La exploración del mundo durante la Edad Moderna fue un ámbito casi exclusivamente masculino, pasando a la historia pocos nombre femeninos pese a que no fueron pocas las mujeres que durante el siglo XVIII y XIX acabaron siendo asistentes de sus hermanos o maridos en laboratorios y estudios. Uno de los casos más llamativos por su repercusión, por haber constituido un auténtico escándalo en su época y no haber sido hasta el año 2012 cuando su protagonista viese reconocida su labor como botánica, fue el de Jeanne Baret (1740-1807),  la primera científica que dio la vuelta al mundo.

Una mujer vestida como un muchacho

En 1766 partió el primer viaje de circunnavegación e investigación naturalistas francés con el objeto de observar y registrar plantas y animales de las nuevas tierras. Se recurrió a naturalistas profesionales, integrando el equipo Philibert Commerson (1727-1773). Este naturalista fue amigo de Voltaire y se carteaba con Linneo. Jeanne Baret era su ama de llaves y su amante, una mujer inteligente, valiente y gran conocedora de las plantas y sus propiedades. Este conocimiento le valió convertirse en su asistente ya antes de embarcar Para poder llevarla consigo en el viaje, Baret se vistió como un muchacho y se embarcó como mozo ayudante de Commerson en su labor como naturalista a bordo de los barcos que integraban al expedición: L’Etoile y La Boudeuse. Ambos realizaron una gran labor de descubrimiento y registro de nuevas especies de plantas.

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La expedición estaba bajo el mando de Louis Antoine de Bougainville y se esperaba durase unos tres años. Ya que una ordenanza real prohibía que las mujeres embarcasen en barcos de la Corona, Commerson y Baret no tuvieron más remedio que recurrir al engaño para permanecer juntos

Unos descubrimientos maravillosos

Además de su atrevimiento a participar en esta expedición, Baret actuó como una científica al participar plenamente en la investigación y ser la responsable de todas las colecciones de plantas halladas en Río de Janeiro, el estrecho de Magallanes, Tahití, Isla Mauricio y Madagascar, dado que la mala salud de Commerson le apartó de la investigación activa durante tiempo. Una de las especies más conocidas de las registradas y estudiadas durante aquella expedición fue la bungavilla, hoy tan popular y bautizada con el nombre del responsable de la expedición.

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Baret y Commerson lograron recoger más de 6.000 especies, hoy conservadas en el Museo de Historia Natural de París, siendo unas 70 bautizadas como commersonii. En 2012, y como homenaje y reconocimiento a la labor de Jeanne se decidió dedicarle una especie, la flor de la Solanum baretiae, de Sudamérica y perteneciente al género del tomate, la patata y la berenjena.

Un viaje de sombras

Pero el viaje de Jeanne también tuvo sus sombras. La escritora Glynis Ridley presentó hace unos años una completa biografía reivindicando la figura de esta valiente mujer y su trabajo como botánica. Una mujer de clase humilde que recorrió el mundo y ha logrado al fin recuperar su nombre en la Historia, pero que también sufrió abusos pues cuando se descubrió que era una mujer y la encontraron sin la protección de Commeron fue violada por los marineros de la expedición.

TRISTEZA

Y es que ocultarse bajo ropajes de hombre no era tarea fácil en un mundo de hombres; aunque hubo mujeres, como es el caso de  Hannalh Snell, quien logró hacerse pasar por hombre durante 5 años tras alistarse en 1745 en los marines británicos. En el caso de Jeanne, no fue hasta pasados dos años de viaje, en 1768, cuando los marinos comenzaron a sospechar de la posible condición femenina del mozo ayudante de Commerson. El viaje finalizó en 1769.

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