Es un dicho común que la historia es cíclica y tiende a repetirse. Si esto es así, la caída de Roma, el mayor imperio que se haya visto jamás, sin duda puede servir como advertencia para no cometer los mismos errores. Descubre qué podemos aprender de este episodio histórico.

Las lecciones que deja la caída de Roma a nuestra sociedad

El imperio romano llegó a extenderse por la mayor parte del mundo conocido en la antigüedad. En su apogeo, el dinero llegaba en abudancia. Los emperadores y el gobierno estaban disfrutando de una avalancha absoluta de riqueza que les ayudó a controlar un vasto territorio. Pero que las naciones tuvieran dinero no significaba que el pueblo romano se estuviera enriqueciendo.

emperador Honorius, caída del imperio romano

En vez de contratar a su propio pueblo, los romanos conseguían esclavos extranjeros para hacer la mayor parte de su trabajo, dejando a los ciudadanos sin nada que hacer. Muchos romanos estaban desempleados, dependiendo de los subsidios del gobierno para sobrevivir.

Hoy en día, las empresas modernas no pueden contratar esclavos en el sentido literal, pero pueden acercarse bastante a esta práctica. Al igual que Roma, los países occidentales modernos externalizan la gran mayoría de las cosas que compran a las fábricas que a veces pagan a sus trabajadores tan poco como 64 centavos de dólar la hora.

Lo que podemos aprender del modelo romano está en lo que sucedió después, dado que la bonanza de Roma no podía durar siempre, los esclavos empezaron a exigir más y se rebelaron. Mientras tanto, el pueblo de Roma, influido por la moralidad cristiana, empezó a sentir remordimientos por usar esclavos y, como consecuencia de todo ello, su sistema de trabajo comenzó a colapsar.

Por otro lado, cuando Roma era una república, uno de sus mayores problemas internos era la lucha entre los patricios y los plebeyos. Los patricios eran aristócratas que obtuvieron su estatus de nacimiento, mientras que los plebeyos eran la gente común que prácticamente no tenía manera de conseguir una vida mejor.

Al igual que nuestras sociedades modernas, los plebeyos lucharon por el derecho a levantarse y avanzar en la sociedad. Ganaron derechos igualitarios, tuvieron la oportunidad de jugar un papel en la política romana, y tuvieron la oportunidad de hacerse ricos.

Se ayudaron mutuamente a hacer fortuna, votaron para que sus compañeros plebeyos llegaran al poder, esperando crear una nueva utopía de igualdad, pero la realidad fue distinta. Los nuevos ricos se olvidaron de sus orígenes y fallaron en ayudar a los pobres. ¿Te resulta algo familiar?

Asimismo, cuando la nación entró en una recesión, eran más pobres que nunca. Después de que Roma fuera saqueada por los galos, la república tuvo que destinar una fortuna en defensa. Los impuestos subieron, los pobres se declararon en quiebra, y la gente de Roma pronto se abrumó con tanta deuda que no pudieron ver ninguna salida.

La caída de Roma. ¿Qué puede aprender de ella nuestra sociedad?Esto resuena en la actualidad puesto que, por ejemplo, el estadounidense promedio deja la universidad con más de 37.000 dólares en deuda de préstamos estudiantiles únicamente, y eso no es ni siquiera el peor caso. En Australia, Suiza, Noruega, los Países Bajos y Dinamarca, la deuda de una persona promedio es más del doble de su ingreso anual.

Estas deudas llevaron al pueblo a la desesperación y los plebeyos de Roma presionaron a su gobierno para que se les perdonara la deuda, cosa que también ocurre en la modernidad. El gobierno les escuchó y como las clases bajas eran políticamente iguales y deseaban tenerlas a su favor, los líderes comenzaron a complacerles.

Los plebeyos necesitaban alimentar a sus familias urgentemente, así que no les importaba lo que un político hiciera mientras cancelara su deuda. Por ello, empezaron a votar a líderes populistas, quienes ofrecían «pan y circo», es decir, entretenimiento y la eliminación de sus deudas. Como el pan y los circos seguían llegando, los plebeyos no se preocuparon demasiado cuando cesaron las elecciones y se abrió paso la tiranía.

Cuando analizamos la historia, nos damos cuenta de por qué es tan importante prestarle atención. A pesar de que nos separan siglos y siglos, en la sociedad actual podemos encontrar paralelismos preocupantes con estas situaciones y, de ignorar las advertencias, corremos el riesgo de vivir otra gran caída de Roma.

¿Tu qué opinas? ¿Crees que Occidente vivirá el mismo proceso de declive? ¿Se habrá aprendido algo de la caída de Roma?

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