La fosa de las Marianas se encuentra en el océano Pacífico occidental, al este de las islas Marianas, y, a simple vista en un mapa, podría parecer solo una arruga más en el fondo del mar; sin embargo, ¡sus proporciones son casi inimaginables!
Para que te hagas una idea real de lo profunda que es, podemos compararla con el monte Everest, la montaña más grande del mundo.
Si arrancas el monte Everest, que mide unos 8848 metros, y lo dejas caer justo en el punto más profundo de la fosa. ¡su cumbre quedaría a más de 2 kilómetros por debajo del agua! Básicamente, la montaña ni siquiera vería la superficie.
Además, estar ahí abajo es literalmente entrar en otro mundo oscuro, helado y lleno de misterios que, apenas, los científicos están comenzando a descifrar.
¿Quieres saber más? Lee este artículo donde te contaremos algunos misterios y curiosidades de la fosa de las Marianas que te dejarán con la boca abierta.
1. La fosa de las Marianas se formó por un choque de placas submarinas
La fosa de las Marianas es una grieta gigantesca en forma de media luna que se extiende por 2500 kilómetros de largo y por 69 kilómetros de ancho, y se formó porque la corteza del océano Pacífico es una de las más antiguas y pesadas de la Tierra (¡tiene 180 millones de años de antigüedad!).
Al chocar contra la placa de las Marianas, que es más joven y ligera, la densidad del océano Pacífico la obliga a doblarse y a hincarse hacia el manto terrestre a un ritmo de unos 3 a 4 centímetros al año.
Este choque creó la fosa y originó una cadena volcánica submarina activa a lo largo de todo el borde.
2. El sector más profundo se llama el Abismo de Challenger
El sector más profundo de la fosa de las Marianas se llama Abismo de Challenger y toca fondo a 10.994 metros. Ese nombre rinde homenaje a la expedición británica del HMS Challenger de 1875, que calculó la profundidad por primera vez lanzando kilómetros de cuerda con pesas de plomo.
Los mapas de sonar actuales revelan que este abismo es una depresión alargada compuesta por tres cuencas o pozos principales (oriental, central y occidental) que se extienden a lo largo de 100 kilómetros.
3. Las condiciones en la fosa de las Marianas son superextremas
- Presión aplastante. A casi 11.000 metros de profundidad, la presión hidrostática alcanza unos 1086 bares (unas 1071 atmósferas). Esta fuerza es tan grande que logra comprimir las moléculas de agua y hace que el agua en el fondo sea un 5 % más densa que en la superficie.
- Oscuridad absoluta. La luz del sol se extingue, casi por completo, a los 200 metros (zona fótica) y desaparece al 100 % a los 1000 metros. De los 10.000 metros hacia abajo, la penumbra es total y la única luz existente proviene de la bioluminiscencia animal.
- Temperatura e hidrotermia. El agua del fondo se mantiene congelada en un rango de 1 °C a 4 °C; sin embargo, a pesar de bordear el punto de congelación, la columna de agua no se solidifica debido a su salinidad y a la compresión extrema.
4. La primera medición se hizo en el año 1875
La expedición oceanográfica británica a bordo del HMS Challenger fue la primera en detectar esta fosa usando el método clásico: lanzaron una cuerda de cáñamo con pesas de plomo al fondo de varios metros de longitud.
En su primer registro, midieron una profundidad de 8184 metros, aunque, hoy, sabemos que es mucho más profunda.
Como ya sabes, esta expedición del siglo XIX bautizó, para siempre, el rincón más hondo del planeta como el «Abismo de Challenger».
5. El primer descenso a la fosa de las Marianas se hizo en 1960
El 23 de enero de 1960, el teniente de la Marina de los Estados Unidos Don Walsh y el ingeniero suizo Jacques Piccard se convirtieron en los primeros seres humanos en tocar fondo a bordo del batiscafo Trieste.
Este vehículo era una especie de globo aerostático inverso que ¡usaba 85.000 litros de gasolina para flotar y perdigones de hierro como lastre para hundirse!
Durante el descenso, que duró casi 5 horas, y a los 9000 metros de profundidad, uno de los paneles exteriores de plexiglás de la ventana se agrietó por la presión, y, a pesar del susto, decidieron continuar.
Lograron estar, apenas, 20 minutos en el fondo levantando una nube de sedimento, pero demostraron que había vida (vieron lo que describieron como un pez plano) incluso a esas presiones.
6. El director James Cameron hizo otro descenso en 2012
A bordo del Deepsea Challenger, James Cameron realizó la primera inmersión en solitario de la historia. El sumergible estaba diseñado para descender verticalmente, girando como un torpedo o una bala, lo que redujo el tiempo de caída a poco más de dos horas.
