Un asesino en serie es juzgado por sus crímenes y, mientras la prensa hace una cobertura del juicio y de la condena, a la prisión, llegan docenas de cartas de amor, de propuestas de matrimonio y de regalos de admiradoras; tal y como ha ocurrido con criminales muy conocidos como Ted Bundy o Richard Ramirez.
A esta atracción romántica o sexual hacia personas que han cometido delitos, crímenes o actos peligrosos se le conoce como hibristofilia, un término curioso que esconde una de las facetas más enigmáticas de la psicología humana.
En este artículo, descubriremos qué hay, realmente, detrás de la hibristofilia, cuáles son las principales causas que la desencadenan y qué rasgos comparten las personas que la experimentan, y repasaremos los casos reales más famosos de la historia.
¡Sigue leyendo!
¿Qué es la hibristofilia?
En los últimos años, los documentales sobre crímenes reales, los podcasts de true crime y las series sobre asesinos se han vuelto muy populares y, a casi todos, nos da curiosidad saber cómo funciona la mente de un criminal o qué hay detrás de un gran enigma policial; sin embargo, ¡sentir curiosidad no es lo mismo que sentir atracción!
La hibristofilia ocurre cuando ese interés cruza una frontera y se convierte en una fascinación romántica, afectiva o sexual hacia alguien que ha cometido un delito grave, como robos a gran escala, agresiones o asesinatos.
En la cultura popular, también, se le conoce, de forma más cercana, como el síndrome de Bonnie y Clyde, en honor a la famosa pareja de fugitivos de los años 30 que se convirtió en una leyenda de amor y crimen.
Además, la hibristofilia suele dividirse en dos grandes grupos:
- La versión pasiva. La persona se enamora del criminal a distancia, enviándole cartas a prisión, coleccionando sus fotos o defendiéndolo en redes, pero jamás participa en ningún delito ni busca un contacto peligroso cara a cara.
- La versión activa. En este caso, la persona siente atracción y, por eso, se involucra activamente con el criminal, ayudándole a ocultarse, a planear nuevos delitos o, incluso, participando en sus actos.
Causas de la hibristofilia
El «efecto salvador»
Uno de los motores más potentes detrás de la hibristofilia es la firme convicción de que «el poder del amor lo cura todo».
Muchas personas se acercan a un criminal convencidas de que, en el fondo, solo es un alma incomprendida o una víctima de circunstancias trágicas de su infancia, por lo que surge un deseo casi heroico de cuidarlo, de rehabilitarlo y de demostrarle al mundo que, con la atención adecuada, puede volver a ser «bueno».
La pareja idealizada
Al no existir la convivencia diaria, el reparto de tareas del hogar ni las discusiones financieras, la relación se libra, por completo, de la monotonía cotidiana.
El vínculo se construye mediante cartas apasionadas, llamadas programadas y visitas periódicas, lo que permite a la persona enamorada proyectar, en el criminal, todas sus fantasías románticas e idealizarlo sin el choque con la realidad.
La sed de protagonismo y la atención mediática
Los grandes crímenes suelen acaparar portadas de periódicos, programas de televisión y debates en redes sociales y, para personas con un alto deseo de notoriedad o que sienten que llevan una vida ordinaria, ¡convertirse en la pareja del «malo de la película» les hace famosos!
Compartir el foco mediático, dar entrevistas o ser defensora de una causa controvertida les otorga una sensación de importancia y de atención que difícilmente obtendrían de otra manera.
La atracción por el poder y la búsqueda de protección
A nivel inconsciente, la violencia, la dominación o la audacia criminal pueden llegar a confundirse con liderazgo, con fuerza y con seguridad.
Para quienes experimentan este tipo de atracción, estar al lado de un individuo temido por la sociedad genera un extraño sentimiento de inmunidad, pues si la persona más peligrosa del entorno está de tu lado y te ama, nadie podrá hacerte daño.
¿Cómo son las personas que experimentan hibristofilia?
Empatía extrema o mal canalizada
Suelen ser personas profundamente sensibles que tienden a ponerse, de forma excesiva, en el lugar del otro; sin embargo, esta empatía funciona como un arma de doble filo, ya que justifican las acciones horribles del criminal centrándose, únicamente, en su dolor, en su infancia difícil o en su supuesta vulnerabilidad.
Esto los lleva a minimizar o a ignorar, por completo, el daño causado a las víctimas.
Necesidad de emociones fuertes y de drama
El aburrimiento o la monotonía en las relaciones convencionales no encaja con su estilo de vida y buscan, conscientemente, vínculos intensos, llenos de giros dramáticos, de secretos, de cartas esperadas con ansia o de visitas a prisión rodeadas de medidas de seguridad.
Para estas personas, ¡el riesgo y la incertidumbre actúan como un potente motor emocional!
Tendencia a la fantasía y baja autoestima
A menudo, presentan una marcada inclinación a vivir en un mundo de ideas más que de hechos reales; además, la baja autoestima puede llevarlas a creer que no son merecedoras de un amor maduro o recíproco en el mundo exterior, o a buscar la validación personal a través del sacrificio heroico de estar al lado de alguien a quien la sociedad ha rechazado por completo.
Antecedentes de relaciones complejas o de vulnerabilidad
En muchos casos, existen historias previas de relaciones familiares o amorosas complicadas, caracterizadas por el desapego, por la falta de afecto o por las dinámicas de codependencia.
Esto favorece que perciban los vínculos intensos y asimétricos, donde una parte depende enteramente de la otra desde una celda, como un entorno «seguro» o conocido.
Casos famosos que popularizaron la hibristofilia
Aunque este fenómeno ha existido siempre, algunos casos mediáticos de las últimas décadas han hecho que más y más personas lo conozcan:
- Ted Bundy. Durante su juicio en los años 70, las primeras filas de la sala se llenaban de jóvenes vestidas como sus víctimas; además, llegó a recibir cientos de cartas de amor en prisión y se casó con una de sus admiradoras mientras estaba encarcelado.
- Richard Ramirez, El acosador nocturno. A pesar de la brutalidad de sus crímenes, el asesino en serie de Los Ángeles despertó una masa de seguidoras y una de ellas le envió más de 75 cartas a prisión hasta que, finalmente, se casaron tras las rejas en 1996.
- Bonnie y Clyde. En la década de 1930, la prensa romantizó tanto su huida que pasaron de ser criminales buscados a figuras legendarias de devoción y de rebeldía.
En definitiva, la hibristofilia nos demuestra que los caminos del «amor» pueden ser muy complejos. Más allá del morbo o de lo insólito de estos casos, este fenómeno deja, al descubierto, nuestra fascinación colectiva por el peligro, por la necesidad de atención y por el deseo de encontrar redención donde otros solo ven oscuridad.
Al final, ¡la línea entre la simple curiosidad por el misterio y una atracción que rompe con la lógica social sigue siendo uno de los enigmas más fascinantes de la mente humana!
Y ¿tú qué opinas?
¿Habías oído hablar de la hibristofilia antes de leer este artículo? ¿Crees que las redes sociales o los documentales de true crime han aumentado la fascinación por estos personajes?


























