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Los conoces. Los has visto. Incluso es posible que hasta tú mismo hayas querido sellar el amor con tu pareja enganchando un candado a la barandilla de un puente para luego echar la llave al río que lo cruza. En ocasiones realizamos determinadas prácticas sin conocer muy bien el origen, de ahí que siempre sea interesante repasar un poco la explicación a esta romántica costumbre que se ha hecho ya tan habitual en nuestras ciudades.

Garantizar un amor duradero con un candado

Esta moda tuvo su origen en Roma, y concretamente, en el Puente Milvio. Aquí los enamorados solían poner sus candados en las farolas, tal y como aparecía en una novela que «disparó» esta fama imparable. ¿El título? “Tengo ganas de ti” obra del escritor Federico Moccia. En el libro conocemos la historia de amor de sus personajes, quienes para dar muestra de su amor y sellar sus sentimientos, ponen un candado en el «poste» del puente Milvio para luego echar la llave al río.

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Pero en la versión para el cine el tema sufre una ligerísima variación. «Tengo ganas de tí» está protagonizada por los actores Mario Casas y Clara Lago, quienes dejaron su candado en el mismo puente y no en el poste, una imagen que debió quedar en la retina de muchos fans para que de pronto, y sin saber muy bien cómo, se convirtiera en un fenómeno más que imparable. Pero eso sí, en ocasiones presenta originales variaciones, como es el caso de poner un trozo del velo de novia para hacer que su juramento ante la Iglesia o ante un juzgado sea permanente ante esos ríos que tantas llaves deben guardar ya bajo sus lechos acuáticos.

Aunque lo más normal -y que seguro hasta tú mismo has hecho- es escribir el nombre de las dos personas en el candado para testimoniar nuestra pasión. Tan fácil como eso. Algo que millones y millones de personas realizan casi cada día.

Puentes como el de las Artes de París, el Mecsek, de Hungría, el Hohenzollern, de Alemania, o el Luzhkov de Moscú, son los más emblemáticos y los que diariamente más kilos deben sobrellevar en sus estructuras. Un riesgo arquitectónico que las autoridades han empezado a regular debido al posibles riesgos de derrumbes.

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Pero a día de hoy parece que ningún puente, por anodino que sea y por pequeño que sea el caudal del río sobre el que se alza, está libre de esta práctica. Jóvenes adolescentes que viven su primer amor no pueden evitar imitar esa práctica que  ven en las grandes ciudades. No importa si ese amor dura un verano, un fin de semana o toda la vida…. el principal problema sin lugar a dudas se lo llevarán los peces de dichos ríos, incapaces de comprender esas modas extrañas de los humanos y que contaminan sus hogares…

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