Los hospitales son lugares que, aunque imprescindibles, son muy poco apetecibles. A casi nadie le gusta verse en la necesidad de visitar un hospital, y mucho menos de internarse en él. Pero cuando hablamos de centros de reclusión psiquiátrica, aparecen los temores más terribles, propios de los desvaríos de la mente humana. En la historia nos hemos encontrado con hospitales psiquiátricos aterradores, como el Asilo de Willard para locos crónicos en los Estados Unidos, o el Hospital Psiquiátrico de Trenton, en Nueva Jersey, Estados Unidos. Pero entre ellos, Bedlam el Hospital Psiquiátrico londinense, fue el precursor en la reclusión de pacientes con enfermedades mentales, teniendo con ellos un trato digno de la peor película de terror. En Supercurioso nos animamos a develar esta oscura historia. ¿Nos acompañas?

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Bedlam el Hospital Psiquiátrico se ganó el título de centro del terror, que le ha sobrevivido por siglos. El personal del centro se especializaba en los tratamientos más terroríficos y crueles, que sin duda desencadenaban los más profundos dolores y desvaríos en quien los sufría. Entre ellos, destacaba la terapia de rotación lateral continua, una modalidad que parece sacada de alguna película sádica de terror. Para ejecutarla, el paciente era sentado en una silla suspendida del techo, que giraba hasta 100 rotaciones por minuto, con el fin de inducirle el vómito. La justificación era simple: Se creía que vomitar ayudaba a expulsar los males del cuerpo.

Ahora, la tragedia de las personas recluidas en este siniestro hospital, no se detenía en las terapias. El Bedlam era una institución gubernamental mal financiada, que dependía en gran medida del apoyo financiero de las familias de los pacientes y los donantes privados. Por eso, en el siglo XVIII, Bedlam el Hospital Psiquiátrico terminó convirtiéndose en una especie de circo macabro. 

El Hospital abrió sus puertas para que gente de todo el Reino Unido pudiera ver a los pacientes, hacer turismo en Bedlam y en algunos casos, incluso organizar fiestas entre sus paredes. Los pacientes que no habían perdido por completo la cordura, eran obligados a comportarse como desquiciados, pues sólo ofreciendo una experiencia real para los visitantes, se obtendría el tan esperado financiamiento. Un circo en el que la mente humana y su debilidad, fueron las víctimas principales.

El cambio de rumbo

Pacientes de Bedlam

Pero la oscuridad que se tejía sobre Bedlam el Hospital Psiquiátrico, no fue para siempre. A mediados de 1800, un hombre llamado William Hood se convirtió en médico residente en Bedlam y decidió cambiar completamente la institución. Esperaba crear programas reales de rehabilitación, que servirían a los pacientes del hospital, más que a los administradores. Y lo logró. Tan potente fue su labor, que el hospital fue relocalizado y sigue funcionando en la actualidad, como un psiquiátrico que cumple con su función de ayudar a las personas con trastornos mentales.

Sin embargo, la historia permanece viva, como una muestra de los horrores de los que es capaz el ser humano. En un inmenso palacio, que más parecía una propiedad real que un asilo, se torturaba y martirizaba cruelmente a cientos de seres humanos. Tras la pomposa fachada que en varias oportunidades amenazó con derrumbarse, seguía vivo el espíritu del horror. El Bedlam pudo dejar atrás su pasado y derrumbar sus muros originales. Hoy, en una sede moderna, el hospital forma parte de la Fundación Maudsley NHS y del Sur de Londres. Se ha convertido en una de las instituciones de referencia en el mundo de la psiquiatría, con la documentación más extensa relacionada con la salud mental en el Reino Unido y un notable liderazgo mundial en materia de investigación.

Pero para quienes se apasionan por la historia y gustan de develar los misterios del pasado, el nombre de Bedlam, el Hospital Psiquiátrico, siempre estará asociado a la crueldad, a las conductas inhumanas y al terror. Y tu, ¿Conocías esta oscura historia? ¡Cuéntanos que te ha parecido en un comentario! Y si te gustan estas historias perturbadoras y poco conocidas, no te pierdas el horror de los orfelinatos.

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