Hace unos días descubrimos algunas de las maldiciones más famosas de la historia, la maldición de Tecumseh, que afecta a los presidentes estadounidenses elegidos o reelegidos en los años divisibles por 20 o acabados en 0 y la del ‘My Way’ de Sinatra, que se cobró la vida de seis personas en el año 2000. Pero todavía hay más maldiciones, como las que afectan a los reyes. Nuestros protagonistas son la familia Romanov y Victor Manuel II de Italia. ¿Quieres conocerlas?

La Maldición de los Romanov

Nicolas II Rusia

Los Romanov permanecieron durante más de tres siglos al frente de Rusia, entre 1613 y 1917, cuando la revolución bolchevique acabó con su reinado al frente del imperio. 304 años dan para mucho, y como otras familias reales la tragedia ha acompañado a esta familia aunque de forma especial. Los defensores de esta maldición hablan de más de 280 muertes, accidentes y enfermedades, aunque sus detractores añaden que el clan de los Romanov era muy numeroso y que su actividad política los exponía al peligro.

Especialmente trágico es el penúltimo episodio de los Romanov. Nicolás II, el último zar, empezó con mal pie ya que en sus actos de coronación murieron 2.000 personas en una estampida. Influido por el célebre Rasputin -que contribuyó a la caída del clan-, su reinado tampoco acabó mucho mejor: toda la familia real murió asesinada durante la Revolución Bolchevique. Aunque se especuló con que su hija Anastasia (entonces tenía 17 años) sobrevivió, años más tarde se certificó que el clan entero murió.

La boda más trágica de la historia

Si has hecho algún viaje a Roma, seguro que te has fijado en el Monumento a Vittorio Emmanuel II, el Altar de la Patria, en honor a Victor Manuel II, el primer rey de la Italia unificada. Pues bien, lejos de ser recordado como un gran momento en su vida, la boda de su hijo quedó empañada por una serie de muertes, a cada cual más surrealista.

Victor Manuel II

El 30 de mayo de 1863 se casaba su segundo hijo, el príncipe Amadeo, que años más tarde se convertiría en Rey de España. Y ese mismo día el padrino de la boda, uno de los mejores hombres de Victor Manuel II, se suicidaba pegándose un tiro. La novia, Maria Victoria dal Pozzo, también vio como se ahorcaba su jefa de vestuario y su amante aparecía ahorcado en un armario. Ese mismo día, el guardián del palacio también se degolló.

Pero la cosa no acaba aquí, porque el coronel que se lideraba de la procesión de la boda se desmayó por un golpe de calor y el ayudante del rey moría tras caerse de su caballo. Tras esta triste boda, el viaje de novios se presentaba como la ocasión ideal para alejarse de los terribles sucesos, pero la cosa no cambió mucho: el jefe de estación moría aplastado por las ruedas del tren en el que los novios partían hacia su luna de miel.

Imagen: RonymichaudBoasson and Egger, Livorno DP

4 Comentarios

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  2. Creo que en el caso de Victor Manuel II, habría que tener en cuenta que todas estas aparentes maldiciones tienen el trasfondo de una curia católica herida. Pues estaba perdiendo el dominio político de Italia, y especialmente de los llamados Estados Papales. Hay mucho más que decir pero no les queda duda que la iglesia católica no dejaría de hacer entrever estas tragedias como consecuencia de un castigo divino, cuando ciertamente su propia mano oscura asestaba los golpes vengativos.

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