La peripecia del joven Douglas Corrigan quedará para siempre en el anecdotario de los despistes. Entendemos que en 1938 no existían los GPS,  que los aviones no eran excesivamente sofisticados y que los errores de navegación eran muy frecuentes, pero su despiste entra dentro de lo incomprensible y casi de lo sospechoso. El piloto Corrigan tenía la orden de volar desde Nueva York a California, un trayecto más o menos respetable que no exigía demasiados esfuerzos o habilidades.

Pero algo ocurrió durante el trayecto, las nubes se acumularon en su trayecto, algo lo confundió y, sin saber cómo, Douglas acabó aterrizando en Dublín, Irlanda. ¿Despiste? ¿O una escapada premeditada? ¡Te lo explicamos!

La curiosa historia del piloto «Wrong way»…  porque, ¿Quién no se ha perdido alguna vez?

Admitámoslo. Seguro que hasta tú mismo te has perdido alguna vez en el coche. Tomas una salida equivocada y no tienes más remedio que continuar hasta llegar a una ciudad que no estaba en tus planes visitar. O más aún…. ¿Nunca te has perdido en unos grandes almacenes, o en un parking intentando buscar dónde has aparcado tu coche? Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas, seguro que verás comprensible el que un piloto pierda su ruta en pleno vuelo.

Douglas-Corrigan-wrong-way

Su nombre, como ya sabes, era Douglas Corrigan, aunque ha pasado a la fama como el piloto «Camino Equivocado» (wrong way). Era un chico americano, un piloto que aunque joven, era sobradamente experimentado. De hecho fue el uno de los que ayudó a la preparación del avión «Espíritu de San Luis» con el que Lindbergh realizó su primer vuelo transoceánico sin escalas. Así pues, Douglas estaba muy experimentado con este tipo de vuelos de larga distancia…. entonces ¿qué pasó? Su obligación, su ruta de vuelo marcaba que debía salir desde Nueva York para llegar hasta California. Un viaje de unas horas que debía cumplir aquella mañana de 1938.

Pero Douglas despegó del aeródromo Floyd Bennett Field de Nueva York, y  acabó aterrizando en Dublin, Irlanda. Había cruzado todo el Atlántico con tranquila serenidad, con un avión sencillo y sin tener permiso alguno para hacerlo. Ya que en aquellos años, aún no estaban permitidos aquel tipo de vuelos por estar considerados de «poca seguridad».

«Me he equivocado, ha sido solo un fallo de navegación». Afirmó. Explicó que había unas nubes muy densas que no le dejaron ver tierra en ningún momento, tan-tan espesas eran que, sin saber cómo, de pronto se vio cruzando tierras de la verde Irlanda del Norte. Aquello es lo que alegó con tranquilidad, sin preocupación alguna. Douglas dejó que le pusieran el mote de «Wrong Way» sin protestar, aunque muchos conocían en realidad la pura verdad de aquella historia.

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¿Y cuál era? Douglas era un piloto muy hábil como para cometer errores. Y su vuelo a Irlanda no fue un error, sino una muestra de orgullo. La prohibición de hacer el vuelo transoceánico por falta de seguridad le causaba siempre mucha rabia y muchas ansias. Él sencillamente quiso retarse a sí mismo y a las autoridades. Se saltó las normas y demostró que el viaje podía hacerse. Para él mismo y para muchos fue un héroe…. para otros solo «el piloto despistado que quería ir a California y que terminó en Irlanda».

A su vuelta Douglas Corrigan adquirió gran fama por su hazaña y se convirtió en toda una estrella de la aviación. Allí a dónde iba era recibido con honores.

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