Blas de Lezo ha sido una de las figuras más importantes de toda la Historia de España. No obstante, por motivos poco justos, la Historia a veces acaba olvidando a sus héroes. Por eso hoy queremos hacer un homenaje a este valiente hombre que dedicó toda su vida a defender el Imperio.

¿Quién fue Blas de Lezo? El valiente hombre que salvó el imperio español

Pero si hoy preguntáramos a la mayoría de los españoles quién fue Blas de Lezo, pocos serían los que realmente sabrían respondernos; a otros les sonaría tristemente este nombre en referencia a la nomenclatura dada a algunas calles españolas que lo homenajean; otros muchos, ni siquiera sabrían responder. Y es que desafortunadamente, Blas de Lezo, aquel marino que en 1741 defendió con uñas y dientes un imperio que fácilmente podía haber caído en manos inglesas, es hoy una figura totalmente desconocida para la mayoría de los españoles a pesar de ser uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada.

A mediados del siglo XVIII Gran Bretaña organizaría un titánico plan mediante el que pretendía hacerse con todo el territorio del Imperio español en América. Todo ello acompañado por un impresionante despliegue militar prácticamente imparable. Una flota que contaba para el desembarco en Cartagena de Indias con la agrupación de barcos más grande que hasta el momento había podido ser vista surcando los mares: 2.000 cañones, 186 buques y 23.600 hombres que con creces superaba a la Gran Armada de Felipe II que contaba con poco menos de 3.000 hombres aproximadamente. Una inferioridad de 8:1 en hombres y naves de guerra y de 3:1 en artillería.

Se trata pues de una victoria con méritos poco previsibles que acabaría por asegurar las posesiones españolas hasta el gran debacle de Trafalgar. Derrota que, incluso en la actualidad, sigue sin ser reconocida por Gran Bretaña. Y una humillación que llevó a las tropas inglesas a ocultar las monedas y medallas grabadas para una esperada victoria que nunca llegaría. Es más, el rey Jorge II prohibiría entonces tajantemente hablar de ello o plasmar la historia por escrito, como si de esta forma pudiera borrarse de la memoria. Y por si esta humillación se hubiera quedado corta, Lezo se atrevería también, en un alarde por minar aún más la moral inglesa, a pronunciar la inmortal frase:

“Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir.”

Desgraciadamente, el valiente Blas de Lezo acabaría contrayendo el tifus, enfermedad generada por los cadáveres en el campo de batalla, lo cual le acabaría costando la muerte. Y por si esto fuera poco, Lezo moriría condenado al ostracismo tras el conflicto debido al falso testimonio que el virrey Sebastián Eslava daría a conocer a Felipe II para ocultar su mala preparación y peor dirección ante un ataque que se sabía inminente.

El valiente marino que acabaría entregando una pierna, un brazo, un ojo e, incluso, su propia vida por el Imperio español, moriría en el más absoluto anonimato, no recibiendo ningún tipo de reconocimiento por sus valientes actuaciones. Ni siquiera hoy sabemos donde descansan sus restos. El abnegado hombre que había salvado el Imperio y que había servido tan fielmente a la Corona española durante 40 años, fallecería en la más absoluta de las miserias, condenado para siempre al olvido.

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