Desde los tiempos más lejanos, la humanidad ha hablado sobre las brujas. Las ha imaginado, recreado, perseguido y asesinado a mansalva, mediante juicios sin ningún tipo de sustento. Basta, por ejemplo, con recordar la barbarie del caso de las brujas de Salem, o los atroces hechos ejecutados por la Inquisición, para comprender como el fanatismo religioso absurdo puede llevar a las personas a cometer crueldades inimaginables. La leche de brujas o galactorrea es uno de esos fenómenos de origen biológico, que ha tenido que sobrellevar el peso de los mitos y creencias más descabellados. Pasa con esto algo similar a la maldición que fue en tiempos antiguos el simple hecho de ser zurdo. Acompáñanos en Supercurioso a conocer qué es y cuáles son los mitos que se tejen alrededor del fenómeno de la leche de brujas.

¿Qué es la leche de brujas?

La leche de brujas, también conocida bajo el nombre científico de galactorrea, es un término con el cual se define a la leche que sale por los pezones de algunos recién nacidos. Se trata de un evento que ocurre tan solo en aproximadamente un 5% de los nacimientos y es justo esta rareza lo que hizo que fuese considerado como un símbolo del mal. Generalmente, desaparece por sí mismo, a las dos o tres semanas del nacimiento del bebé.

Pero, ¿Por qué ocurre la galactorrea? Pues el fenómeno es generado por una elevación temporal de las hormonas maternas, que atraviesan la placenta y producen ese efecto en el feto. Después de que el niño nace, ocurre un crecimiento en sus pechos, y de los pezones le sale una secreción blanquecina. La condición puede estar presente tanto en niñas como en niños, en virtud de que ambos desarrollan glándulas mamarias. La leche de brujas suele ser bastante más común en bebés que han nacido a término o en aquellos que han tardado más de las 40 semanas acostumbradas.

La leyenda en torno a la leche de brujas

Leche de brujas

En la época medieval se creía que esta leche de brujas, aquella que salía de los pezones de algunos neonatos, era efecto del encantamiento de alguna bruja. Pensaban que los «familiares» (animales que acompañaban a las brujas y las ayudaban) se alimentaban de ese fluido. Para impedir que pudieran hacerlo, solía ponerse en la cuna del bebé algún objeto con el fin de distraer la atención del familiar de la bruja y conseguir que no se alimentase. También podían poner muñecos para simular que había una persona con el niño, ya que se creía que aprovechaban que el bebé estaba sin vigilancia para proceder a la extracción.

Esta absurda creencia no es extraña para la mentalidad de la época en que se pensaba que las brujas también alimentaban a esos familiares con la leche de pezones suplementarios o de la que salía de sus verrugas. Por ese motivo, dos de las marcas que denotaban que una mujer era una bruja era la Politelia y el tener muchas verrugas. Tan barbáricas eran las creencias estrechas y fanáticas de la época que, incluso, muchos recién nacidos que padecían de la condición de leche de brujas, eran vistos como símbolos y presas del mal.

Y, tal como pasa con muchas otras leyendas y mitos antiguos, la creencia en relación con la leche de brujas ha sido heredada hasta nuestros días. Aun algunos padres y abuelos creen que esta secreción en los bebés puede ser una fuente de alimento para los espíritus oscuros o del mal. Entonces, se colocan muñecas de trapo o de paja en la cuna de los recién nacidos, para de esa forma ahuyentar a los espíritus que quieran acercarse y alimentarse de los pezones del bebé.

¿Cómo tratar la galactorrea?

galactorrea

Más allá de los mitos y leyendas sobre brujas, espectros, demonios y fantasmas, que llevaron a miles de personas a sufrir espantosas torturas o a morir en la hoguera, la ciencia moderna ha lanzado luces sobre el fenómeno de la leche de brujas. La galactorrea no es más que la elevación de la hormona femenina en el organismo del recién nacido. Sobre su tratamiento, son muchos los que creen que la solución es apretar o vaciar todo el contenido de leche que tienen los pechos del bebé, para así evitar que sigan creciendo.

Los médicos pediatras defienden que lo correcto es justo lo contrario. Cuando un bebé presenta leche de brujas o galactorrea, lo que se debe hacer es no drenarlos, masajearlos u ordeñarlos para sacar su contenido. Esta práctica puede generar consecuencias muy negativas para la salud del bebé. Desde una infección común, hasta otro proceso infeccioso más grave a nivel de las mamas, conocido como mastitis. La estimulación del pezón del recién nacido, lejos de detener el proceso, puede generar la producción de más secreción.

Es fundamental en este sentido que los padres consulten a su médico pediatra de confianza, quien les instruirá sobre las medidas de higiene que deberán tenerse para el aseo del bebé. Recordemos que la galactorrea es una condición transitoria, que sin ejecutar ningún tratamiento, desaparece por sí misma al cabo de las dos o tres semanas de vida del bebé. Solo debe tenerse paciencia y documentarse lo suficiente para no cometer errores que generen complicaciones mayores.

La leyenda de la leche de brujas no es más que la comprobación de cuan estrecha puede resultar la mente humana, cuando se deja someter por fundamentalismos y fanatismos sin sentido. La Edad Media fue quizás de los períodos históricos con más anécdotas en este sentido. Con más acciones plenas de incoherencia, en las que la crueldad y la falta de razón terminaron por vencer al entendimiento y la humanidad.

Y tú, ¿Conocías la historia de la leche de brujas? ¿Sabías que su nombre científico es galactorrea, y no requiere de ningún tratamiento? Anímate a dejarnos tus opiniones en un comentario. Y si te ha interesado este artículo, quizá quieras leer otro post sobre los «familiares» relacionados con la brujería: Los espíritus familiares de las brujas encarnados en animales domésticos. O quizás te animes a conocer la perturbadora historia de Lilias Adie, la mujer que confesó tener relaciones con el diablo.

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