En los años setenta, la NASA realizó uno de sus más curiosos experimentos en la estación espacial estadounidense que orbitaba la Tierra, el Skylab (1973-1979), con resultados hasta cierto punto predecibles en cualquier cantina o taberna de nuestro viejo y querido planeta.

La Nasa desarrolló un vino especial para ser probado por los astronautas en el laboratorio espacial, pero algo falló, al abrirlo el olor se extendió por toda la nave, y la reacción de los que bebieron el vino fue desastrosa, incluyendo vómitos flotando por la cabina, en una escena quizás digna de un capítulo de Los Simpson.

vino

La historia se filtró a la prensa y hubo una especie de condena moral que llevó a la agencia espacial estadounidense a prohibir el consumo de alcohol en sus naves.

En la estación espacial rusa MIR (1986-2001) en cambio, parece haber habido cierta flexibilidad en torno al consumo moderado de alcohol por parte de los astronautas. Sin embargo, en el proyecto de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), que comenzó a ensamblarse en 1998, se aplicó la ley seca más o menos de modo estricto hasta 2006, cuando comenzaron a relajarse un poco las normas en torno a la presencia de bebidas en la estación.

La mala bebida

Aunque no haya habido historias en torno al alcohol en la ISS no puede decirse lo mismo de las naves que sirven para subir y bajar de ella: los transbordadores de la NASA y las Soyuz.

En 2007 un incidente entre una mujer astronauta y la novia de un compañero de trabajo que trascendió como escándalo a la prensa estadounidense, llevó a que se abriera una investigación independiente que afirmó que los astronautas violaban las normas de prohibición de ingerir bebidas alcohólicas horas antes de los vuelos en el transbordador, y que en más de una ocasión habían despegado con destino a la ISS envueltos por la resaca. La investigación señaló que también astronautas rusos habían despegado en la Soyuz con niveles de alcohol que en muchos países les hubieran llevado a orillarse en la carretera y a perder su licencia de manejar cohetes.

La investigación no pudo demostrarlo y tanto la agencia espacial rusa como la NASA negaron las acusaciones, pero quedó la sospecha de que en más de una ocasión despegaron con unos tragos de más, lo que pudo haberlos llevado a pasar de largo la estación espacial y seguir “al infinito y más allá”.

Obviamente, el consumo de alcohol no puede ser irrestricto, ya que en general promueve conductas violentas, o en todo caso distiende los reflejos. Por otro lado, la ausencia de gravedad hace difícil superar una resaca y, en caso de vomitar, se hace difícil la privacidad.

bebiendo

De cualquier modo, degustar un paquetito de vino mirando al planeta azul desde la ventanilla debe ser un placer indiscutible. Y por si quieres seguir leyendo temas similares, lee entonces lo que puede comer un astronauta en el espacio.

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