La vida de Picasso, como la de otros muchos grandes artistas, está marcada por su relación con las mujeres de su entorno. La feminidad fue sin duda un referente para el pintor malagueño, al punto de dejarse ver con potencia en su obra. Las mujeres de Picasso fueron, en efecto, muchas. Pero una en especial cautiva nuestra atención, pues se distinguía por un intelecto brillante y audaz. Dora Maar pasó por la vida de Picasso dejando la huella de su notable inteligencia.

Hija de un reconocido arquitecto croata, Dora Maar nació en el seno de una familia de buena posición económica. Eso le permitió formarse y posteriormente dedicarse a la fotografía. Gracias al trabajo de su padre diseñando edificios en la República Argentina, Maar aprendió a hablar fluidamente el español. Se trataba de una mujer de inteligencia particular. Era dueña de una visión especial del mundo, que se reflejaba, por ejemplo, en su afición de hacer fotografías a aquellas personas excluídas de la sociedad, aquellos que se conocían como perdedores.

Su vínculo sentimental con el célebre Picasso fue largo y atormentado, pues es de todos conocido que entre las cualidades del pintor no se encontró nunca la fidelidad. Sin embargo, es a Dora Maar a quien se le atribuye la autoría de las imágenes que detallan el proceso de pintura de Guernica, una de las más célebres obras de Picasso. Por este trabajo, se sabe que no recibió ninguna compensación económica, ni siquiera los derechos de autor. Esta fotógrafa surrealista se ganó un nombre propio en los círculos de intelectuales y artistas de París. Acompáñanos en Supercurioso a explorar los detalles de la vida de esta singular mujer.

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Quién fue Dora Maar, la fotógrafa surrealista musa de Picasso

Dora Maar | La fotógrafa surrealista musa de Picasso

Quién fue Pablo Picasso y lo que supone en la historia del arte puede resumirse diciendo que fue el padre del cubismo y uno de los creadores más influyentes del siglo XX. Trabajó como pintor, escultor, ceramista, grabador e incluso como escenógrafo o dramaturgo y poeta. Entre las frases más célebres de Picasso destaca la que reza: «El amor es el mayor aperitivo de la vida.» En efecto, el artista vivió rodeado de los más variados e intensos romances. Sus compañeras sentimentales sirvieron de musas a su arte, y lo llevaron por los caminos del derroche y los excesos.

Entre ellas destacó Dora Maar, como una de sus más brillantes parejas. Ambos compartieron una relación sentimental que duró nueve años y que eclipsó su trabajo como fotógrafa. Siendo la mujer de un pintor que ya se conocía como una leyenda viva, la obra de Maar quedó en un papel secundario. Sin embargo, la modernidad le ha retribuido parte de los méritos que bien supo ganarse, pues ha sido reconocida, exponiéndose su obra en diferentes ciudades.

El biógrafo de Picasso, el escritor estadounidense James Lord describió a Dora Maar como «una mujer hermosa, con una nariz fuerte y recta, labios escarlatas perfectos, la barbilla firme, la mandíbula un poco pesada y más contundente por ser así, un rico cabello castaño recogido suavemente y pestañas como las antenas peludas de las polillas.» Por su parte, Victoria Combalía, una historiadora y crítica de arte que se dedicó al estudio de la vida de Dora Maar, la describe como una joven astuta, intelectual y un tanto extravagante.

Entre las anécdotas que la involucran, destaca la que narra la forma en que se conocieron ella y Picasso. Fue en el año 1936. Dora se encontraba en el mítico café Les Deux Magots, jugando a algo que a ella le resultaría muy simpático. Con su mano abierta y encima de la mesa, jugaba con una navaja que llevaba siempre en el bolso, a ver si se daba en los dedos o no. A pesar de que sus dedos sangraban, ella no detenía el juego. Picasso quedó prendado y le pidió sus guantes. Ella tenía 29 años y él 55, y ya era muy reconocido en el mundo del arte. La pasión amorosa estalló en ellos con fuerza y tuvieron un entendimiento intelectual como nunca antes lo había tenido Picasso con ninguna otra mujer.

¿Cuál es la historia de Dora Maar?

