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La Casa Blanca es todo un símbolo para los norteamericanos. Es todo un icono no solo de la política del país, sino también del profundo orgullo de esta nación acostumbrada a desafiar al mundo con su su poder militar. Además de sus columnas y sus clásicos jardines, es el color blanco lo que mejor caracteriza a la casa de los presidentes estadounidenses. Pero ¿Te la imaginas pintada por completo de negro? Esto mismo estuvo a punto de ocurrir justo cuando se decidió que Estados Unidos participaría en la Segunda Guerra Mundial.

Estamos seguros de que Tim Burton, por ejemplo, disfrutaría enormemente viéndola en la actualidad decorada con esta gótica tonalidad, pero aunque no llegó a ocurrir jamás, son muchos los que recuerdan el día en que se barajó comprar unos cuantos kilos de pintura negra. ¿Quieres saber por qué?

Cuando la Casa Blanca estuvo a punto de convertirse en la Casa Negra

7 de diciembre de 1941. Pearl Harbour acaba de ser atacada por la fuerza aérea del Imperio Japonés. La tranquilidad de los Estados Unidos acababa de ser desafiada y nadie podía ya respirar tranquilo. Europa estaba envuelta en una terrible guerra en la que de momento Estados Unidos había estado asistiendo a distancia, viéndose casi invulnerable ante cualquier enemigo al otro lado del Atlántico. Pero la calma se rompió.

Sabían que que tras su entrada en la Segunda Guerra Mundial y después de lo sucedido en Pearl Harbour, uno de los objetivos primordiales de Alemania sería bombardear territorio norteamericano. Por ello surgió temor entre la población y los mandatarios. El alto mando militar de los EEUU diseñó una serie de protocolos que debían cumplirse para estar a salvo de cualquier posible ataque .

Se pensó que la Casa Blanca sería un objetivo muy suculento para los Alemanes y además, si empezaban los bombardeos en el país a unas pocas semanas de que llegara la Navidad había que tener mucho cuidado. Las calles empezarían a iluminarse en la noche con los árboles de navidad y con edificios llenos de lucecitas que llamarían demasiado la atención y que serían un blanco fácil en un ataque aéreo nocturno. Debían pues tomar medidas radicales.  

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La casa blanca de noche

¿Solución? que los árboles navideños se dejasen dentro de las casas. Nunca fuera. Que no se utilizaran adornos navideños en el exterior o en los jardines, que las calles no se iluminaran y que la Casa Blanca, luciera lo más discreta posible. Fue entonces cuando muchos edificios oficiales fueron pintados de negro para que no se distinguieran en la noche, así que…. ¿Y si se hacía lo mismo con la Casa Blanca?

Las primeras variaciones que se llevaron a cabo fueron cambiar las ventanas colocando cortinas negras y vidrios de seguridad. Las reuniones empezaron a realizarse en los sótanos, nunca en las salas superiores. Se utilizó sobre todo una sala denominada ‘Sala de mapas’, allí donde se iban mostrando y anotando el progreso de las fuerzas militares norteamericanas en Europa. En las terrazas, por ejemplo, se organizaron centinelas con ametralladoras que controlaban todo el cielo de Washington.

Pero en lo referente a cambiar drásticamente el color de la Casa Blanca, nunca se llevó a cabo. Lo meditaron y llegaron a una clara conclusión: La Casa Blanca era más que un símbolo para los americanos. Cambiar de color aquel edificio era como atentar al propio espíritu del país, y más aún, era demostrar miedo. No lo hicieron, no querían enseñar debilidad ante el enemigo y sobre todo… ante el propio pueblo. Para que la gente no perdiera su moral y para aportar cierta sensación de normalidad y seguridad, era mejor no rebajarse a tal idea.

Así pues, el país del Tío Sam nunca sucumbió a aquella idea. Aunque hubiera sido algo digno para los anales de lo curioso, el ver la Casa Blanca satinada de pintura negra.

Imágenes: Jorge Elías, ehpien

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