La antigüedad estuvo llena de mitos y leyendas. Ya fueran de los griegos o de los romanos, los nórdicos o los egipcios, los hombres antiguos se inventaban fábulas para entender el mundo, o generaban, a través del honor o grandes hazañas, otras narraciones a través de las cuales se comprendían las naciones. Estas leyendas han llegado hasta nuestra época como la historia mítica de occidente, que nos conforma, incluso todavía, en narrativas o películas sobre aquellas épocas, en el mismo complejo de Edipo del que hablaba Freud y que tanto se ha popularizado en la actualidad. Estas leyendas no siempre son una versión impoluta de la historia, pero sí nos sirven para entender a los pueblos que nos precedieron, y de los cuales venimos: son un pedazo de nuestra historia, con su propio significado. Dentro de estas leyendas es que encontramos el famoso Rapto de las Sabinas; en el cual nos centraremos hoy en Supercurioso.

Son historias que hay que comprender en su contexto, como aquel mito que dice que Rómulo y Remo (los hermanos que levantaron a Roma) fueron criados por lobos, o el mito de Eco y Narciso, cada cual tiene su propia significación y fue producto de su contexto cultural. A veces creados para ensalzar las naciones, otras veces para mantenerlas unidas, pero siempre con un sentido, explícito o implícito, directo o indirecto, que los hicieron perdurar hasta nuestros días.

El rapto de las Sabinas: los orígenes de Roma

El Rapto de las Sabinas | El origen mitológico de Roma 2

1. ¿Qué motivó el Rapto de las Sabinas?

La leyenda del rapto de las Sabinas es una de las historias más jocosas de la fundación de Roma. Según cuenta la historia, Rómulo, después de la fundación de Roma, notó que su pueblo estaba constituido en su mayoría por hombres guerreros, y que no gozaban de demasiadas mujeres, sin las cuales, eventualmente, por más rico y legendario que se hiciera su pueblo, este se extinguiría y perdería su lugar en la historia. Al percatarse de esto, Rómulo armó un plan para ponerle una solución, y que su pueblo, el pueblo Romano, perdurara.

Los Sabinos eran un pueblo ubicado en lo que hoy sería el centro de Italia. Su asentamiento en aquella provincia databa de tan lejos que nadie lo tenía registrado en su historia, y algunos llegaron a afirmar que provenían de los mismos griegos. Pero su historia no viene al caso en estos momentos, sino lo que ocurrió con ellos: los Sabinos eran un pueblo numero y estable, fuerte también, y dotados de mujeres suficientes como para procrear una descendencia que garantizara la duración de cualquier nación, por lo cual Rómulo les puso el ojo encima: el inicio del rapto de las Sabinas.

2. El desarrollo del Rapto de las Sabinas

Sin embargo, los romanos tuvieron que pensar en una estrategia, ya que Rómulo no estaba preparado para la confrontación directa, así que se inventó un caballo de Troya, organizó un gran guateque, unas fiestas bacanales, un agasajo, un desmadre, e invitó a estas fiestas a los Sabinos, con la excusa de ofrecer un festejo inolvidable al dios Neptuno, rey de los mares. Los Sabinos, encantados con el reventón, asistieron en gran masa, con sus esposas e hijos, criadas y amigos, a celebrar a costa del oro romano.

Así que fueron, pues, en gran masa al festejo, bebieron vino, comieron carne de res, pollo por montones, cebada, frutas y cualquier otro manjar de la época, disfrutaron de las instalaciones de la recién nacida Roma, la que sería luego un imperio, gracias al mismo aporte que los Sabinos estaban por hacer, una contribución enorme para un pueblo nuevo. Estaban en el jolgorio, celebrando, y poco a poco fueron pasando las horas. Quienes habían llegado sobrios empezaron a marearse, en medio de espectáculos y eventos deportivos, y luego de marearse a emborracharse definitivamente, y a caer en las camas y los lechos, quienes tuvieron suertes, porque se cuenta que hubo quienes, al no encontrar ni cama ni lecho alguno, cayeron en el piso, como el que menos, sin pena ni dignidad. Entonces fue cuando Rómulo encendió las alarmas y sus hombres fueron al rapto de las Sabinas.

Los soldados de Roma, buenos y sanos, salieron de sus guaridas y fueron tomando a las mujeres Sabinas, una a una, raptándolas por el bien de lo que sería el imperio más grande que el mundo había conocido. Y así las van llevando, una a una, y las encierran en las casas de roma, con los sabinos no solo desarmados sino también indispuestos, los cuales fueron puestos en fuga por su propio bien, y tuvieron que salir así, sin sus mujeres ni más celebración, de vuelta a su tierra, tristes y engañados. Este hábil gesto de Rómulo, que dio no origen, pero al menos continuidad a la nación romana, es conocido en la historia como el Rapto de las Sabinas. 

Por supuesto, esto no quedó hasta allí. Los sabinos planearon su retorno y los romanos los esperaron empuñando las armas. Sin embargo, cuando los sabinos se pararon en las puertas de Roma quienes salieron a su encuentro fueron las sabinas, quienes, muchas de ellas ahora enamoradas de los romanos, pidieron a ambos bandos deponer sus armas.

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