Dora Maar | La fotógrafa surrealista musa de Picasso

Henriette Theodora Markovitch, conocida como Dora Maar, nació en Tours el 22 de noviembre de 1907 en el seno de una familia burguesa. Su padre era un arquitecto de origen croata y su madre una violinista francesa. Vivió en Argentina entre los 3 y los 23 años, por lo que dominaba el español con la misma destreza que el francés.  De regreso a París, en 1926, se matriculó en la Unión Central de Artes Decorativas y en la Escuela de Fotografía de París. También estudió en la École des Beaux-Arts y en la Académie Julian, que admitían tanto hombres como mujeres.

Su padre la ayudó económicamente en sus primeros años de preparación. En 1932 su obra fotográfica fue publicada por primera vez en la revista Art et Métiers Graphiques y su primera exposición individual tuvo lugar en la Galerie Vanderberg de París. Alineada con el surrealismo que militaba en la izquierda, se volvió activa políticamente. En 1936 conoció a Pablo Picasso y el flechazo fue mutuo. Iniciaron una relación en la que ella se convirtió en su compañera y su musa. Su familia se opuso de forma tajante a este vínculo sentimental, pero esto no logró que Dora desistiera de su pasión.

Importancia de la fotógrafa en la obra de Picasso

En su estudio

Si algo destacó siempre en la obra del legendario Picasso, fue su habilidad para transformar sus romances y pasiones en arte. Dora Maar es muestra de ello. Durante los años en que fueron pareja, ella sirvió de inspiración y musa para muchas de sus obras. En los retratos que el pintor hizo sobre ella, la mostraba como una mujer torturada y angustiada, en muchas ocasiones llorando. Picasso la tomaba como modelo vivo del dolor y el sufrimiento. Sin embargo, la propia Dora afirmó que «todos los retratos míos son mentira. Son Picassos. Ninguno es Dora Maar».

Fue ella quien, trabajando al unísono con el pintor, acompañaría todo el proceso creativo que daría lugar a la creación de Guernica, uno de los cuadros de Picasso más reconocidos. Dora Maar, armada con su cámara fotográfica, captó la esencia de la obra desde su boceto hasta su pincelada final. Toda la pintura se realizó entre mayo y junio de 1937.

El declive de su amor con Picasso

Picasso y el Guernica fotografiados

Pese a que la joven apostó por Picasso, poniendo todo de si misma en esta relación, se trató en definitiva de un vínculo en el que los abusos psicológicos y físicos nunca cesaron. El pintor nunca conoció de fidelidad, así que con frecuencia tenía romances con otras mujeres. Sin embargo, el declive final llegó en 1943, cuando Picasso conoció a Francoise Gillot, por quien abandonó a Dora Maar. Siguieron teniendo encuentros de forma interrumpida hasta tres años después, en 1946.

A pesar de que era una mujer aún muy joven cuando ocurrió la ruptura con Picasso, Dora Maar cerró su corazón al amor de forma radical y más grave aún, cayó en un abismo de depresión del que nunca lograría recuperarse del todo. Pasó por montones de psiquiatras y hospitales, llegando incluso a someterse a terapias de electroschock en las instalaciones del hospital Sainte-Anne. Luego de la mayor de sus crisis, se recluyó en su departamento de París, donde decidió aislarse del mundo.

Aquí desarrolló un pequeño taller en el que volvería a pintar. Entre las décadas de 1960 y 1970 se encerró en sus propios recuerdos, explorando un estilo de pintura abstracta en el que predominaban los colores brillantes. Las obras de esta etapa de su vida permanecieron en la seguridad de su hogar hasta después de la muerte de la artista. En su testamento quedaron montones de fotografías y más de 130 cuadros de Picasso. Sólo llegó a vender algunos, para cubrir sus gastos.

Dora Maar marcó su vida por el vínculo con Picasso. Luego de esos nueve años de relación nunca logró recuperarse y abrirse de nuevo al amor y al mundo. Se encerró en su departamento parisino y murió en completa soledad en 1984, a sus 87 años. A pesar de su triste final, esta fotógrafa y pintora surrealista dejó el legado de una obra en la que se dejaba ver su talento y sello propio. Los cuadros y fotografías hallados en su estudio después de su muerte, sirvieron para rendir honor a una mujer brillante y a una artista auténtica que vivió siempre bajo la sombra de Picasso, y cuyo reconocimiento, aunque tardío, al fin llegó.

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