Las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, dejaron una huella imborrable en la historia de la literatura con sus maravillosos relatos. Son mucho los amantes de la literatura y seguidores de sus trabajos que pintan escenas llenas de pasión y dolor capaces de conmover y marcar profundamente a cualquier lector. Si alguna vez te has preguntado de dónde surgieron las emociones que las llevaron a escribir estas narrativas, la respuesta es tan trágica como las propias novelas de las Brontë.

El sufrimiento detrás de las novelas de las hermanas Brontë

Provenientes de una familia humilde pero bien educada de la Inglaterra del siglo XIX, las hermanas poetisas y novelistas, Charlotte (nacida el 21 de abril de 1816), Emily (nacida el 30 de julio de 1818) y Anne (nacida el 17 de enero de 1820), llegaron a convertirse en prodigios literarios.

Su hermano Branwell, también fue un destacado escritor, pero a menudo queda olvidado bajo la sombra del trabajo de sus hermanas.

Fueron mujeres precoces y brillantes, pero fueron sus propios trágicos destinos los que sirvieron para inspirar sus novelas góticas con las que lograron darle un tinte oscuro al romance y que llevaron al nacimiento de un culto que se extendió más allá de las fronteras inglesas, luego de su muerte.

Aunque Branwell era tan talentoso como sus hermanas, sus adicciones (al alcohol y las drogas) lo llevaron a sumergirse en un doloroso torbellino de autocompasión. Mientras en 1847 se publicaba la famosa novela «Jane Eyre» de Charlotte, Wuthering Heights («Cumbres Borrascosas»), de Emily y «Agnes Grey», de Anne, Branwell estaba combatiendo con sus demonios personales.

Ellas se vieron obligadas a publicar varias historias bajo seudónimos masculinos en un intento de sortear los obstáculos que el sexismo abundante en la época les planteaba a las novelistas, pero Branwell buscaban acomodarse en la vida casándose con una viuda adinerada para lograr así su libertad artística.

Fue así como la relación entre los hermanos se tornó turbia y complicada. La relación con el resto de la familia tampoco fue sencilla.

Su padre, Patrick Brontë fue un sacerdote anglicano que inculcó en sus hijos el amor por las letras. Su madre, Maria Branwell, falleció tras dar a luz al último de sus seis hijos. Charlotte, la mayor de las niñas, tenía apenas 5 años cuando perdió a su madre. Branwell, tenía cuatro años, Emily 3 y Anne aún no había llegado a los dos años.

Por esto, es recurrente en sus obras que las madres mueran jóvenes. Sin embargo, esta no fue la única pérdida que experimentaron. La tuberculosis se llevó a sus dos hermanas mayores, María y Elizabeth, con apenas 6 meses de distancia.

Como clérigo, Patrick no ganaba mucho dinero y debía mantener y educar a sus varios hijos sin muchas opciones a su disposición.

La escuela a la que debieron asistir las niñas fue la Escuela de Las Hijas del Clero en Cowan Bridge, un sombrío y duro lugar que llegaría a inspirar a Charlotte a crear Lowood, la fría institución donde sufrió Jane Eyre.

Además, tras la muerte de su madre, vivieron con un padre que impuso rigurosas y estrictas normas en la vida de sus hijos.

Su biógrafa, Claire Harman dice:

«Lo que me llama la atención de todas ellas es la intensidad con la que vivían lo que escribían y también cómo no salieron al mundo para publicarlo y alcanzar prosperidad»

¿Qué te parece la vida de las hermanas Brontë?

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