¿Sueles pasar por debajo de las escaleras? ¿Sientes algún escalofrío cuando se rompe algún espejo ante ti? No podemos negarlo, hay algo. Las supersticiones son esas dimensiones extrañamente arraigadas en nosotros con mayor o menor intensidad que desde antaño han acompañado nuestras vidas. En ocasiones, no son más que simples supercherías huecas y vacías, pero aun así logran hacernos tomar previsiones extra. Las  más comunes, tanto como las supersticiones más raras, tienen un origen común: el miedo a un posible castigo, a una amenazante fatalidad que se esconde detrás del cruce de ciertos límites. Hoy en Supercurioso te contaremos sobre el origen de las supersticiones que más aparecen en nuestro entorno social. Seguro tu mismo habrás experimentado alguna de ellas. ¡Empecemos!

El origen de las supersticiones más comunes

1. Pasar debajo de una escalera

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Iniciamos este recorrido por el origen de las supersticiones con la más habitual dentro de nuestra cotidianidad y, según las estadísticas, la única en la que cree la gente de forma mayoritaria. Puede que pienses que su origen se debe a la simple precaución. No es seguro pasar debajo de una estructura poco estable como es una simple escalera apoyada en una pared, pero hay algo más complejo tras esta idea.

¿Alguien se ha fijado alguna vez en el triángulo que forma al estar inclinada en la pared? Ahí está el secreto. Antiguamente, asociaban la forma del triángulo a un símbolo sagrado, al igual que el concepto de la Santísima Trinidad. Atravesar esa forma era pues un acto sacrílego. Existe otra tradición asociada a esta imagen: en los patíbulos siempre había escaleras de mano para colocar las sogas y para retirar cadáveres… de ahí su repulsión.

2. Romper un espejo

Otra de las supersticiones más comunes es la asociada a romper un espejo. Para quienes creen en ella, romper uno de estos vidrios implica el feo castigo de siete años de mala suerte. Pero si navegamos en el origen de las supersticiones, nos encontramos con que esta parece tener una explicación bastante más racional. Corría el siglo XVI, cuando en Venecia comenzaron a popularizarse los espejos. Se realizaban con vidrio, pero además se les ponía una lámina de plata en la parte posterior. Eran objetos de gran valor, así que los aristócratas venecianos se enfrascaban en transmitir a sus criados la necesidad de ser cuidadosos.

Si a alguno de ellos se le quebraba un espejo, esto podía significar que el desafortunado tendría que trabajar durante años para resarcir la pérdida material. La idea se fue extendiendo de tal manera que llegó a considerarse que romper un espejo era un aviso de mala suerte. Otra hipótesis al respecto, un tanto más mágica, es la que defiende que los espejos son un elemento mágico de adivinación, así que si uno se rompe o se fractura, vaticina un futuro aterrador.

3. Poner un sombrero sobre la cama

Navegando en el origen de las supersticiones nos encontramos con una que quizás no es tan popular, pero cuya simbología sin duda llama la atención. Se trata de la costumbre de poner un sombrero sobre la cama. Tanto en España como en Italia, se pensaba que dejar un sombrero sobre la cama significaba que la mente se quedaría en blanco, y esto solo podía implicar que algo malo estaba por llegar.

4. Cruzarse con un gato negro

Origen de las supersticiones

El origen de la superstición del gato negro es del todo interesante. En principio estos animales eran respetados e incluso venerados (Recordemos la importancia de los gatos en el Antiguo Egipto) Pero las cosas cambiaron en la Edad Media, cuando los gatos negros pasaron a formar parte de las supersticiones más comunes. La Iglesia Católica empezó a satanizarlos, asociándolos con las brujas. Se decía que los felinos eran los ayudantes de las hechiceras, o que incluso estas tenían en poder de convertirse en gatos. Vistos como la encarnación del demonio, empezaron a ser quemados y detestados. Todo aquel que viese un gato negro en la calle, procuraba cambiar de vereda en el acto. La mala fama de los felinos se heredó hasta nuestros días.

