Pocas cosas pueden resultar más aterradoras. Ver en persona la imagen de un wandjina en el interior de una cueva australiana, nos eriza la piel y nos hace recordar a esos dioses atávicos de los que nos hablaba H.P Lovecraft.

Los aborígenes los pintaban en las paredes de las cuevas. Representan a los dioses de las lluvias y las nubes, y tenían especial cuidado de no dibujarles jamás una boca en sus enormes rostros espeluznantes. ¿La razón? De hacerlo, de cometer el error de integrar una boca en aquellas caras, se corría el riesgo de que las lluvias no terminaran nunca y que todo el mundo pereciera ahogado.

Estamos seguros que te va a interesar saber más cosas sobre los wandjina.

Los wandjina, los dioses de la lluvia

Si en alguna ocasión tienes la suerte de viajar hasta Australia, no puedes perderte la oportunidad de ver en persona las cuevas de Kimberly. Además de sus increíbles tierras rojas y sus caudalosos ríos, descubrirás esas escalofriantes cuevas donde, al dirigir la mirada hasta sus paredes, estarán esos ojos gigantes y velados escudriñándote.

Parecen seres de otra dimensión, de otro mundo extraño donde se asoman entre las rocas para vigilarnos con sus rostros severos. Sus figuras pueden llegar a tener un tamaño de 6 metros y se incrustan a la perfección en los surcos y los relieves de la cueva para aportar así más realismo y efectismo. Rostros sin boca, blancos y cabezas abombadas que a su vez, traen una especie de corona a su alrededor como atestiguando su poder, su energía.

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Los aborígenes lo tienen muy claro. Cuando se les pregunta por el origen de los wandjina no dudan en explicarnos que no son de este mundo. Ellos fueron los creadores del mar y de los estanques, pero cuando alguien los ofendía, su fuerza era simplemente aterradora. Mediante los rayos traían unas lluvias imperecederas que lo sumergía todo, que desolaban todo pueblo y toda tierra. Fueron ellos quienes trajeron también todo lo que se considera «civilizado». Unos seres que andaban con sandalias (a diferencia de los indígenas, que siempre iban descalzos).

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Los llamaron también «los hombres de la Serpiente emplumada», y se cuenta además, que hubo una era en que se libró una batalla con ellos durante el «Tiempo de los Sueños». Un feroz enfrentamiento que hubo de terminar la propia diosa madre Tierra lanzando unos «gases letales», logrando así, encerrar a muchos wandjina en el «Uluru», una zona sagrada para los aborígenes australianos, más conocido también como Ayers Rock.

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Así pues, los wandjina son tan necesarios como peligrosos para la cultura aborigen. Forman parte de ese equilibrio donde el bien y el mal, se unen siempre para aportarnos esa calma cotidiana donde todo debe reposar en calma. Y recuerda, si en alguna ocasión sientes la curiosidad por dibujar un wandjina…¡Jamás le pintes una boca, o le ofrecerás demasiado poder!

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Si te ha gustado esta historia, conoce también a los inquietantes dioses del Tassili.

Imagen: Travel & ShitAustronesian ExpeditionsMark Roy

2 Comentarios

  1. […] Este pueblo de raíz caribe llevó consigo sus mitos y leyendas, sus cantos y su cosmos, todo vivido con una profunda religiosidad, aunque sin una religión convencional. Su relación con el mundo que los rodea es mágica, y a través de una honda observación de la naturaleza, le dan vida a lo inanimado y lo convierten en espíritus. […]

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