Es un tema doloroso, duro, feo. Y además tan extendido que hay organizaciones mundiales dedicadas a ayudar a estas niñas y mujeres víctimas del concepto cultural de “honor familiar”. Aunque a veces también los hombres se ven sometidos a ese concepto al tener una relación homosexual o ser el amante de la víctima. Profundicemos un poquito en esto.

Asesinatos de honor, lo que sufren las mujeres en algunas culturas

Los crímenes de honor, o asesinatos por honor, son los homicidios perpetrados por uno o varios miembros de la propia familia de la víctima. Este asesinato es para “restablecer la honra” que, de acuerdo a las normas culturales, la víctima ha manchado o perdido.

En muchos países se practica bajo el amparo de las leyes, y las mujeres suelen ser casi siempre el objetivo. Es muy fácil para una mujer romper con esas reglas: ser violada, negarse a contraer un matrimonio forzado, mantener una relación con alguien no aceptado por la familia, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, o hasta vestirse de forma inapropiada.

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No deben confundirse con otros tipos de feminicidios, como son los crímenes de género. Los de honor son cometidos por los varones de la familia contra aquellas mujeres que se considera han llevado el deshonor a su casa. Human Rights Watch dice al respecto:

“Los crímenes de honor son una clara violación a los derechos humanos, los gobiernos están obligados a proteger a las mujeres de estos delitos. Aun así, en muchos países, los crímenes de honor son tolerados ya sea a través de la inacción del gobierno o defendidos como legítimas prácticas culturales”.

Las causas son amplísimas: además de las ya mencionadas, también se es merecedora de muerte si cruza las barreras sociales, o si se involucra públicamente con otras comunidades, o si se adoptan distintas costumbres o religiones. Así, por poner un ejemplo, se han registrado casos en los que hombres y niños inmigrantes –en determinados países de Europa–, de bajo estatus social, demuestran el dominio patriarcal participando en crímenes de honor contra las mujeres de una familia que haya actuado públicamente en políticas de integración feminista.

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El hecho de considerar ciertos comportamientos como una afrenta deshonrosa hace que quienes cometen estos asesinatos frecuentemente queden impunes, y la comunidad los respalda porque el “cobrarse la honra” es suficiente justificación.

Lo grave del asunto es que es muy difícil calcular o determinar si efectivamente hay asesinatos de esta naturaleza, ya que en la mayoría de los países no hay sistematización en la recolección de datos relativos a estos delitos, y muchos de ellos se reportan como suicidios o accidentes.

Es común asociar estos homicidios con el Medio Oriente y Asia del sur, pero en verdad suceden en todo el mundo. Para el año 2000, las cifras que tenían las Naciones Unidas eran de 5.000 víctimas anuales, pero admite que las organizaciones y grupos de defensa de las mujeres manejan otras, alrededor de 20.000, y quizá más.

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Muchas veces, el asesinato no es el único crimen de honor, se han registrado miles de casos de ataques con ácido, mutilaciones, golpes y secuestros. Y como el hombre es considerado dueño de la mujer, es natural que haga lo que quiera con su propiedad y no sea casi nunca castigado.

Una de las maneras de “educar” a los niños de estas culturas es ponerlos a ellos a vigilar a sus madres, hermanas, primas u otras mujeres de la familia, y encargarse de que éstas no hagan nada que manche el honor y la reputación familiares. Muchas veces son ellos los encargados de castigarlas, y si se niegan pueden sufrir en carne propia el escarnio y los castigos severos, pues serían cómplices del deshonor.

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Los países en los que estos crímenes son más notables y públicos son Pakistán, Somalia, Jordania, Egipto, el Kurdistán iraquí y Turquía, y parte de la India con predominancia hinduista. Como vemos, casi todos musulmanes, aunque no sea justo asociar automáticamente estos asesinatos con el islamismo. Los musulmanes dicen que esta práctica no forma parte de su religión, y que son crímenes culturales, no religiosos, enfatizando en la necesidad de distinguir unos de otros.

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De hecho, hace muy poco una organización activista sin fines de lucro, Avaaz.org, ha lanzado una campaña mundial denunciando un intento de asesinato de una chica que se atrevió a casarse con el hombre que quería. Su mismo padre le dio un disparo en la cabeza, metió el cuerpo en una bolsa y lo tiró al río, y por supuesto quedó impune porque en Pakistán la ley permite el asesinato por honor. Pero la chica quedó viva, y un documental, realizado por una pakistaní y recientemente nominado al Oscar, recoge su historia, que es parecida a la de millones de mujeres. Si quieres formar parte de esta campaña, pincha aquí.

Esto es un triunfo, pequeño, pero que puede impulsar el cambio de la ley y castigar a quienes todos los días maltratan, vejan y asesinan a sus madres, esposas, hijas y hermanas. Para terminar, queremos dejar una frase de Hillary Clinton cuando fue Primera Dama, en una visita a China: «Los derechos de la mujer son derechos humanos».

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