Larry Walters, el hombre que soñaba con volar
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Volar fue, es y será ese gran sueño que el hombre ha tenido instalado siempre en su cerebro, levantar su cuerpo del suelo y conquistar la inmensidad del cielo con la misma soltura que los pájaros, con la misma fortaleza que un avión. Es por ello que dentro de esta estela de sueños imposibles sea precisamente la figura de Larry Walters una de las más curiosas que nadie recuerde jamás, su peripecia se haya dentro del anecdotario de la aeronáutica como algo tan inusual como fantástico y que merece sin duda recordar. ¿Estás preparado?

Silla Larry Walters

El hombre que siempre quiso volar… y voló

Larry Walters quería ser piloto, nada deseaba más en su vida que surcar los cielos llevando entre sus manos el mando de un avión, pero tenía un problema algo muy común… era corto de vista. No pudo ser. Pero los sueños en ocasiones tienen la fuerza de una legión entera, y Larry sabía que su fantasía no podía ser cortada de tal modo, así que ¿os imagináis qué hizo este joven norteamericano? Construir su propia máquina voladora, diseñar un artilugio innovador utilizando globos meteorológicos inflados con helio, y amarrados nada más y nada menos, que a su propia silla de jardín. Última tecnología.

LARRY WALTERSEl despegue fue el 2 de Julio de 1982, Larry contó con la ayuda de sus amigos, juntos prepararon una bolsa con víveres: cerveza, sandwichs, snaks… y un rifle. ¿Os imagináis para que era el arma? Efectivamente, para ir reventando los globos y conseguir así el descanso de su sofisticada máquina voladora.

Partió de Los Ángeles y tenía como objetivo cruzar el desierto para llegar a las montañas rocosas en unos dos o tres días.

Pero algo fue mal. Nada más cortar el cable que lo anclaba, Larry, comenzó a subir y a subir, un ascenso casi imparable, llegando nada más y nada menos que a los 5 mil metros (él pensaba que llegaría hasta los 15 metros). Asustado, Larry, empezó a disparar a los globos, hasta que un golpe de viento lo hizo perder sus gafas. La cosa no iba nada bien…

Viajando ya sin control y llevado por un viento helado, empezó a acercarse sin querer a los dos aeropuertos mas cercanos. No tardó en ser visto por el piloto de un avión, dejándolo realmente sin aliento al tener que comunicar lo que estaba viendo: “Tengo ante mi un hombre amarrado a una silla, volando con unos globos y llevando un rifle en la mano”.

Poco a poco fue alejándose del aeropuerto hasta llegar a Long Beach, enganchándose a unos cables eléctricos y cortando, por si no fuera ya bastante, la luz a todo un vecindario. Finalmente, logró tocar tierra sano y salvo, levantando tanta expectación y desconcierto, que las autoridades ni siquiera sabían de qué acusarlo… aunque lo hicieron, claro está… a Larry Walters le cayeron 1500 dólares.

Después de esta fabulosa y singular aventura, Larry se dedicó a dar  charlas motivacionales, aunque su vida no pareció encajar demasiado bien en este mundo donde uno ha de mantenerse con los pies sujetos en el suelo, tal vez era un hombre henchido de demasiados sueños, porque lamentablemente este héroe que llegó a volar con la misma soltura que Ícaro, se quito la vida el 6 de octubre de 1993 en un parque nacional de Los Ángeles, disparándose en el corazón.

Aunque, su aventura, siempre será recordada con cariño y admiración.

Larry Walters

 

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