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La esclavitud es uno de los episodios más dolorosos y vergonzosos de nuestra historia como humanidad. En Estados Unidos es uno que aún causa divisiones, pero como suele suceder ante toda forma de tiranía, en el momento más oscuro surgió una resistencia que se negó a resignarse y luchó por la libertad: Esa es la historia del ferrocarril subterráneo que los esclavos africanos usaron para escapar.

El ferrocarril subterráneo de los esclavos afroamericanos: un túnel hacia la libertad

Una década después de la Guerra Civil estadounidense fue publicado un «estudio» titulado Enfermedades y Peculiaridades de la Raza Negra, escrito por el distinguido médico de Nueva Orleans Samuel Adolphus Cartwright. En el documento describió en términos anatómicos las razones de la supuesta holgazanería de los afroamericanos, entre otras «condiciones» a las que se consideraban proclives.

Una de ellas era una desconocida condición médica que llamó «Drapetomania, la enfermedad que hace que los negros escapen». Este nombre fue inspirado en el antiguo término griego para denominar a un esclavo fugitivo. Según Cartwright, la aflicción tenía dos curas: tratar a los esclavos amablemente pero con firmeza, o, en su defecto, azotarlos sin piedad.

En este contexto, no es de extrañar que para el verano de 1851 la «Drapetomanía» estuviera en alce, con miles de esclavos tratando de huir de la crueldad a la que eran sometidos.

Para entonces la línea Mason-Dixon, que dividía los estados libres de esclavitud de aquellos que aún la mantenían, se había convertido en el punto en el que miles de esclavos arriesgaban sus vidas en búsqueda de una mejor.

Entonces, el éxodo de esclavos pasó de ser un brote desorganizado a un movimiento estratégico. 

La historia del ferrocarril subterráneo por dónde escapaban los esclavos en Estados Unidos

El ferrocarril subterráneo fue una red de rutas secretas y casas seguras que los afroestadounidenses usaron para escapar a los Estados libres y Canadá con la ayuda de abolicionistas y aliados que simpatizaban con su causa. Otras rutas también llevaban México.

Los esclavos viajaban por la noche entre 16 y 23 km entre cada estación. Descansaban durante el día y luego se enviaba un mensaje a la siguiente estación para informar que los fugitivos estaban en camino. Las estaciones a menudo se ubicaban en graneros, bajo los pisos de las iglesias o en escondites en cuevas y riberas huecas.

Pero aunque la frase «ferrocarril subterráneo» nos hace pensar en oscuros túneles y tenebrosos pasajes, la verdad es que esta red organizada también operaba a plena luz del día. 

De acuerdo con el historiador Eric Foner, los grupos abolicionistas no mantuvieron en secreto su misión; de hecho, lo pregonaron en panfletos, publicaciones periódicas e informes anuales, organizando recaudaciones de fondos y manteniendo registros de los fugitivos.

Aunque las estadisticas a veces no concuerdan, algunas cifras indican que durante más de cien mil esclavos lograron encontrar la libertad a través del Ferrocarril Subterráneo.

¿Conocías este recorrido?

Imágenes: Wikimedia Commons

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