El tema del nazismo es, desgraciadamente, uno de los episodios históricos que más artículos, películas, novelas y todo tipo de contenido audiovisual ha generado. Si os interesa el tema, sólo desde Supercurioso os hemos hablado de las enfermeras del proyecto Lebensborn, de hombres valerosos que salvaron las vidas de centenares de niños durante el holocausto o de cómo usaron los nazis los mosquitos como arma biológica, sólo por citar algunos ejemplos. Sin embargo, cuando todo sobre los nazis parece haber sido dicho, nos encontramos con noticias como la que os traemos hoy: el descubrimiento del laboratorio nuclear más grande de la época nazi.

Un gigante encerrado entre placas de granito

Este inmenso laboratorio descubierto el pasado mes de diciembre en el pueblo austríaco de St Georgen an der Gusen mide, ni más ni menos, que 75 hectáreas y allí se estarían produciendo y probando armas de destrucción masiva entre ellas, probablemente, una bomba atómica. Varios investigadores ya estaban excavando en la zona cuando fueron hallados altos niveles de radiación, lo que desató sus sospechas acerca de la naturaleza del edificio. Sin embargo, el búnker estaba tan perfectamente sellado que fue necesario utilizar un equipo de excavadoras para poder abrirse paso por la placas de granito dispuestas para tapar las entradas allá por 1945.

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La importancia del hallazgo es máxima, no sólo por sus dimensiones, sino porque se trata de uno de los laboratorio de armas más importantes de la época, cuya construcción fue supervisada por aquél entonces por la mano derecha de Hitler, Heinrich Himmler. En el interior del edificio, ya de por sí valioso, se han encontrado también numerosos cascos, uniformes de las SS y objetos de distinta índole de alto valor histórico. Y se espera encontrar más cosas, puesto que las excavaciones e investigaciones sobre lugar aún no han acabado.

¿Cómo se supo dónde estaba?

Andrea Sulzer, un documentalista austriaco y artífice del hallazgo, encontró el búnker tras leer los diarios personales de un antiguo físico, también austriaco, que había sido reclutado a la fuerza por los nazis. Este documentalista, a la vista de los escritos del físico, afirma que «los prisioneros fueron escogidos a dedo –físicos, químicos– de los diferentes campos de concentración europeos para poner sus habilidades especiales al servicio de este monstruoso complejo. Se lo debemos a las víctimas». Las propias víctimas del holocausto serían quienes levantarían este enorme laboratorio de armas químicas. Los expertos afirman que no sólo químicos y físicos colaborarían en este centro, sino que cerca de 320 prisioneros de campos de concentración cercanos trabajarían en su construcción.

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Rainer Karlsch, un historiador que está trabajando mano a mano con Sulzer explica que «los líderes de las SS aspiraban a crear aquí una combinación de misiles y armas de destrucción masiva. Querían equipar los misiles A4 y otros cohetes aún más avanzados con gases venenosos, materiales radioactivos o cabezas nucleares».

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