principales:

  • El Niño (fase cálida): se caracteriza por un calentamiento anómalo de la superficie del mar en el Pacífico central y oriental.
  • La Niña (fase fría): ocurre cuando las aguas superficiales de esa misma región se enfrían más de lo habitual.
  • Fase neutra: es un período de transición en el que las temperaturas marinas y los vientos alisios se mantienen en sus promedios históricos.

La dinámica del ENOS ha sido estudiada y documentada por siglos; gracias a ello, se han podido prever eventos meteorológicos extremos, proteger las cadenas de suministro de alimentos, gestionar los recursos hídricos y reducir las vulnerabilidades socioeconómicas globales.

¿Qué es el fenómeno de El Niño?

El nombre «El Niño» fue acuñado, originalmente, por pescadores del norte de Perú en el siglo XIX cuando notaron que, cada cierto tiempo y cerca de la festividad de Navidad, las aguas frías del océano se calentaban de forma inusual. Esto provocaba una disminución drástica en las capturas de peces.

En términos meteorológicos, este fenómeno consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial central y oriental, y, para entender su funcionamiento, hay que observar tres cambios interconectados:

  • Calentamiento de las aguas superficiales. Las temperaturas del agua del Pacífico aumentan, sustancialmente, por encima del promedio histórico (al menos, entre 0,5 y más de 2 °C en eventos intensos).
  • Debilitamiento de los vientos alisios. Los vientos que, habitualmente, soplan de este a oeste pierden fuerza o cambian de sentido, lo que hace que las masas de agua cálida se acumulen en las costas de América del Sur.
  • Alteración global de las precipitaciones. La evaporación masiva de agua cálida desplaza las bandas de lluvia y genera precipitaciones intensas e inundaciones en la costa occidental de las Américas, y sequías severas en Oceanía, en el sudeste asiático y en zonas del sur de África.

El Niño es un evento interanual e irregular que suele comenzar a desarrollarse entre abril y junio, alcanzar su punto máximo durante el invierno del hemisferio norte (diciembre a febrero) y comenzar a disiparse hacia la primavera siguiente.

De hecho, se manifiesta de forma cíclica e irregular, reapareciendo cada 2 a 7 años, y cada episodio dura entre 9 y 12 meses; sin embargo, algunos eventos particularmente intensos se han extendido hasta por dos años.

¿Qué es el fenómeno de La Niña?

La Niña se produce cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central y oriental descienden de manera sostenida por debajo de sus promedios históricos.

Mientras que El Niño acumula calor en la superficie marina y provoca sequías en el oeste y lluvias en el este, La Niña profundiza el enfriamiento e invierte este comportamiento hidrológico:

  • Enfriamiento de la superficie del océano. Se registra una bajada de la temperatura media del agua en el Pacífico de entre 0,5 y más de 1,5 °C respecto a los valores de referencia.
  • Intensificación de los vientos alisios. Los vientos que soplan de este a oeste cobran mayor fuerza y arrastran la capa superficial de agua templada hacia el extremo occidental del Pacífico (Oceanía y el sudeste asiático), lo que permite la afloración de aguas muy frías y profundas en las costas de América del Sur.
  • Mayor actividad de huracanes en el Atlántico. Al cambiar la estructura de los vientos en la alta atmósfera, se reduce la cizalladura vertical del viento en la cuenca atlántica, lo que facilita la formación y el desarrollo de tormentas tropicales y huracanes más intensos.
  • Patrones climáticos extremos. Se asocia a precipitaciones superiores a lo normal en Australia, en Indonesia y en la cuenca del Amazonas, y a condiciones áridas y sequías prolongadas en el Cuerno de África, en el sur de los Estados Unidos y en partes de Argentina y de Chile.

Consecuencias e impactos globales y regionales de El Niño y de La Niña

Impacto en la agricultura y en la seguridad alimentaria

La alteración de los patrones normales de lluvia desequilibra los ciclos agrícolas globales, lo que provoca:

  • Sequías prolongadas. Durante El Niño, la falta de lluvias en áreas clave de producción agrícola como el sudeste asiático, Australia y partes de América Latina reduce el rendimiento de cultivos como el arroz, el maíz, el café y el azúcar.
  • Inundaciones y erosión. En contraste, el exceso de precipitaciones en regiones de la costa oeste del continente americano daña cosechas, degrada tierras fértiles y destruye la infraestructura de transporte agrícola.

Efectos en los ecosistemas marinos y en la pesca

El impacto bajo el mar es directo e inmediato, ya que:

  • El calentamiento de la superficie impide que las corrientes profundas y ricas en nutrientes salgan a la superficie (surgencia); entonces, sin fitoplancton, las especies comerciales migran o mueren, lo que afecta la industria pesquera.
  • Al intensificarse los vientos durante La Niña, el agua fría rica en nutrientes emerge con fuerza, restaura la fauna marina e impulsa, temporalmente, la productividad pesquera.
  • El estrés térmico prolongado destruye los arrecifes de coral, que son ecosistemas esenciales para la biodiversidad marina y para la protección costera.

Eventos meteorológicos extremos

Las alteraciones térmicas y atmosféricas incrementan la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos, como:

  • Olas de calor e incendios forestales. La combinación de altas temperaturas y de vegetación seca propicia incendios en zonas del sur de Europa, en Australia y en la Amazonía.
  • Ciclones y tormentas tropicales. La distribución del calor altera las rutas de las tormentas, un fenómeno que altera las temporadas habituales de huracanes en el Atlántico y en el Pacífico.

¿Cómo nos afectan hoy El Niño y La Niña?

Uno de los descubrimientos y patrones consolidados hacia 2026 es que la línea de base del planeta ha cambiado. Esto implica que un evento cálido de intensidad moderada puede generar registros de temperatura récord que superan a los eventos extremos de décadas pasadas.

Además, las fases frías de La Niña, aunque moderan, temporalmente, el promedio de temperatura global, ya no contrarrestan del todo las tendencias de fondo; por eso, se siguen observando olas de calor locales y temperaturas marinas inusualmente elevadas en otras cuencas oceánicas.

Por otro lado, productos como el aceite de oliva, el arroz, el cacao o el café experimentan reajustes frecuentes de precio según el régimen de precipitaciones en los países exportadores.

Ciudades de América Latina y del sur de Europa, y partes de Estados Unidos han tenido que integrar sistemas de gestión hídrica de precisión. El llenado de embalses durante las fases húmedas y las restricciones preventivas en períodos secos se han vuelto habituales para prevenir crisis de desabastecimiento.

Incluso, la demanda energética ha cambiado sus picos históricos, pues el uso intensivo de aire acondicionado en períodos de calor extremo por la alteración térmica mundial pone a prueba la estabilidad de las redes de distribución, lo que exige una mayor integración de energías renovables con almacenamiento.

En definitiva, estos fenómenos deben analizarse en estrecha relación con las tendencias térmicas globales.

Lo interesante es que prever sus efectos y comprender su funcionamiento permite a los gobiernos tomar decisiones de infraestructura y de seguridad alimentaria, y capacitar a la sociedad para adaptarse mejor a las transformaciones del entorno cotidiano.