No todo lo que parece ciencia es ciencia, y no vamos a hablarte de lo que sus detractores califican como pseudociencias (la astrología, la parapsicología, la cartomancia, etc.), o de disciplinas que algunos puristas extremos consideran más del lado de las humanidades que del mundo científico, como la psicología o la sociología y hasta la economía; no, vamos a hablarte de estudios que son supuestamente avalados por la ciencia, parece ciencia, pero verdaderamente no cumplen con los requisitos para ser considerados ciencia.

No todo lo que parece ciencia es ciencia, según la ciencia…

En años recientes se ha hecho relativamente común ver estudios sobre un tema acreditados por universidades y publicaciones científicas serias y, poco tiempo después ver otros estudios publicados también en revistas prestigiosas y apoyados por centros académicos o de investigación, afirmando completamente lo contrario que el estudio anterior.

Éste vendría a ser apenas uno de los síntomas de un problema de mayor magnitud, relacionado con la pérdida de confiabilidad de un gran número de estudios científicos, debido a que no cumplen a cabalidad con todos los pasos para no sólo parecer ciencia, sino también serlo.

Una de las garantías de que un estudio científico es completamente serio consiste en la posibilidad de que otro equipo pueda reproducir aquello que afirma, siguiendo o replicando los pasos del equipo original. A esto se le llama principio de reproductibilidad. Un principio que aparentemente no se ha venido cumpliendo en muchísimas estudios recientes, tal y como señala un grupo de investigadores de Estados Unidos, Reino Unido y Holanda, en un manifiesto publicado en la revista Nature y en el que se aboga por un retorno a las reglas fundamentales que aseguran una buena práctica de la investigación científica.

No todo lo que parece ciencia es ciencia, según la ciencia…

Uno de los principales autores de este Manifiesto para la ciencia reproducible, el Dr. John Ioannidis, de la Universidad de Stanford, publicó un estudio en 2013 en el que señalaba que al menos un 95% de investigaciones evaluadas podían ser falsas. Y más recientemente otra revisión invalidó miles de estudios de neurociencia realizados utilizando técnicas de resonancia magnética. Ioannidis es pionero de una disciplina conocida como metaciencia, que estudia los principios y la metodología que puede garantizar un buen desempeño científico.

Factores que hacen que una investigación que parece ciencia realmente no lo sea: la incapacidad para reproducir el experimento por parte de un equipo independiente, un mal diseño del experimento, una investigación sesgada (en la que se descarten los resultados que contradigan la hipótesis que se pretende demostrar, por ejemplo), la falta de transparencia en el acceso a los datos “crudos” y un procesamiento erróneo de las estadísticas.

A esto habría que agregar la presión en universidades y otros centros de investigación porque los científicos publiquen con mucha frecuencia, sumado a la búsqueda por parte de las revistas científicas de materiales y estudios atractivos o sorprendentes, sin que éstos hayan sido debidamente verificados.

Ioannidis no está solo en sus apreciaciones; según una encuesta realizada por la revista Nature, al menos un 90% de la comunidad científica acepta que hay una crisis de reproductibilidad en las ciencias. Ioannidis señala:

“Antes se analizaban los datos en bruto, los autores iban a las Academias a reproducir sus experimentos delante de todo el mundo, pero ahora esto se ha perdido porque los estudios se basan en seis millones de folios de datos brutos”.

En el manifiesto los investigadores proponen una serie de medidas para revertir esta situación: protocolos más estrictos para la realización de la investigación, mejorar la calidad de los informes, publicación o un mejor acceso a los datos brutos de la investigación (para facilitar la reproducción del experimento), y una mayor colaboración entre investigadores y entre los centros de investigación.

En fin, volvamos al título: no todo lo que parece ciencia es ciencia, pero la ciencia, la metaciencia, está luchando por cambiar esta situación.

Quédate un rato más en Supercurioso, y lee ¿Por qué soñamos?

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