La mitología griega despierta una fascinación única que en Supercurioso no sabemos ni queremos ignorar. En anteriores ocasiones hemos hablado de distintos Mitos Griegos, pero hoy queremos centrarnos en una historia que pocos conocen, a pesar de que sigue estando muy presente en nuestros días: el mito de Ícaro. El principal motivo de su resonancia en la actualidad son las muchas interpretaciones de del relato pueden extraerse, a pesar de su brevedad. ¿Nos acompañas a descubrirlo?

Conoce el mito de Ícaro, el reflejo de los deseos humanos

El mito de Ícaro | Un reflejo de los Deseos Humanos

1. Los orígenes del mito de Ícaro

Ícaro era el hijo del gran escultor y arquitecto, Dédalo. El mejor de toda Grecia. Estaba tan seguro de esto, que cuando su sobrino (para ese momento su discípulo) inventó una herramienta llamada sierra, Dédalo enfureció, pues no aceptaba que nadie más lo superara. Ciego por la rabia, Dédalo citó a su sobrino en lo alto de la Acrópolis, y desde allí lo lanzó, llevándolo a la muerte.

Debido al asesinato, Dédalo fue obligado a abandonar Atenas. Así que encontró refugio en la isla de Creta, donde gobernaba el rey Minos. En esta isla habitaba un horrible monstruo, el Minotauro, mitad hombre mitad toro, que según algunas historias era hijo de la esposa de Minos con el toro blanco. Así que al cabo de un tiempo, Minos pidió a Dédalo que construyera un laberinto, en el cual se encerraría al Minotauro. Dédalo hizo el laberinto con muchos pasillos, de tal manera que era prácticamente imposible hallar la salida.

El problema principal del Minotauro es que se alimentaba de carne humana, y Minos se encargaba de enviarle tanto doncellas como hombres. Teseo fue uno de los hombres que iba a ser comida de la bestia, pero Ariadna, hija de Minos, estaba enamorada de él, y pidió a Dédalo que la ayudara a salvarlo. Así, Teseo con la intención de matar al Minotauro, logra salir del laberinto y Minos enfurece, encerrando en el laberinto a Dédalo y a Ícaro. Así es como comienza el mito de Ícaro. Puedes profundizar más en esta historia echando un vistazo a nuestros artículos sobre el Mito del Minotauro y la relación entre Teseo y Ariadna.

2. El Mito de Ícaro

Luego de pasar mucho tiempo encerrados, Dédalo tuvo una idea. Se le ocurrió decir que iba a hacer una ofrenda al Rey Minos, y que necesitaba plumas y cera. Con estos materiales creó unas alas para su hijo y para él, tratando de imitar a las aves, y así poder salir volando. Pero antes de emprender el vuelo, Dédalo previno a Ícaro de que durante el viaje no debía acercarse mucho al sol, ya que el calor derretiría la cera. También le dijo que no podía acercarse mucho al mar, porque el agua mojaría las alas.

Una vez ambos comprobaron que podían volar, iniciaron el vuelo, pero después de un rato, Ícaro, se entusiasmó y olvidó las advertencias de su padre. Así, comenzó a volar cada vez más alto y más lejos, propiciando lo que Dédalo le había prohibido. La cera se derritió y las plumas se fueron cayendo, lo que causó que Ícaro perdiera altura a pesar de su esfuerzo por mover sus brazos. Finalmente, cayó al mar y murió, dejando a Dédalo sumido en un terrible dolor.

3. ¿Qué refleja el mito de Ícaro?

Cuando hablamos de mitos griegos, por lo general tratan sobre Dioses Griegos, pero esta vez, la historia va dirigida a dos personajes que tienen más parecido a los hombres que a los dioses. Podemos encontrar en el mito de Ícaro varias reflexiones que procedemos a exponer a continuación.

El mito de Ícaro | Un reflejo de los Deseos Humanos

La juventud

Ícaro, como buen joven, era impulsivo y se dejaba influenciar fácilmente. Cuando emprende el vuelo y comienza a maravillarse con todo lo que comienza a ver y descubrir, olvida por completo lo que su padre le dice (algo que en la actualidad no es en absoluto de extrañar). Podría entonces hacerse la siguiente lectura: quienes, como símbolo de rebeldía o desinterés, ignoran las advertencias de sus padres, pueden llegar a cometer terribles errores.

La ambición

A Dédalo, por su parte, no le importó el riesgo en que ponía ambas vidas, ya que estaba completamente seguro del éxito de su invento. Desde el inicio, su ambición fue lo que lo llevó a quedar atrapado en una isla, cuando decidió asesinar a su sobrino. La humanidad llega a ser muy perversa cuando de ambición se trata, es el peor mal, y uno de los que más abunda. Recuerda que una cosa es querer mejorar tu vida, y otra es llegar a obtener tus objetivos dañando a los demás.

El mito de Ícaro nos enseña cómo la humanidad desde los inicios ha cometido errores. No podemos decir que la juventud es un error, pero sí una etapa en la que hacemos muchas locuras y prestamos muy poca atención. Por otra parte, la ambición descontrolada nos puede no sólo perjudicar a nosotros sino también a los demás, y esto puede destruirnos tarde o temprano.

Y, tras estas reflexiones finales, ponemos fin a nuestra divagación acerca del mito de Ícaro. Déjanos un comentario y dinos. ¿Conocías ya su historia? ¿Cuál es la lectura particular que extraes tú del mito? Respóndenos con tus aportaciones, ¡estaremos encantados de leerlas!

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