La historia de la humanidad se caracteriza por las guerras y por las enfermedades que la han azotado. Te invitamos a viajar, con Supercurioso, a comienzos del siglo XX.

Alarmas de pandemias que no ocurrieron

En lo que va de siglo al menos en dos ocasiones hemos estado a punto de entrar en una especie de emergencia mundial, causada por dos virus de gripe conocidos popularmente como “gripe aviar” (virus H5N1, en 2004) y “gripe porcina” (A H1N1, en 2009).

En ambos casos la “epidemia mediática” sobrepasó enormemente las cifras de afectados y muertos por estas gripes, que fueron superadas en tasa de morbilidad y mortalidad por las gripes normales o afecciones crónicas como el paludismo.

Y podría considerarse que ni siquiera ocurrieron, si se comparan con la que puede haber sido la mayor pandemia de la historia de la humanidad: la gripe española.

Crónica de una pandemia que sí ocurrió

En 1918 estalló una pandemia de gripe que puso en segundo plano las noticias de la Gran Guerra. Esta epidemia recibió el nombre de “gripe española” porque fueron los diarios españoles, libres de la censura de guerra, los primeros en reportar este desastre. Posteriormente se ha especulado en torno a si esta enfermedad pudo haberse detonado en España o en un cuartel en los Estados Unidos.

Atendiendo a los soldados enfermos de la gripe, en Londres, 1919
Atendiendo a los soldados enfermos de la gripe, en Londres, 1919

Nuevos estudios, del 2014, apuntan a que el virus pudo haber comenzado a desarrollarse diez o quince años atrás en diversos puntos del mundo, y que tal vez las condiciones de movilidad de masas debido a la Primera Guerra Mundial pudieron haber facilitado la rápida difusión del virus, que habría matado a 25 millones de personas en todo el mundo en las primeras 25 semanas, y a un total de entre 50 y 100 millones entre marzo y diciembre de 1918.

Nada más en China murieron 30 millones de personas, más de un tercio de la población total del país para aquella época, y en la India las víctimas fueron 10 millones. En Alaska, en un poblado inuit de 80 personas, 78 murieron en una semana.

En Europa, España fue uno de los países más afectados, con 8 millones de enfermos y de 200.000 a 300.000 muertos, aunque en Francia e Italia la mortandad se ubicó en los 400.000 en cada país.

Reconstruyendo al asesino

El virus responsable de esta masacre, H1N1, que se ensañó especialmente con jóvenes y niños, fue un misterio para la ciencia hasta comienzos del nuevo milenio. Utilizando tejidos congelados de muertos por la gripe española, desde mediados de los años 90 investigadores de Europa y Estados Unidos comenzaron a reconstruir el virus para poder estudiarlo y comprender su capacidad para producir tantas muertes en tan poco tiempo.

experimento

Parte de este tejido, precisamente, salió de los pulmones de una mujer inuit, víctima de la gripe y cuyo cuerpo permaneció congelado por casi ochenta años.

En 2001 crearon finalmente una primera cepa en ratones, y pudieron comenzar a estudiar su virulencia. La técnica desarrollada para alcanzar este objetivo es conocida como genética reversa, y en ella jugó un papel clave el genetista español Adolfo García-Sastre.

La cepa creada es particularmente mortal en ratones y embriones de pollos, y constituye el primer “éxito” en el intento de reconstruir un virus extinto para su comprensión y estudio.

virus

Aunque también deja las puertas abiertas para otros usos y propósitos, no necesariamente tan nobles, y sí muy sospechosos.

Si te interesó este artículo, puedes leer también sobre el veneno de abejas contra el VIH, otra terrible pandemia contemporánea.