La playa con arena de estrellas
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¿Te imaginas una playa paradisíaca donde la arena estuviera hecha de bellas y diminutas estrellas? Quizás pueda parecerte un escenario fantástico, de cuento, fruto de nuestra imaginación, pero ya sabes que en Supercurioso nos gusta enseñarte cosas extraordinarias que pasan en nuestro mundo. Hoy te presentamos las playas japonesas de Okinawa donde no podrás quitar la vista de las minúsculas estrellitas que se meten entre los dedos de tus pies.

¿Prefieres el cuento o la ciencia?

En las playas de la pequeña isla japonesa de Irimoto (Okinawa), así como en algunas de las playas de las islas vecinas, la arena está hecha de minúsculos granos de arena con forma de estrella. Te recomendamos que te pases por la tranquila playa de Hoshizuna, donde toda la arena está plagada de estos bonitas formas.

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Según los habitantes de estos parajes, la leyenda dice que estas pequeñas estrellitas son los hijos de la Crux y la Cignus, dos constelaciones de la vía Láctea. Sus pequeños vástagos nacieron en el mar, donde fueron cruelmente asesinados por una serpiente gigante. Sus pequeños esqueletos de cinco puntas llegaron a la costa de las playas de Irimoto, donde actualmente descansan. Bonito y triste, ¿verdad?

Si lo que buscáis son explicaciones más científicas, también os las damos. Según los expertos, estas estrellas son los exoesqueletos de millones de foraminíferos (un tipo de protozoos marinos llamados Baclogypsina sphaerulata) que una vez vivieron en el fondo del océano. La razón de que sólo aparezcan en esta parte del globo es que estos seres prefieren habitar en las zonas de aguas muy profundas, preferiblemente con algas a las que adherirse.

Unas estrellas muy muy antiguas

Cuando estés en las playas de la isla de Irimoto probablemente no te preocupes mucho de ir a darte un chapuzón, porque no podrás dejar de mirar estos pequeños tesoros desperdigados por toda la costa, y no es para menos, porque estos seres diminutos son, ni más ni menos, que algunos de los restos fósiles más antiguos que ha conocido el hombre. Existe evidencia fósil de ellos  de hace más de 550 millones de años y evidencia molecular de entre 800 y 1.2 billones de años.

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El mejor momento para verlos, no sólo en la playa de Hoshizuna, sino también en todas las demás, es después de algún tifón; las aguas se revolverán y todos estos pequeños restos fósiles emergerán de las profundidades del océano.

Y, un último apunte: mira con cuidado porque ¡algunos de ellos todavía están vivos! ¡Encuéntralos!

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