La fantástica serie de terror American Horror History ha tenido a los llamados freaks o monstruos como protagonistas de su cuarta entrega. Unas personas que sólo por su diferencia se convirtieron en fenómenos de circos y espectáculos y marginados sociales. Si echamos una mirada atrás en la Historia, nos encontraremos con comportamientos e historias muy similares. Concretamente en la España del Siglo de Oro, desde en la Corte de los Austrias hasta en espectáculos callejeros, los llamados “monstruos” no sólo despertaron el morbo y la curiosidad del pueblo, sino que se utilizaron de manera cruel para que su imperfección resaltara la “belleza” de los reyes y nobles de la corte. En este artículo os presentamos los casos de algunos de esos personajes olvidados por la Historia.

Los «monstruos» del Siglo de Oro, perdidos en la Historia

El llamado Siglo de Oro español, un período que comprende parte del siglo XVI y el XVII, fue un momento histórico dado a la creencia en prodigios y milagros. En esta época, cualquier persona que naciese con alguna deformidad o los bebés siameses eran considerados como monstruos y su nacimiento o aparición provocaba no sólo una gran curiosidad, sino también el temor de desgracias. Algunos eruditos investigaron estos casos para concluir, tal y como corresponde con la línea de pensamiento de la época, que obedecían a los designios de Dios para recordar a los hombres adónde conducía el pecado. Así, la sociedad de la época se reconocía sana, fuerte y virtuosa frente a la deformidad y debilidad de estas personas.

Las Meninas (Diego Velázquez, 1656)
Las Meninas (Diego Velázquez, 1656)

Las noticias sobre monstruos durante el Siglo de Oro fueron muy abundantes, siendo muestra de a gran curiosidad y expectación que despertaba en la sociedad. Entre los casos más destacados están los de:

La niña monstruo de los Austrias

Con este apelativo se conoció a la pequeña Eugenia Martínez, una niña nacida en la villa de Bárcena, en Burgos, y que, por sus apariencia física y las descripciones de la época se piensa pudo estar afectada por el síndrome de Prader-Willi. Una enfermedad cromosómica caracterizada por una deficiencia en el crecimiento, obesidad mórbida e hipotonía muscular y una actitud compulsiva ante la comida. Así, la niña pesaba ya unos 25 kilos con tan sólo un año de vida.

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Su caso fue publicado en relaciones de sucesos en Madrid, Sevilla y Valencia, llegando a ser tan popular que el rey Carlos II la recibió en palacio en el año 1680. Tal fue la impresión que le causó que la niña, que entonces contaba sólo 6 años, se quedó a vivir en el Real Palacio del Alcázar. El rey ordenó que se la retratase vestida y desnuda como testimonio gráfico del caso. La niña fue retratada por el pintor Juan Carreño de Miranda, pintor de cámara del rey, y en ambos cuadros se puede constatar el aire de tristeza y cansancio de la pequeña. La niña andaba con dificultad por los salones y corredores de palacio, y pese a que Eugenia aparece retratada vestida con ricos ropajes, al estilo de las damas de la corte, su figura era el contraste que necesitaban las señoras y meninas para hacer más gráciles aún sus andares y belleza.

Enanos y bufones en la Corte de los Austrias

Los enanos fueron también numerosos en la corte de los Austrias, siendo retratados por los pintores de cámara como Velázquez. Y si bien vivían de manera más cómoda que la mayoría del pueblo, si que su vida no fue nada fácil ya que fueron objeto de muchas burlas y humillaciones.

Juan Calabazas o Calabacillas

Fue uno de los enanos más célebres de la corte y fue pintado dos veces por Velázquez en la década de 1630. Además, existen numerosas anécdotas burlescas sobre el pequeño Juan.

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Una suerte similar a la de los también conocidos enanos Pertusato y Mari Bárbola, compañeros de posado de Las Meninas en el inmortal cuadro del precitado Velázquez, o el bufón de Juan de Iborra, también retratado por Velázquez.

El enano Bonamí

Este muchacho llegó al arzobispado de Burgos desde Flandes enviado por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia de Austria como regalo para su sobrino, el futuro rey Felipe IV, nacido en 1605. El heredero al trono se crío con este enano de nombre desconocido y al que se le apelaba por el lugar en el que había nacido, cerca de Bonamí. Su pequeñez fue motivo de numeras bromas y chanzas y se decía que una vez un caballero lo había abandonado colgado de un tapiz de palacio colgándolo tan sólo con un alfiler. Bonamí falleció a los 27 años e incluso escritores como Lope de Vega glosaron su figura en verso:

“Ten el paso caminante

a ver lo que no has de ver;

aunque si tienes que hacer,

puedes pasar adelante.

Pero si verlo te place,

tan pequeño yace aquí

el átomo Bonamí,

que no se sabe si yace.”

La Barbuda de Peñaranda

En el Siglo de Oro también hubo numerosos casos de mujeres o niñas barbudas que, aunque no llegaron a residir en Palacio, sí que fueron retratados por los pintores de Corte. Este es el caso de Brígida del Río, conocida como la Barbuda de Peñaranda, mujer que pasó por la corte de Felipe II en el año 1590 y fue retratada por el pintor Juan Sánchez Cotán cuando ella tenía 50 años y una barba muy poblada y ya cana.

mujerbarbudapeñaranda

Pese a la crueldad a la que a veces se veían sometidos en la Corte, estos personajes contaron con la protección del rey, siendo mucho más dura la vida de los que se convirtieron en atracción de ferias como los hermanos siameses Lazzaro y Giovanni Battista Colloredo, procedentes de Italia y famosos por todo Europa al recorrer medio continente con su espectáculo ambulante. En 1629 llegaron a Madrid, tenían entonces 12 años, y sorprendieron al ver cómo el gemelo parásito colgaba del abdomen de su hermano y tenía cabeza, dos brazo y una única pierna. Asimismo, también se refirió en noticias del año 1619 como existían unos ladrones llamados dacios que se dedicaban a raptar niños de tres o cuatro años para romperles brazos y pies, dejarlos tullidos y venderlos a ciegos, picaros y vagabundos.

Estas pequeñas y desconocidas biografías conmueven y nos llevan a pensar y preguntarnos hasta qué punto conocer la vida de estos marginados de la Historia, la llamada microhistoria, es tan importante o más que la de las grandes fechas y personalidades, ¿qué opinas?

2 Comentarios

  1. Me parece ofensivo llamar «monstruos» a personas con defectos físicos. Yo los llamaría «objetos de burla» del siglo de oro

  2. No debería ofenderse, Juan. Objetos de burla no es sino un eufemismo, un término políticamente correcto de nuestra época. La palabra monstruo es la que aparece en la documentación de la época y así lo hemos transmitido. Créame que en la documentación y libros de aquella época era el epíteto más suave que se les daba. Si cambiamos la terminología no estamos haciendo Historia, ni transmitiendo la crudeza y falta de sensibilidad existente en aquellos momentos. No era la pretensión faltar al respeto a nadie, probablemente cualquiera de los que padecemos enfermedades que hoy ya no tienen rechazo seríamos uno de esos monstruos. Un cordial saludo y disculpe si se ha sentido ofendido.

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