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A veces las personas, con la mejor voluntad, cometen errores imperdonables. Este es el caso que nos ocupa: El hombre que mató 40.000 elefantes por equivocación.

El hombre que mató 40.000 elefantes por equivocación

Por paradójico que parezca, el causante de este desastre fue un ecologista convencido: Allan Savory. Allan nació en Rodhesia (actual Zimbabwe) en 1935. Pertenecía a una familia de granjeros y durante toda su infancia oyó decir que las manadas de animales salvajes acababan con los pastos de las extensas praderas africanas. El exceso de pastoreo se consideró durante décadas la causa de la desertización. Por culpa de ésta, la tierra ya no era susceptible ni de alimentar a los rebaños ni de ser cultivada. Esto conducía inevitablemente a la hambruna y, por tanto, a los conflictos entre los diversos grupos humanos que poblaban esas zonas.

El hombre que mató 40.000 elefantes por equivocación

Siguiendo esa filosofía, entre 1955 y 1969, Allan Savory trabajó en Rodeshia del Norte y posteriormente en Rodhesia del Sur como oficial de investigación y científico independiente. Su cometido era intentar atajar la desertización. Su consejo, avalado por otros científicos, fue que debía reducirse drásticamente, de manera selectiva, la población de elefantes. Durante esos años se sacrificó la increíble cifra de 40.000 elefantes.

El hombre que mató 40.000 elefantes por equivocación

Con el paso de los años, Allan se dio cuenta de su error, la desertización no sólo no se había frenado, sino que había empeorado. Literalmente dijo:

 «Este fue el error más triste y más grave de mi vida.»

La solución no está en impedir el pastoreo, sino en realizar esta actividad imitando lo que hacen los grandes rebaños de manera natural: moverse. Cambiar de lugar para pastar, con cierta frecuencia, permite a la hierba crecer de nuevo, no agota la tierra, los animales con sus pezuñas hunden los restos que se pudren bajo tierra generando más vida y, además, con los excrementos de los animales se va fertilizando continuamente. Es un sistema para frenar la desertización que requiere paciencia y cuyos resultados son a largo plazo. En muchos lugares del planeta se están poniendo en marcha programas siguiendo la doctrina de Savory.

Actualmente Allan Savory, el hombre que mató 40.000 elefantes por equivocación, dirige una fundación que aboga por la regeneración de los pastizales en todo el mundo.  Afirma que, si esto se consigue, se podría volver a los niveles de CO2 que había en la atmósfera antes de la revolución industrial. El tipo de gestión agrícola que propone se conoce como «holística»; «holo» en griego quiere decir «total» y es un tipo de gestión integral. Su aplicación beneficiaría al ciclo del carbono, como ya hemos dicho, al ciclo del agua, al flujo energético del ecosistema y de rebote dinamizaría las comunidades agrícolas y ganaderas conduciéndolas a un mayor bienestar social.

Como todas las propuestas, el pastoreo holístico de Allan Savory, también tiene sus detractores que insisten, entre otras cosas, que pasados los años no se ha podido demostrar que sea realmente eficaz para frenar la desertización.

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Imágenes: Savory Global, Salados Global

3 Comentarios

  1. Los socialistas están tan convencidos de poseer la verdad absoluta, que no ven necesidad de verificar que sus soluciones funcionan antes de llevarlas a cabo a gran escala. Por eso cuanto más «social» una ciencia, menos de ciencia tiene, porque sus estudios ya parten con la conclusión decidida de antemano.

    Los mayores destrozos ecológicos los han cometido socialistas, porque ellos se abrogan monopolio y poder absoluto sobre todas las cosas, lo que les permite cometer barbaridades a escalas que ningún otro sistema permite. En especial, no les tiembla el pulso a la hora de acometer genocidios de animales y extinciones de especies, cosas que por su naturaleza misma, irreversible, debería de llevarles a obrar con cautela, sin embargo los socialistas nunca se han distinguido por el aprecio de la vida.

    Si les molesta, o hay algo que ganar, por qué van a andarse con zarandajas, si según ellos la ética y la moralidad son el opio del pueblo, lo único que les mueve es vivir de madre mientras dure la fiesta, y luego que les quiten lo bailao.

    Ahí tenemos el ejemplo de China con su matanza de gorriones, no muy diferente que la de este criminal, recurriendo a falsas ciencias y a argumentos falaces sin demostrar, para obtener justificación social a sus desmanes. Y eso mismo lo están haciendo hoy también con el cuento del calentamiento global, única «ciencia» basada en consensos porque las predicciones de sus modelos de pacotilla resultaron tan erróneas que no se pueden ni maquillar.

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