¿Alguna vez has contado un suceso y te han hecho ver que las cosas no fueron como tú las recordabas? ¿Has llegado a tener acaloradas discusiones porque estabas “absolutamente seguro” de un acontecimiento y un interlocutor te ha asegurado que no fue así? ¿Has tenido la oportunidad de pasar un polígrafo, o “máquina de la verdad”, afirmando una cosa que después te han demostrado que era pura invención? Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, es que has vivido el “síndrome Mandela”.

¿Qué es el síndrome de Mandela?

¿Qué es el efecto Mandela? En realidad, en la psicología moderna no se puede hablar puramente de la existencia de un auténtico y verdadero “síndrome de Mandela”, tal y como aseguran en su blog los psicólogos online Buencoco. Pero, sin embargo, y por muy sorprendente que te pueda parecer, casi todos los seres humanos hemos vivido este síndrome, o algo muy parecido, en algún momento de nuestras vidas. Más adelante veremos ejemplos.

En realidad, el “síndrome Mandela” es más habitual de lo que pueda parecer. ¿Has escuchado alguna vez decir de alguien que “lo que no sabe, se lo inventa”? Pues un porcentaje de estas personas no es que mientan voluntariamente, sino que tienen este síndrome, que les lleva a estar convencidas de una ficción.

¿Sufrió Mandela el “síndrome Mandela”?

La respuesta es no, al menos que se sepa. El “síndrome Mandela” no se llama así porque el líder sudafricano ‘antiapartheid’ lo sufriera, que no consta, sino porque fue el involuntario protagonista de este fenómeno psicológico.

El “síndrome Mandela” consiste en que, en un momento determinado, cualquier persona tiene un déficit o laguna de memoria sobre algo y el cerebro tiende a recurrir a explicaciones posibles y coherentes que “cubran” este vacío. Y lo hace hasta el punto de que la persona que lo vive termina convencida de lo que nunca ha vivido, nunca ha sido verdad, ni puede que se aproxime a ella.

La “mentira repetida”

El cerebro humano cumple una “misión”: no dejar interrogantes abiertos y sin respuesta, no dar cabida a que haya “cabos sueltos” en un testimonio o en la explicación de un suceso. Evitar la incertidumbre.

Mal comparado, sería lo que ahora, en política, se llama “relato”, o “post-verdad”. Pero con la diferencia de que el “relato”, llamado con este “nuevo sentido” (de “relación de invenciones”, no en su sentido original de “relación de sucesos reales”), y la “post-verdad” (neologismo que suscita tantas “filias” como “fobias”) tienen un origen definido y un objetivo claro: desviar la atención de una colectividad hacia una versión de unos hechos que diverge de la realidad acontecida.

No es nada nuevo. Paul Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich entre 1933 y 1945, ya dijo que “una mentira, mil veces repetida, se convierte en verdad”.

El “lapsus de Broome”

En realidad, el “síndrome Mandela” debería de haberse llamado el “lapsus de Broome”. Pero la escritora Fiona Broome no es tan universalmente conocida como Nelson Mandela, y de ahí que el personaje circunstancial haya eclipsado al sujeto de la historia.

En el año 2009, la escritora estadounidense Fiona Broome dio una conferencia sobre Nelson Mandela, a quien daba por muerto cuando aún faltaban cuatro años para su fallecimiento (2013). Broome, conocida por sus libros de pseudociencia y sucesos paranormales, creía que el líder sudafricano y Premio Nobel de la Paz en 1993 había muerto cuando estaba preso en la década de 1980.

Broome se mostró confiada en su recuerdo de la muerte del expresidente de Sudáfrica, memoria compartida con otras personas y enriquecida por el recuerdo de detalles precisos.

Otros “efectos Mandela”

No es este el único caso de efecto mandela que ha trascendido. Como decimos, numerosas personas afirmaron recordar que Mandela había muerto en la década de los años 80, durante su presidio por el régimen racista del ‘apartheid’ (“segregación racial”), y es que el “síndrome Mandela” puede ser colectivo.

Por ejemplo:

  • Cuando se canonizó a la madre Teresa de Calcuta, en 2016, mucha gente recordaba que se había canonizado ya en 1990.
  • Muchos recuerdan al hombre del logotipo del juego del Monopoly portando un monóculo. Pero no lo lleva.
  • En España, son miles los ciudadanos que recuerdan haber seguido en directo, por televisión, el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Pero solo se retransmitió por las cadenas de radio.
  • En la película “Casablanca” no se dice la frase “tócala otra vez, Sam”, pero así lo dicen numerosos doblajes traducidos del largometraje.
  • Darth Vader no dice “Luke, yo soy tu padre”, una de las frases más famosas de Star Wars. En realidad, dice Luke Skywalker: “No. Yo soy tu padre”.​
  • Durante las protestas de la plaza Tiananmén, en China, en 1989, un estudiante se paró frente a los tanques para evitar que avanzasen. Miles de personas recuerdan que fue arrollado, pero el vídeo mundialmente famoso de la escena demuestra que no.

Y así sucesivamente…

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