Los antiguos romanos mostraban una actitud ambigua en los que al sexo se refiere y, aunque se estima que los primeros cristianos exageraron el grado de depravación moral y sexual de los romanos, si es cierto que existieron algunas actitudes que dieron pie a esa consideración.

El sexo en la Antigua Roma

Era bien visto que los hombres tuviesen sexo fuera de matrimonio tanto con parejas masculinas como femeninas -especialmente adolescentes- que fueran esclavos y prostitutas, pero nunca con ciudadanos o personas libres en edad casadera o casados. Estos actos de adulterio se consideraba que respaldaban su papel de figura dominante en la sociedad. No obstante, estas «libertades» fueron duramente criticadas por Gaius Musonius Rufus, filósofo estoico romano, ya que consideraba que si el hombre romano decía tener y merecer más libertad sexual que las mujeres, ¿por qué creían que estas relaciones extra matrimoniales con mujeres suponían un alto grado de control sobre la mujer, cuando el control que debían ejercer era sobre sí mismos? Musonius Rufus defendía que tener sexo sólo debía ser una expresión de afecto y con objeto de procrear, siendo el placer secundario.

A pesar de esos encuentros puntuales antes mencionados, de cara al resto de ciudadanos, tanto los hombres como las mujeres romanas, y especialmente las mujeres, debían mantener la pudicitia, una virtud que podría traducirse como castidad o extremo recato. Una mujer casada y que «pertenecía» a un solo hombre (un concepto que se definía con el término univira, «mujer de un sólo hombre») era considerada como una mujer con alto grado de pudicitia y debía aparecer en público con modestia y relacionándose sólo con su marido y sus parientes masculinos. Las mujeres divorciadas no sufrían las mismas restricciones sociales y, al menos las viudas y divorciadas de clase alta, podían casarse de nuevo.

La impudicitia, en cambio, significaba desvergüenza y depravación sexual, el caos y la falta de control. Por eso, una mujer virgen era tenida en muy alta estima e idealizada, tal es el caso de Lucrezia, símbolo de la pudicitia, considerando los investigadores actuales que su violación y posterior suicidio pueden considerarse más una alegoría del espíritu de pureza y fidelidad que encarnaba que un hecho histórico en sí.

Los romanos desarrollaron un férreo control de la sexualidad femenina, ya que consideraban que la virtud de la mujer era la base de la familia y, por extensión, de la prosperidad y el orden social. Estas creencias tienen su refrendo en el culto a Venus, la madre de Eneas y de los romanos, y, por supuesto, en las vírgenes Vestales, mujeres que eran enterradas vivas si eran acusadas de haber mantenido relaciones sexuales.

Otras curiosidades sobre el sexo y el amor en la Antigua Roma

  • Los hombres eran educados en la bisexualidad, ya que debían dominar tanto a mujeres como a hombres. En el caso de las relaciones entre hombres, el hombre libre siempre era activo pues no mantenían relaciones por placer, sino para subrayar su posición dominante.
  • Los hombres no debían llegar vírgenes al matrimonio, las mujeres sí.
  • Hombres y mujeres no se besaban por las calles, pero las mujeres debían besar todos los días a sus maridos al menos una vez al día. Una curiosa costumbre, el llamado ius osculi o derecho al beso, que tenía como objeto comprobar que el aliento de la mujer no olía a alcohol. Se consideraba que si la mujer había bebido, podía haber cometido adulterio al estar bajo los efectos del alcohol.
  • Las termas era uno de los lugares en los que se desataban todo tipo de pasiones.
  • Se utilizaban gran número de afrodisíacos.
  • Una parte importante de los matrimonios eran de conveniencia.
  • Existían numerosos manuales y juguetes sexuales.
  • Era habitual dejar muestras de la virilidad y vida sexual en explícitos grafitis dejados en las paredes de todas las ciudades. Aunque también lo fueron los de declaraciones de amor.

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