Los científicos, por primera vez, han podido detectar y observar sistemas meteorológicos a largo plazo en un gigantesco planeta de gas fuera del Sistema Solar, y dicen que las nubes y los vientos violentos que envuelven este lejano mundo parecen estar hechos de minerales corindón, la base para la formación de rubíes y zafiros.

¿Nubes de rubíes y zafiros? Existen en nuestro universo

Eso podría sonar bastante raro, pero con temperaturas diurnas que alcanzan máximas de 2.500℃, los minerales que dan piedras preciosas aquí en la Tierra serían completamente vaporizados antes de fluir a través de la atmósfera.

El planeta en cuestión, llamado HAT-P-7b, está a más de 1.000 años luz de la Tierra y su masa es 500 veces mayor. Ubicado en la constelación de Cygnus, el planeta es conocido como un «Júpiter Caliente», una subclase de gigantes gaseosos que son similares en tamaño, masa y composición a Júpiter, pero orbitan mucho más cerca de su estrella madre, albergando por lo tanto una superficie de temperaturas extremas (y este adjetivo se queda corto).

A finales del año pasado, se hizo un mapa meteorológico de un «planeta Júpiter Caliente» similar, el HD 189733b, situado a 63 años luz de distancia en la constelación de Vulpecula. Pero ahora los científicos han observado, durante cuatro años, los sistemas meteorológicos en HAT-P-7b, ofreciéndonos un retrato más detallado aún a las condiciones climáticas de los planetas distantes. Con este cronograma de cuatro años, realmente podemos comenzar a estudiar en profundidad a estos planetas. Hasta ahora, nuestra plena comprensión de estos, así como de las nubes en sus atmósferas había apenas comenzando.

El equipo ha dado con los dos candidatos más probables sobre el material de estas nubes: corindón, una forma cristalina de óxido de aluminio que hace rubíes y zafiros; y perovskita, un mineral de óxido de calcio y titanio utilizado para fabricar células solares. No obstante, el corindón parece la mejor apuesta hasta ahora.

Al analizar datos del telescopio espacial Kepler de la NASA, los investigadores pudieron controlar las variaciones en la intensidad de la luz a medida que el planeta giraba en órbita alrededor de su estrella madre para hacerse una idea de sus condiciones climáticas. Observaron cambios significativos en brillo y calor, con el punto más brillante del planeta cambiando su ubicación a lo largo del día, a veces el punto más brillante estaba situado en el «lado de la mañana» del planeta que se enfrenta a su estrella y a veces, en el «lado de la tarde» del planeta.

Los científicos creen que este cambio del punto más brillante se debe a la espesa capa de nubes que va siendo arrastrada alrededor del abrasador planeta por un jet de viento ecuatorial que viaja a varios kilómetros por segundo. Así que gracias al hecho de que el planeta tiene un lado frío y uno caliente, las nubes probablemente se condensan en el lado frío, y la diferencia de temperatura crearía vientos rápidos que los conducirían al lado caliente para ser evaporados. Los vientos cambian drásticamente de velocidad, lo que lleva a enormes formaciones de nubes que se acumulan y luego mueren.

El equipo planea continuar con su investigación de los patrones climáticos de HD 189733b, así que esperan que podamos tener una mejor idea de qué aspecto tienen las nubes de minerales de rubíes y zafiros vaporizados.

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