La historia del ser humano es la historia de sus luchas y peleas, de su afán de expandirse y avasallar a sus vecinos. En ese impulso expansionista, se inscribe también su necesidad de monopolizar los recursos que tiene a la mano y utilizarlos como herramienta para dominar a los demás.

Y no creas que es sólo en Occidente que ha sucedido. La historia universal nos enseña que pasa en todas las latitudes de nuestro hermoso planeta. Por eso te traemos esta anécdota de un árbol, el árbol de clavo que sobrevivió a los embates feroces de holandeses, chinos, árabes…

La increíble historia del árbol de clavo de Indonesia

Las especias siempre fueron uno de los productos más valiosos que ha usado toda cultura, no sólo para cocinar sino para cosmética, para medicina y hasta para embalsamar, como los egipcios.

Su comercio –y su monopolio– enriquecieron a fenicios, persas, indios, árabes, judíos, egipcios, chinos, en distintas épocas históricas, y luego a españoles, portugueses y holandeses, ingleses, franceses y norteamericanos. Gracias a las especias se abrieron rutas nuevas –como lo hizo Colón, que creyó que había llegado a Japón– y se desataron nuevas guerras para manejarlas.

Y como lo sospechas, esas especias son oriundas del este, del medio y el lejano oriente. Pero sobre todo de las Islas de las Especias, las Islas Molucas, en Indonesia, de donde son nativos el árbol de clavo, la pimienta, la nuez moscada y el macis, otra especia del mismo árbol de la nuez moscada. Claro que en otras regiones de Asia se consiguen y se siembran, pero en estas islas la producción superaba todos los estándares. Y por algo les llamaban Islas de las Especias.

La increíble historia del árbol de clavo de Indonesia
Ternate

Las especias aquí se convirtieron en oro, y despertaron la codicia de más de un gobierno, y de aventureros y buscadores de fortuna; figúrate lo valiosas que eran, que los granos de pimienta, por ejemplo, llegaron a utilizarse como moneda. El lugar de estas islas era un secreto celosamente guardado por comerciantes chinos e indios, y después por árabes, que inventaron maravillosas e increíbles historias sobre los peligros que corrían quienes se adentraban en estas rutas… Todo para quedarse con el comercio de las especias.

Durante miles de años, Ternate y la vecina isla de Tidore fueron la única fuente del árbol de clavo y de otras especias aromáticas. Se cuenta que un gobernante chino de la dinastía Han, en el siglo III a.C. obligaba a quienes se dirigían a él a masticar clavos de olor para endulzar el aliento (¿has probado hacerlo? Funciona), y el comercio permaneció resguardado (o monopolizado) por Oriente mismo. Hasta que llegaron el siglo XVI y el ímpetu ibérico buscando atajos y no depender de la Ruta de las Especias, dominadas por mercaderes chinos, árabes e indios.

La increíble historia del árbol de clavo de Indonesia
Árboles de clavo

Y así llegaron los portugueses a las Islas de las Especias, pero también y por desgracia, la primera multinacional del mundo, la Compañía Holandesa Unida de las Indias Orientales –o Voc–, de manos de los Países Bajos, es decir, Holanda.

En 1652, luego de desplazar a Portugal y a España del comercio, los holandeses introdujeron una política aberrante, conocida como “extirpación”, y que consistía en eliminar todos los árboles y arbustos de especias que crecieran en territorios no controlados por la Voc, con el objeto de asegurarse de una vez y para siempre el monopolio. Así, por supuesto, todo árbol de clavo fue arrancado y quemado, y cualquiera que fuese sorprendido con una planta de éstas enfrentaba sin más la pena de muerte.

La increíble historia del árbol de clavo de Indonesia
Los capullos en las ramas

Hacia el sur, en la isla de Banda, los holandeses contrataron los servicios de mercenarios japoneses para reducir a casi toda la población masculina, y pudieron controlar hasta los precios. Para la época, se exportaban sólo entre 800 y 1.000 toneladas de clavo de olor anualmente, y el resto se quemaba o se destruía. Pero en lo alto de Ternate, sobre una montaña, quedó un solo árbol de clavo, que logró pasar desapercibido por el hambre holandesa. Fue un símbolo mudo de una resistencia pasiva, que había nacido posiblemente cuando Shakespeare o Cervantes aún vivían.

En 1770 un monje francés, que también era agrónomo y botánico, Pierre Poivre, pudo robar contra todo riesgo algunas plántulas de este árbol de clavo, que llevó a Francia, a las islas Seychelles y luego a Zanzíbar, convirtiendo a este último en el mayor productor actual de clavo de olor; gracias a ese robo, el árbol de clavo pudo salir del imperio holandés, pues los precios bajaron y aumentó su producción.

La increíble historia del árbol de clavo de Indonesia
Capullos de clavos secándose al sol

Aún hoy puedes verlo, aunque de él no queda más que el tronco con algunas ramas desnudas. Pudo haber medido 40 metros de alto y 4 de ancho; hace unos años, los lugareños trataron de tumbarlo con machetes, y por eso ahora un muro de ladrillos lo rodea como protección.

Fue el único árbol de clavo que sobrevivió a la política de extirpación holandesa, y condensa en sí siglos de historia, de mejores días en los que sus capullos endulzaban el aliento de la gente y aromatizaban las comidas de todo el mundo.

¿Verdad que es una historia maravillosa? Por eso te recomendamos también la lectura del bellísimo árbol que podría salvar al mundo, o si abrazar árboles es bueno para la salud.