Estamos seguros de que ya conoces lo que son los mecanismos de defensa psicológicos, y puede también, que en algún instante de tu vida los hayas integrado en tu comportamiento casi sin darte cuenta.

Lejos de verlos como algo puramente «patológico» o negativo, hemos de asumir los mecanismos de defensa como lo que es: una forma de sobrevivir, de adaptarnos. No obstante, no es la forma más adecuada de hacerlo o la más saludable emocionalmente.

Pongamos un ejemplo sobre esta dimensión psicológica. Mantienes una relación de pareja algo compleja. Una parte de ti sabe que la otra persona ha dejado de quererte, pero no quieres verlo, de hecho te lo niegas a ti mismo y te dices aquello de «es el estrés», «es el trabajo, en cuanto venga de nuevo la calma recuperaremos la magia de antes». Lo estás racionalizando y además, estás negando una realidad: sabes que tu relación se va terminar.

Lo creamos o no todos nosotros hemos llevado a cabo algún mecanismo de defensa en alguna ocasión. Más aún, puede incluso que ahora mismo, mantengas un tipo de estrategia psicológica que te permite avanzar pero sin «permitirte ver la realidad».

Muchos escondemos traumas, decepciones o inseguridades que encerramos en lo más hondo de un baúl psicológico para colocar después un bonito candado y así, ser más funcionales. Al menos en apariencia.

Pero sin embargo, el malestar, el vacío y la angustia flota alrededor como una nebulosa tenue. Hoy en Supercurioso queremos hablarte de los mecanismos de defensa psicológicos. ¿Nos acompañas?

5 mecanismos de defensa psicológicos que debes conocer

Conflictos internos, miedos, inseguridades, traumas, decepciones, inquietudes… Las personas no somos infalibles ni venimos al mundo con el manual de la perfecta adaptación. El mundo es complejo y las personas, lo son aún más. Puede que nos hicieran daño en el pasado, puede que nuestro interior cuente con varias heridas no cicatrizadas y latentes que nos impiden poder relacionarnos con asertividad para ser felices…

Son muchos los problemas que hemos de afrontar como seres humanos, cada uno de nosotros disponemos de una historia única y muy personal, donde no están exentos estos 5 mecanismos de defensa psicológicos con los cuales, intentamos sobrevivir lo mejor que podemos.

Proyección

Empecemos con un mecanismo de defensa realmente común. Para comprenderlo mejor podemos poner un sencillo ejemplo. Nos gusta alguien, y casi sin darnos cuenta hacemos lo siguiente: proyectamos en él o ella atributos ideales, fantásticos y perfectos que a su vez, también nos definen a nosotros mismos, hasta el punto de pensar «que somos almas gemelas».

Parejas y olor corporal

La proyección la podemos llevar a cabo también cuando, por ejemplo, un padre desconfiado proyecta en sus hijos aspectos que no son reales: pensar que van a traicionarlo, a hacer cosas que no están bien, etc.

Racionalización

Este mecanismo de defensa psicológico también te será familiar. Es cuando nosotros mismos construimos aspectos razonables sobre aspectos que no lo son en absoluto. Otro ejemplo: has suspendido un examen, pero te dices a ti mismo aquello de que era inevitable, porque el profesor es un inepto, porque te tiene manía, porque la mayoría de tus amigos has suspendido también…

Arboles cerebro

La racionalización puede hacer que caigamos en situaciones algo más negativas. Hay quien, por ejemplo, llega a racionalizar el maltrato psicológico, convenciéndose de que es porque no tiene otro remedio más que aguantar, porque las relaciones afectivas son así, etc.

Identificación

La identificación puede llegar en ocasiones a situaciones también muy peligrosas. Pensemos en el adolescente que busca la independencia de su familia, que quiere marcar sus límites y para ello, opta por unirse al grupo social más extremo de su instituto, aquel que presenta conductas algo violentas.

espejo

Se identifica con sus ideales, aficiones, modo de vestir, lenguaje e incluso conducta. Los asume porque así, suple muchas de sus carencias o inseguridades personales. 

Represión

Este mecanismo de defensa psicológico entra dentro de esa corriente freudiana donde se nos dice que aquellos hechos más traumáticos o incómodos de nuestra existencia, los reprimimos en nuestro inconsciente para así, intentar sobrevivir como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, siguen latentes.

niño paseando por la playa

Ahora bien, no hace falta haber sufrido un trauma profundo en la infancia, para que muchos de nosotros mostremos conductas reprimidas. Una educación estricta o autoritaria puede hacer que nos acostumbremos a reprimir nuestros sentimientos, nuestros deseos y que nos cueste bastante abrirnos a los demás. Las parejas que por ejemplo, llevan mucho tiempo junto a una persona dominante y controladora, puede hacer también que poco a poco, acaben reprimiendo muchas de sus conductas, pensamientos y necesidades para «ajustarse» a esa dinámica relacional tan insalubre, tan peligrosa.

Desplazamiento

Este mecanismo de defensa es tan dañino como destructivo. Imaginemos a un padre de familia a quien no le va bien en el trabajo o que tiene un problema con su jefe. En lugar de afrontar el problema y hablar de la situación con la persona responsable, llega a casa y carga toda su ira e insatisfacción con su mujer y sus hijos.

mujer-con-cuerdas

Muchos de nosotros hemos practicado el desplazamiento de algún modo: cuando nos sale mal un examen y llegamos de mal humor a casa, o nos enfadamos con los amigos… Es algo muy común, lo que hacemos en realidad es desviar nuestras emociones negativas desde su foco original hasta un sustituto. ¿Te ha pasado alguna vez?

No dudes en dejarnos tus comentarios y explicarnos si sientes que en alguna ocasión, has sentido o llevado a cabo alguno de estos mecanismos de defensa psicológicos. Mientras te recomendamos leer también 11 rasgos de los padres tóxicos.