¿Has escuchado alguna vez sobre la optografía? Tal vez el término no te suene, aunque fue muy popular en el siglo XIX, cuando médicos y biólogos se dedicaban a buscar los optogramas en los ojos de las personas que habían muerto recientemente. ¿Te parece raro? Pues a nosotros también, por eso en Supercurioso hemos emprendido una investigación para entender cómo se originó esta ciencia y qué fue de ella.

¿Qué es la optografía? Las imágenes que se quedan en nuestra retina

Tal vez te parezca una cosa de ciencia ficción, pero hace no tanto, digamos, para ubicarlo adecuadamente, a finales del siglo pasado, los médicos estudiaban los ojos de los fallecidos y, sobre todo, los asesinados, en busca de la última imagen que habían visto, pues se creía que los ojos eran capaces de tomar una fotografía de lo último que habían visto. 

El método de la optografía o los optogramas estuvo de moda ante la posibilidad de captar en la retina de los fallecidos la imagen de esa última persona que tuvo en frente. Durante la época de los crímenes de Jack el destripador, fueron muchos los que se esforzaron en desarrollar unas cámaras lo suficientemente potentes para desentrañar posibles pistas en las cristalinas pero opacas retinas de las pobres prostitutas asesinadas. Pero para desgracia de Scotland Yard y de la alarmada sociedad de la época, jamás se descubrió al asesino y aún menos se lograron resultados en la técnica de los optogramas.

Pero los años arrancan hojas a los árboles y velos a la ciencia, y el hombre, siempre imparable en su afán de superación, siguió indagando en esta técnica a medio camino entre la ciencia ficción y la parapsicología para mostrarnos por fin los últimos avances y descubrimientos. La retina humana sigue siendo un espejo que refleja ese otro mundo que las personas captamos mediante los ojos, entonces ¿es posible descubrir qué se esconde en las miradas ajenas a través de los optogramas como si fuera una de esas enfermedades que puedes detectar mirando a los ojos?

1. Orígenes de la optografía

Aunque olvidada, la optografía fue muy famosa durante el siglo XIX. En la actualidad, algunos científicos comienzan a experimentar con esta técnica y nuevas herramientas. 

La técnica de los optogramas fue un recurso que ya introdujo el genial y visionario Julio Verne, en la novela Los hermanos Kip, donde se logra exculpar a los dos protagonistas de una acusación de asesinato con esta ciencia de la fotografía en la retina, gracias a que el rostro del muerto conservaba aún en sus ojos, la imagen de los culpables. Pero esto no fueron todas invenciones suyas, sino el retrato de los usos y modos de una época. Sin embargo, los verdaderos orígenes de la optografía, la ciencia de los optogramas, los encontramos un poco más atrás, en el siglo XVII, cuando el fraile Christopher Shiener propuso por primera vez que las últimas imágenes que un hombre veía quedaban grabadas en los ojos, y estas podían ser detectadas y estudiadas después de su muerte. 

Shiener afirmaba haber visto una imagen grabada en la retina de una rena que se encontraba disecando, lo que le hizo intuir que el animal había grabado lo último que había visto, sin saber cómo explicar lo que había sucedido. Las ideas de este fraile, no obstante, no tuvieron mayores repercusiones sino hasta el nacimiento de la fotografía, en la tercera década del siglo siguiente, cuando el hombre se dio cuenta de que era posible detener el tiempo en una imagen: la fotografía. Entonces retomaron estas curiosidades de los ojos. 

Para la década de los cuarenta ya era popular hablar de la optografía, aunque no se conocía todavía un método exacto para revelar la imagen que, según quienes lo aupaban, quedaba grabada en el ojo de un occiso. Para la década de los 70, Franz Christian Boll, fisiólogo de profesión, se encontraba en otras investigaciones de la retina cuando descubrió un pigmento en el ojo que se decoloraba al ser expuesto a la luz y se regeneraba con la oscuridad. 

A partir de este descubrimiento, Wilhelm Friedrich Kühne, un profesor de la universidad de Alemania interpretó que el pigmento de Boll había descubierto, más la reacción fotoquímica, era lo que hacía que se preservara una imagen en el ojo durante el momento de la muerte, como una fotografía instantánea de nuestro glóbulo ocular. Esto hizo que este profesor comenzara todo tipo de experimentos con la esperanza de dar en el clavo de la optografía y los optogramas. 

