Bien decía el legendario emperador Napoleón Bonaparte, en una de las más célebres frases sobre la perseverancia, que «A veces hay que retroceder dos pasos para avanzar uno». En efecto, son muchos los que coinciden en que la receta del éxito habrá de tener dirección, foco, objetivos, empuje y hasta suerte en mayor o menor medida. Pero lo que no puede faltar jamás es la perseverancia. Y es justo de esa capacidad que tiene o desarrolla el hombre para dar un paso tras otro, en busca de una meta, de lo que nos habla el cuento del bambú japonés. El país del sol naciente es dueño de una cultura abundante, ancestral y rica. Ya en otras oportunidades te hemos contado sobre las tradiciones y leyendas japonesas más interesantes. Pero hoy en Supercurioso hemos querido mostrarte la belleza y grandes lecciones que hay detrás de la metáfora del bambú japonés. ¿Estás listo? ¡Pues empecemos!

¿Cuál es la metáfora del bambú japonés?

metafora del bambu japones

En el mundo en que vivimos, la vorágine de la velocidad nos arropa. Grandes ciudades, vías alucinantes, vehículos que avanzan y contaminan, oficinas repletas de personas, cadenas de comida cada vez más rápida… La paciencia se ha convertido en un bien escaso y escurridizo, y todos estamos convencidos de que el éxito lo es más, si también se consigue con velocidad. 

La metáfora del bambú japonés viene justamente a llamar nuestra atención sobre este punto, recordándonos algo que se erige como una realidad universal: los logros, grandes o pequeños, requieren de tiempo, de etapas y procesos. El cuento del bambú japonés nos ofrece una clase magistral sobre la vida, que bien vale la pena tener presente en nuestra cotidianidad.

Sobre su historia

El bambú es una de las plantas más abundantes y hermosas del Japón. Para ejemplificarlo, basta con recordar espacios de ensueño como el bosque de bambú de Arashiyama. Pero esta planta, que se extiende a lo largo y ancho de la nación insular, puede ser la de cultivo más rápido o más lento de todo el reino vegetal, según el cristal con el que se mire. Y de esa aparente contradicción surge la metáfora del bambú japonés.

Aunque se abone y se riegue todos los días, el bambú no crece rápidamente. Un sembrador novato puede caer muy pronto en la frustración, al darse cuenta de que pasan los días y los meses, y sus semillas de bambú no presentan ningún cambio. Quizás culpará a las propias semillas o a la tierra poco fértil. Tal vez pensará que es un asunto del clima o las condiciones del ambiente, que han impedido que la semilla germine a sus anchas.

Pero el cuento del bambú japonés nos revela algo muy distinto a lo que a simple vista podemos apreciar. En esos primeros tiempos la planta no está paralizada. Al contrario, crece y mucho, pero lo hace hacia el interior de la tierra. La metáfora del bambú japonés nos narra como las raíces del bambú se van haciendo gruesas y fuertes, extendiéndose por debajo de la tierra durante siete largos años.

Una vez pasado ese larguísimo período, el bambú por fin ha alcanzado la preparación que necesita. Entonces, de un momento a otro está listo para exteriorizar su crecimiento. Quienes han tenido la suerte de ser testigos del crecimiento del bambú, refieren que puede llegar a crecer hasta un metro por día. En apenas seis semanas, las raíces que antes no mostraban ni un pequeño tallo, explotan hasta elevarse a unos treinta metros de altura. Un crecimiento alucinante y para el que la planta preparó sus raíces por largas jornadas.

Reflexiones sobre el cuento del bambú japonés

reflexiones del cuento del bambu japones

La metáfora del bambú japonés es una de esas fábulas en las que se nos regalan valiosas lecciones de vida. Durante siete años el bambú se prepara para crecer. Aunque para el mundo exterior parece estar paralizado, en realidad está fortaleciéndose, ganando la potencia necesaria para después poder soportar su crecimiento. Durante esos años, si se descuida al árbol, toda la inversión de tiempo se habrá perdido. La clave es tener la suficiente perseverancia para sobrellevar el tiempo de su preparación. Una vez transcurrido, los frutos se ven con la velocidad fenomenal.

El cuento del bambú japonés puede ser perfectamente aplicado a nuestra vida. En incontables ocasiones iniciamos un proyecto y al no encontrar los resultados esperados con la velocidad que quisiéramos, simplemente perdemos motivación y lo abandonamos. Y esto pasa en todas las áreas de la vida humana, desde empezar un negocio, estudiar una nueva carrera o simplemente hacer una dieta para bajar de peso. Tenemos tanta necesidad de que los resultados se produzcan de manera inmediata, que ello no pocas veces nos conduce al fracaso.

La metáfora del bambú japonés viene a recordarnos la importancia de darle tiempo al tiempo. De prepararnos de manera constante, consecuente y perseverante. De no dejarnos vencer por los obstáculos o los reveses de momento. De tener la suficiente convicción para avanzar en un camino en el que encontraremos obstáculos, pero también satisfacciones. Muchos de nuestros objetivos, sobre todo los que son más difíciles y en los que se necesita invertir dedicación y tiempo, son precisamente los más parecidos al bambú. ¿Somos conscientes del valor que tienen para nosotros, para nuestra vida? ¿Estamos verdaderamente dispuestos a luchar por ellos? De allí parte en verdad el secreto del éxito, sea cual sea la definición personal que cada uno tenga de ello.

Bien dijo el atleta jamaiquino Usain Bolt en torno a la perseverancia: «Yo entrenaba cuatro años para correr solo nueve segundos. Hay personas que por no ver resultados en dos meses, se rinden y lo dejan. A veces el fracaso se lo busca uno mismo». Una buena frase para reflexionar, ¿No es así?

Y tú, ¿Conocías la metáfora del bambú japonés? ¿Eres de los que entrena la perseverancia, o más bien de los que pierde la motivación con facilidad? Anímate a dejarnos tus opiniones en un comentario. ¡Estaremos deseando leerte! Y si te ha llamado la atención el proceso de la vida del bambú, seguro te gustará nuestro artículo sobre los 5 árboles más viejos de la Tierra.

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