5. Unas tijeras abiertas

El siguiente caso en el origen de las supersticiones es el de las tijeras abiertas. ¿Qué se cuenta al respecto? Pues que estas deben permanecer cerradas mientras no se usan, de lo contrario, pueden ser origen de grandes fatalidades. Su origen viene de Grecia y de un personaje llamado Moira Atropos, encargada de cortar el hilo de la vida, ya que todo objeto cortante tiene la virtud de dirigir nuestro destino e infligirnos una muerte repentina.

6. El martes 13

Y al hablar de las supersticiones más comunes, aparece innegablemente la del viernes 13: “Ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Pues el origen de esta superstición es curioso. El número trece está asociado con cosas negativas o demoníacas. En ello la Iglesia Católica también tuvo su participación. Pero el martes, ¿Por qué se erigió como una superstición? Pues porque ese es el día de la semana que está regido por Ares, el dios de la guerra. Entonces, todo aquello que inicie un martes 13, podría llegar a terminar de forma violenta.

7. Empezar el día con el pie izquierdo

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Siguiendo en el origen de las supersticiones más comunes, la de empezar el día con el pie izquierdo está bastante arraigada. Se cuenta que podría haber nacido de la tradición celta arraigada en España, con su idea del movimiento solar: siempre hacia la derecha. La izquierda estaba asociada a lo “siniestro” (en oposición a lo diestro). El efecto negativo de cometer el error de empezar el día bajando de la cama con el pie izquierdo, se puede anular, según la tradición, santiguándose tres veces.

8. Abrir un paraguas en un sitio cerrado

Los paraguas abiertos en lugares cerrados son otra de las supersticiones más comunes. Su origen lo encontramos en el Antiguo Egipto. Fue esta la civilización que fabricó los primeros paraguas, con papiro y plumas de pavo real. Su imagen se asemejaba a la de la diosa Nut, por lo que la sombra que ofrecían estos artefactos era sagrada y solo disponible para la nobleza egipcia. Entonces, abrir un paraguas en el interior de una casa era considerado como una ofensa a los dioses.

9. El viernes 13

Otra de las supersticiones comunes es la del viernes 13. Se repite la aparente malignidad del número, pero ahora con ingredientes religiosos. Se cree que estos días son de mala suerte porque a la última cena de Jesucristo asistieron 13 personas, y justo un día después, viernes, fue crucificado.

10. El novio no puede ver a la novia antes de la boda

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Y cerramos este recorrido por el origen de las supersticiones más comunes con la idea de que es de mala suerte que el novio vea a la novia antes de la boda. Esta creencia viene de la antigüedad, época en la que los matrimonios eran arreglados y transados por una dote. Se evitaba que los contrayentes pudieran verse antes de la ceremonia, para que ninguno sufriese una decepción y se arrepintiese en el último momento.

Y tú, ¿Conocías el origen de las supersticiones que han marcado nuestra vida en sociedad? ¿Experimentas en carne propia alguna de ellas? Déjanos todas tus opiniones en un comentario. ¡Estaremos deseando leerte!

8 Comentarios

  1. Como siempre un excelente post Valeria! Solo queria hacer una observacion acerca de “la crucifixion” de Cristo. Naturalmente es en parte mejor ponerlo asi porque la mayoria de las personas posiblemente no entenderian de otra manera o se confundirian pero Cristo no murio en una cruz, la traduccion exacta es “un madero de tormento” que solia ser un gran trozo de madera vertical. La cruz fue adoptada mucho tiempo despues por la iglesia catolica, a lo mejor hasta puedes hacer un post sobre el tema! Saludos y enhorabuena decidiste ser parte de este blog!

  2. Personalmente,yo no suelo pasar bajo escaleras precisamente para que no me caigan encima si llegaran a desestabilizarse,pero no por la superstición…en cuanto a los gatos negro,me sorprende que hasta el día de hoy (es una realidad triste pero cierta) se abandonen gatitos en la calle cuando estos nacen todos negros,todo por culpa de la superstición…ellos no tienen la culpa de su color,igual son gatos!! igual dan amor!! Muy buen artículo, la del sombrero no me la sabía

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