Sus experimentos no fueron completamente exitosos, pero lo convirtieron en la personalidad más prominente en el área. En 1880 logró su mayor avance en el campo de los optogramas, que fue sacar una imagen de los ojos de un hombre que habían decapitado. Sin embargo, todos sus esfuerzos terminaron en frustraciones, y la optografía fue, poco a poco, quedando en el olvido o perdiendo importancia dentro de las ciencias forenses.

2. La ciencia de los optogramas, una teoría fallida

La optografía buscaba resolver asesinatos a través de esta técnica, intentando encontrar el rostro de los asesinos en los ojos de las víctimas. 

Pese a los intentos fallidos de diversos científicos durante el siglo XIX, la verdad es que lo que hay detrás de esta idea no es tan descabellado ni inexacto. Después de todo la pupila -según los expertos en el área- es como un espejo negro donde quedan impresas las imágenes, en las que basta aplicar una buena ampliación y un buen contraste para que aparezcan las imágenes. Pero, ¿es posible develar el reflejo en los ojos como si se tratara del hombre que develaba fantasmas en las fotografías?

Hoy en día sí la tenemos, pero esto no quiere decir que se puedan recuperar las imágenes que vieron las personas antes de morir. Esta teoría, al no poder comprobarse, quedó en el olvido al que van a parar las teorías científicas fallidas. Es por ello, pues, que son teorías, para verificarse o desecharse, es eso lo que determina el avance de la ciencia.

Sin embargo, dos investigadores británicos, recientemente hicieron posible el uso de la técnica de la optografía para develar lo que ve el ojo humano, no como una fotografía de lo que vio, sino de lo que está viendo en un momento en específico. ¿Cómo? Sencillo, haciendo zoom en la fotografía del rostro de una persona.

En realidad, la técnica de la optografía es muy sencilla, basta con que nos hagamos una fotografía con una cámara relativamente buena, entre 20 y 39 megapixeles de resolución. Una vez realizada la fotografía, los científicos la pasan por un programa para alcanzar la córnea de los fotografiados y aplicar un zoom específico. Los resultados son asombrosos, las personas que participaron en las pruebas y que aportaron varias de sus fotografías -incluyendo las de carnet- descubrieron cómo aparecían ante ellos las siluetas de aquellos que les acompañaban en el momento de hacerles la fotografía.

Para poder recuperar las imágenes  del reflejo de la retina, eso sí, debemos aumentar hasta 30.000 veces nuestra propia cara.  Y sí, resulta tan fantástico como aterrador, pues se pueden  reconocer rostros humanos demostrando el poder de las buenas cámaras para obtener este tipo de sobrecogedoras imágenes. Por supuesto, hace un par de siglos los científicos que estudiaban la optografía no contaban con esta tecnología.

3. La optografía en la actualidad

Optografía y optogramas.
Con el zoom y el contraste adecuado, todos podemos identificar las imágenes que la optografía soñó. 

Según Jenkins y Kerr, quienes trajeron a la actualidad la optografía y el estudio moderno de los optogramas, el uso de esta técnica puede servir como una herramienta excelente para los forenses. Por ejemplo, para resolver delitos como secuestros o la producción de pornografía infantil. Bastaría tomar un buen retrato de la víctima y, utilizando la técnica de los optogramas, podríamos toparnos con quien se encuentra del otro lado de la cámara: estas imágenes pueden mostrarnos al delincuente. Puede abrir esperanzadores caminos para cazar a esos depredadores que fotografían a los niños para obtener pornografía, o en esos otros casos en que los secuestradores hacen una fotografía de sus víctimas para enviarlas a los familiares. El tema es prometedor.

Claro, no como se pensó en un comienzo, a través de los cadáveres, sino de una simple imagen. Una imagen cualquiera, que puede contener mucho más de lo que se cree. Por los momentos, el uso de esta técnica parece estar a la vuelta de la esquina, pues los experimentos con la optografía han resultado más atractivos de lo que se esperaba. Pero eso sí, esto también implica que tendrás que tener más cuidado con las fotografías que publicas, pues en ella no solo mostrarás la imagen, sino lo que se esconde en los ojos. Aunque quizá no tengas tanto de que preocuparte, después de todo esta tecnología no está al alcance de todo el mundo, por ahora.

Seguro que ahora tienes otra opinión sobre la optografía, ¿conocías esta peculiar técnica? Desde Supercurioso nos esforzamos siempre en llevarte la mejor información, por eso realizamos una investigación antes de realizar cada artículo. ¿Te ha gustado nuestro artículo sobre los optogramas? Déjanos tu opinión en los comentarios, ¡estaremos deseando leerte!

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