«Los grandes bailarines no son grandes por su técnica, son grandes por su pasión». Así definía la coreógrafa norteamericana Martha Graham, su enorme gusto por las danzas. Y la pasión es justamente lo que refleja el origen del vals, un baile que generó una revolución total en su época, por simbolizar el movimiento armónico, cercano y libre de la pareja. El nombre de la danza proviene del verbo alemán walzen, que significa girar o rodar. La historia del vals se remonta al siglo XII, en la región de Tirol, en Austria, y en el sur de Alemania.

Entre los bailes que cambiaron la historia, el Vals merece un detenimiento especial. Si bien los orígenes de la danza son bastante más antiguos que su masificación, una vez que alcanzó la fama, se mantuvo en la cumbre de los gustos de la sociedad del momento. El rango de nobleza que definió la historia del vals, lo alcanzó en la enigmática Viena, durante la década de 1760. Fue veinte años después, en 1780, cuando la moda de este baile se extendería rápidamente a otros países del continente.

La popularidad de esta sensual danza fue incrementándose, así como también la polémica que generaba. Llegó a despertar las más curiosas opiniones, como la reflejada en un manual británico de buenos modales, publicado en el año 1833, y en el que se recomendaba que el vals fuese danzado sólo por mujeres casadas, pues era considerado un movimiento inmoral para señoritas. Acompáñanos en Supercurioso a descubrir los datos más interesantes sobre el origen del vals.

Índice de Contenido

El origen del vals y sus primeras apariciones

La historia del vals

Si bien el reconocimiento internacional del vals se dio en la elegante Viena, sus orígenes parecen ser bastante simples. Algunos estudiosos del tema argumentan que esta danza es una variación y herencia del floklore tirolés, en Austria. Otros, refieren que el origen del vals nace de la evolución de la volte, una danza típica de Francia, que se bailaba en el siglo XVI.

La popularización del vals llega a su máxima expresión en las últimas décadas del siglo XVIII, cuando se hizo protagonista de las salas de baile más prestigiosas y populares de Europa. Un siglo después, el vals seguía rompiendo esquemas, al punto de que, en sus diferentes variantes y detalles locales, se mantiene vigente hasta hoy, aunque con significados muy distintos.

El origen del vals y su posterior masificación en los gustos de la población, tuvo especial acogida en la juventud. En los inicios del siglo XIX, el vals era considerado una danza que simbolizaba la libertad. Había sido escogido como el favorito de los jóvenes, pues permitía un movimiento entrelazado, libre y armónico entre las parejas, totalmente contrario a otras danzas de la época como el minué, favorito de Luis XIV, el famoso Rey Sol de Francia. En aquella danza el contacto físico era el mínimo posible, y solo se priorizaba la armonía y el orden en las coreografías.

Esto, por supuesto, representó para la sociedad de la época un choque a sus paradigmas morales. El vals, considerado un baile agarrado, implicaba un contacto físico cercano entre el hombre y la mujer. Mientras la joven podía pasar su brazo sobre el cuello de su acompañante, este podía sujetarla de la cintura y hacerla girar frente a su pecho. En en ambiente social cargado de convencionalismos, el origen del vals representó un símbolo de inmoralidad.

La influencia del vals en las Salas de Baile

Fue la cantante y empresaria de Ópera Teresa Cornelys, quien desarrolló la idea de abrir un espacio en el que las personas pudieran obtener un entretenimiento amplio, y si era de su gusto, bailar. Así fue como nació el Carlisle House, un exclusivo club privado londinense en el que se iba a cenar, a jugar las cartas, a escuchar delicada música de cámara, y también a bailar. La iniciativa resultó tan exitosa que pronto otras ciudades europeas replicaron la idea.
Es así como el origen del vals tiene una estrecha vinculación con el de las Salas de Baile, pues fue en ellas donde la danza alcanzó su punto máximo de popularidad. En Viena abrieron sus puertas las legendarias salas Sperl y Sala de Apolo. A pesar del rechazo de los sectores más conservadores de la sociedad, que consideraban la danza como una oda a la inmoralidad y de total perjuicio para la reputación de las señoritas, el vals se convirtió en el rey de las más exclusivas salas de baile en Europa.
Junto con el origen del vals y su posterior crecimiento, fueron desarrollándose las carreras de músicos cuyos nombres, incluso hoy, siglos después de su muerte, siguen retumbando en la cultura universal. Sus piezas, de una belleza idílica, marcaron la esencia de este género. Es el caso del músico austríaco Johann Strauss padre, autor del Carnaval Vienés y del Vals Palomitas, entre otros. También de su hijo, de igual forma llamado Johann Strauss, autor de los valses de Las mil y una noches, Sangre Vienesa, Vals del Emperador, y el más emblemático de todos los valses: El Danubio Azul.

Las variantes desde el origen del vals

país de origen del vals

El origen del vals estuvo marcado por la armonía, la sensualidad y la libertad, y las obras más emblemáticas de este estilo musical, así lo demuestran. Sin embargo, en su evolución, la historia del vals ha ido incorporando elementos y costumbres, que dan muestra de una diversidad cultural realmente encantadora.

El vals vienés

El más emblemático de los estilos, que estuvo marcado desde el mismo origen del vals, es el vienés. Se trata de un baile de ritmo medio, aunque también existe una versión más lenta llamada vals inglés o boston. En el estilo más internacional de este tipo de danza, la pareja se mueve conservando un estilo elegante y manteniendo siempre enlazados sus cuerpos. También existe una versión americana, en la que la pareja puede separarse y efectuar giros y figuras más pronunciados.

El vals francés o valse musette
Se trata de una danza popular típica de París, cuya máxima expresión se encuentra en los años del siglo XVIII. Es un ritmo moderado y de carácter suave y sutil, que se hizo muy popular en los ballets franceses. Poco a poco fue elevando su nivel, llegando a ser del gusto de la corte francesa.

El vals tango o valsesito criollo

El origen del vals se remonta a los más profundo del continente europeo, pero los efectos de esta música fueron tan relevantes y potentes, que se extendió hasta los últimos rincones de América Latina. El valsesito criollo es una particular variante del vals vienés. A finales del siglo XIX, este estilo musical conquistaba los salones europeos. La llegada de multitud de inmigrantes alemanes, austríacos y suizos a tierras argentinas y uruguayas, puso de manifiesto una influencia musical relevante. Fue así como nació el valsesito criollo, caracterizado por melodías que van acompañadas de letras similares a las del tango argentino.

El origen del vals guarda en su esencia la magnifica expresión de libertad, armonía y arte que incluye el baile, y también los paradigmas de una sociedad moralista. Si bien para los patrones actuales, el vals no es más que una expresión de sutileza y elegancia, en su época fue una verdadera revolución de sensualidad. Si eres de los amantes de las expresiones de la danza, no te pierdas esta selección de las mejores frases de baile, en las que el universo de la música despliega su mejor cara.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here