Muchos de nosotros, ya se por nuestra religión o por la presencia de motivos religiosos en la cultura popular, de uno de los métodos de castigo y ejecución más crueles y antiguos descritos por la Biblia: la crucifixión. Esto es lo que le sucede al cuerpo durante este terrible proceso usado para castigar crímenes en épocas antiguas.

La crucifixión: esto es lo que provocaba al cuerpo

La crucifixión es un método antiguo de ejecución, en este, el condenado es atado o clavado en una cruz de madera, entre árboles o en una pared, normalmente desnudo, y dejado allí hasta su muerte.

Lo que sufría el cuerpo en una crucifixión

La crucifixión fue inventada por los persas entre el 300 y el 400 a.C. y se desarrolló, durante la época romana, siendo la forma de castigo predilecta aplicada a los peores criminales. Usar una cruz de madera erguida era la técnica más común, y el tiempo que las víctimas tardaban en morir dependía esencialmente de cómo eran crucificados.

Los acusados ​​de robo, por ejemplo, eran atados a la cruz, por lo que podían descansar mejor su peso con sus brazos, por ello podían sobrevivir durante varios días en aquella situación. Uno de los métodos más severos de crucifixión era en el que los brazos se clavaban por encima de la víctima, un método que acababa con el crucificado en un espacio de tiempo de 10-30 minutos.

brazo, crucifixión

Cuando la persona era crucificada con los brazos extendidos a ambos lados podría estar allí agonizando durante unas 24 horas. En estos casos, los clavos de siete pulgadas serían clavados en las muñecas para que los huesos pudieran soportar el peso del resto del cuerpo. El clavo cortaría el nervio mediano, una técnica que no sólo causaba un dolor inmenso, sino que dejaba las manos de las víctimas totalmente paralizadas.

Los pies eran clavados también, y con el propósito de que fuera más difícil sostenerse, se dejaban a unos 45 grados, es decir, con las rodillas dobladas, lo que hacía que el peso fuera transferido a los brazos, llevando prontamente a la dislocación de los hombros. Los codos y las muñecas le seguirían unos minutos más tarde. La víctima no tendría más remedio que soportar su peso en el pecho, lo que le ocasionaría dificultad para respirar cuando el peso se concentrara en la caja torácica y lo obligara a un estado casi perpetuo de inhalación, un proceso que terminaba con la asfixia del condenado.

La sofocación se debe a que el peso del cuerpo tirando de los brazos hace, como te decíamos, que la respiración sea extremadamente difícil.

Además de la mecánica de la crucifixión, los rituales previos donde los condenados eran azotados, desollados y torturados horas antes de la crucifixión sólo colaboraban con el incremento del dolor.

Una práctica sumamente cruel, digna de protagonizar nuestras peores pesadillas que, por desgracia y aunque resulte difícil de creer, se sigue practicando en algunos países.

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Imágenes: geralt;

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