El director pasó casi tres horas en el fondo a 10.908 metros, grabó imágenes en 3D de alta resolución y recogió decenas de muestras biológicas y geológicas que descubrieron docenas de nuevas especies de microorganismos.
7. El explorador Victor Vescovo rompió el récord de descensos a la fosa de las Marianas
El millonario y explorador Victor Vescovo llevó la exploración un paso más allá con el DSV Limiting Factor, ¡un sumergible de titanio de última generación!
En 2019, el explorador batió el récord descendiendo a 10.928 metros y lo hizo varias veces en una misma semana, demostrando que la tecnología por fin permitía visitas frecuentes.
Actualmente, la empresa Eyos Expeditions incluso ofrece a civiles (que puedan pagarlo) la oportunidad de descender a la fosa.
8. La fauna marina ha evolucionado para adaptarse a este entorno
Sin luz solar para la fotosíntesis y bajo presiones capaces de pulverizar huesos, las criaturas que habitan los estratos más profundos carecen de estructuras óseas rígidas y han desarrollado adaptaciones bioquímicas únicas:
- Pez caracol de las Marianas (Pseudoliparis swirei), el vertebrado vivo registrado a mayor profundidad (visto cerca de los 8000 metros). Es un pez rosado, casi transparente, que carece de escamas y, para evitar que la presión aplaste sus estructuras celulares, acumula, en sus tejidos, altas dosis de óxido de trimetilamina (TMAO), un compuesto que protege a las proteínas de deformarse bajo estrés hidrostático.
- Anfípodos gigantes (Alicella gigantea). Son crustáceos similares a gambas que alcanzan hasta 30 centímetros en el fondo. Este fenómeno se conoce como gigantismo abisal y les permite almacenar más reservas térmicas y de energía en un entorno donde la comida escasea.
- Xenofióforos. Son organismos unicelulares gigantescos que pueden medir más de 10 centímetros de ancho. En la práctica, son amebas gigantes compuestas de sedimentos y de minerales aglomerados que absorben plomo, titanio y mercurio del entorno.
9. La fosa de las Marianas tiene sus propios volcanes
En la zona del arco volcánico de las Marianas, existen manantiales hidrotermales con condiciones extremas que parecen sacados de una película de ciencia ficción:
- El volcán submarino Daikoku. Alberga un estanque de azufre líquido hirviendo a más de 400 metros de profundidad, una rareza geológica que ¡solo se ha observado en Io, la luna volcánica de Júpiter!
- La fuente «Champagne». Es un manantial hidrotermal que expulsa burbujas de dióxido de carbono líquido a casi 1600 metros de profundidad por la combinación de alta presión y de bajas temperaturas.
¿Sabías que…? Alrededor de estas chimeneas hidrotermales, no existe la fotosíntesis, de modo que la cadena alimentaria se basa en bacterias extremófilas que metabolizan el sulfuro de hidrógeno y el metano procedentes del interior de la Tierra, y sirven de alimento a comunidades de gusanos tubo y de cangrejos ciegos.
10. Los desechos humanos han llegado a 11.000 metros de profundidad (WTF!)
Durante su inmersión en 2019, Victor Vescovo identificó una bolsa de plástico y envoltorios de caramelos reposando en el fondo del Abismo de Challenger.
Además, estudios de laboratorio en anfípodos capturados en las profundidades revelaron concentraciones altas de bifenilos policlorados (PCB), productos químicos industriales prohibidos hace décadas.
Debido a que la materia orgánica que cae al fondo tarda siglos en descomponerse, los tóxicos se concentran en la fauna abisal en niveles hasta 50 veces superiores a los de especies que viven en ríos altamente industrializados.
En definitiva ¡la fosa de las Marianas es el laboratorio de evolución más extremo del planeta! Y, claro, un lugar lleno de curiosidades y de misterios.
Las bacterias y los organismos que viven en el Abismo de Challenger poseen enzimas adaptadas a presiones destructivas que la industria biotecnológica y la médica estudian para desarrollar nuevos fármacos, para conservar tejidos y para sintetizar materiales ultraresistentes.
Además, comprender su dinámica de subducción es clave para entender cómo la tierra recicla su propia corteza y cómo se generan los grandes terremotos del Pacífico.
Sabiendo que la presión podría aplastar un sumergible si algo falla y estarías en una oscuridad total a 11.000 metros de la superficie, ¿aceptarías la aventura o preferirías ver las fotos desde el sillón si te ofrecieran un boleto gratis para descender al Abismo de Challenger?

























