La historia del mítico Orient Express
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Orient Express. Solo con pronunciar este nombre nos vienen a la cabeza un sinfín de escenas llenas de glamour y misterio. Un tren dotado de la más exquisita elegancia que surcaba todo el territorio europeo hasta la parte más Oriental. Hasta Constantinopla, la actual Estambul. El humo de su locomotora y el traqueteo de sus vagones, destilaba sofisticación y tradición a la vez; fueron cientos las historias que se tejieron en el interior de esos míticos vagones orlados de lujo. De la sutil luz de sus lámparas y de la piel de esos asientos, donde uno podía descansar dejando la mirada suspendida en aquellas ventanillas para ver correr el paisaje de una Europa que avanzaba a lo largo de dos Guerras Mundiales, que se llenaba de progresos, revueltas y disputas, mientras su estela, entraba poco a poco en decadencia.

Hoy, desde Supercurioso te damos tu billete especial a bordo del mítico Orient Express.

Orient Express, el tren de la clase alta europea

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Georges Nagelmackers,  era un rico potentado que en 1872 aportó a Europa una nueva concepción de los trenes. Había visitado Estados Unidos quedando fascinado por aquellos distinguidos vagones cama y restaurantes instalados en nuevas compañías ferroviarias de George Pullman. Fue por ello que decidió traer la idea a Europa y crear la Compagnie Internationale des Wagons-Lits (CIWL).

Pero deseaba ir un poco más allá… los visionarios son ambiciosos y el señor Nagelmackers lo era más que nadie. ¿Y si creaba una línea exclusiva que uniera Europa Occidental con el Sudoeste Asiático? Algo así suponía un auténtico aliciente para el país, sería no solo un modo de unir directamente esos dos puntos estratégicos, era además un modo de ofrecer a la clase alta una nueva distracción. Exotismo, aventura y distinción contenida en unos vagones donde el lujo satinaría cada rincón. Cada aspecto.

Y así fue como el 4 de octubre de 1883, la CIWL inauguró el Express d’Orient.

Viajar en el Orient Express

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Si tuviésemos la suerte de disponer de nuestra máquina del tiempo particular, seguro que haríamos lo posible por conseguir un billete en el Orient Express. En este caso, deberíamos recordar que el tren disponía de dos salidas semanales. Cargaríamos un equipaje ligero y aguardaríamos su salida en la Gare de l’Est de París, y finalizaríamos el trayecto en Giurgiu, Rumania. Pero eso sí, antes disfrutaríamos de todas esas capitales europeas dignas de visitar en aquella época: Estrasburgo, Múnich, Viena, Budapest y Bucarest.

Lo interesante es que una vez llegáramos a la ciudad de Giurgiu, la compañía nos llevaría a través del Danubio hasta Bulgaria. Desde allí, iríamos hasta Varna donde se nos ofrecería la opción de tomar un elegante transbordador para llegar hasta Estambul. Así que, como ves, viajar en el Orient Express podía llegar a ser toda una aventura personal. Un modo de descubrir Europa en todos sus matices para terminar en esa parte Oriental a veces tan desconocida.

El Orient Express y las dos Guerras Mundiales

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Las guerras hicieron mella en el funcionamiento del Orient Express. En 1914, el servicio se paralizó hasta llegado el 1918. Pero cuando se inauguraron los servicios el territorio Alemania fue temporalmente evitado por la desconfianza que los aliados tenía aún con este país. Pero afortunadamente, llegados los años 30 el Orient Express se alzó con un esplendor increíble. Uno ya podía partir desde Londres gracias a la British Southern Railway, para luego seguir en La Gare de Lyon.

Fue en esta época cuando el Orient Express solía recibir muy a menudo a personalidades de la realeza, millonarios, diplomáticos políticos… hasta que llegó la sombra y los tambores de la Segunda Guerra Mundial. Tras sufrir numerosos ataques y sabotajes por parte de los yugoslavos, se suspendió el servicio hasta 1945.

A partir de entonces, los problemas sociales y políticos fueron eliminando trayectos considerados peligrosos, como el comprendido entre Yugoslavia y Grecia. Más tarde, con la Cortina de Hierro de los años 50, numerosos países de Europa del Este cambiaron sus lineas e incluso los vagones. Se redujo la calidad, se perdió el lujo y, poco a poco, fue llegando el ocaso del Orient Express.

El fin del Orient Express

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Asesinato en el Orient Express (1974)

Lamentablemente, la decadencia, los problemas políticos y el alto coste de esta linea férrea hizo que a finales de 2009 el Orient Express realizara su último viaje.  El final de su estela se vio colapsada sobre todo por la presencia de la entrada de los vuelos de bajo coste y los trenes de alta alta velocidad. El Orient Express era símbolo del romanticismo, el glamour, pero también de lo ostentoso. Y no era práctico.

Obviamente el peso de su encanto seguía tentando a la población y varias compañías de ferrocarril. Es por ello que en la actualidad dispones del Venice Simplon Orient Express (VSOE), que viaja desde Londres a Viena. Pero ojo, no es el verdadero Orient Express, es solo una reconstrucción nostálgica del que todos conocemos, pero no es el verdadero. Si te sientes tentado por vivir esa experiencia debes saber que los precios no son asequibles para todo bolsillo. El billete para el VENICE SIMPLON-ORIENT-EXPRESS suele tener un coste de unos 2400 euros por persona si viajas desde Londres a Venecia, por ejemplo. Son unos dos días.

Pero si te quedas con el auténtico, no tienes más que hacer uso de tu imaginación y recurrir a magníficos libros como «Asesinato en el Orient Express» de Agatha Christie.

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