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Supercurioso te invita a descubrir por qué el segundo mes del año es el más corto también.

Cuestión de cálculos

La cosa empieza por la necesidad humana de ajustar los tiempos astronómicos a los de la agricultura, tema éste de gran importancia por tratarse precisamente de cuándo sembrar y cosechar. La intención era que las estaciones comenzaran más o menos en las mismas fechas, cuadrando los equinoccios de primavera y de otoño y los solsticios de invierno y de verano.

Los primeros calendarios eran lunares pero no encajaban con el año astronómico real, acumulándose entonces días que se agregaban a algún mes.

Así las cosas, los egipcios lograron desarrollar un calendario de 365 días gracias a sus acertadas observaciones de los ciclos solares. El año egipcio tenía 360 días más 5 adicionales que se agregaban al final, todos los años. No existía la modalidad de los años bisiestos hasta que los romanos los invadieron.

Detalle de un reloj astronómico en Berna, Suiza
Detalle de un reloj astronómico en Berna, Suiza

Julius, Augustus

Julio César, gran admirador de los egipcios y sus conocimientos, ordenó la elaboración de un nuevo calendario a Sosígenes de Alejandría, porque el calendario romano tenía un desfase acumulado de casi tres meses.

Y un dato adicional: el año comenzaba en marzo y terminaba en febrero. Marzo se llama así en honor al dios Marte, y en este calendario septiembre era el séptimo mes, así como octubre el octavo, noviembre el noveno y diciembre el décimo (de allí sus nombres).

Se impuso en todo el mundo romano el uso del calendario solar, se fijó la duración anual en 365 días y 6 horas, y para que estas horas adicionales no se fueran acumulando, decidieron intercalar un día extra cada 4 años, lo que conocemos como años bisiestos, en los que el año cuenta con 366 días.

Poder de emperadores

Julio César tuvo la oportunidad de elegir un mes y ponerle su nombre, y eligió el quintil, que pasó a llamarse julius en su honor. Octavio Augusto, una vez ascendido al poder, nombró el mes de sextil como augustus (agosto), y como tenía sólo 30 días, y julio 31, decidió quitarle un día al último mes del año (febrero) para no ser menos que su antecesor. Ahora bien, no hay ninguna prueba arqueológica que respalde esta leyenda del origen del calendario, a pesar de que se recoge en muchos artículos y ensayos sobre el tema.

¿Y por qué es el más corto?

En el primer calendario romano el año empezaba el 1 de marzo y tenía 10 meses. Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, insertó dos meses más para tratar de arreglar los desfases temporales, ianarius (en honor a Jano) y februarius (en honor de las fiestas februas de purificación). El año tenía 354 días, teniendo que incluir ocasionalmente un mes completo, el mercedinus, cuando se pagaba a la servidumbre.

Cuando Julio César reforma el calendario, el año quedó, como ya dijimos, en 365 días y 6 horas, repartiendo los 11 días de más entre los meses, que pasaron de 29 y 30 a 30 y 31, excepto febrero que quedó fuera del reparto por ser el último, y que tuvo solamente 28 días.

Calendario juliano y calendario gregoriano

Éste es un tema muy interesante, porque el año juliano de 365 días y 6 horas era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año astronómico, lo que volvió a provocar errores y desfases temporales. A finales del siglo XVI las fechas se habían corrido más o menos 10 días, empezando el otoño el 11 de septiembre.

Fragmento de un calendario romano, de Verrio Flacco de Pranestes, en el Museo Nacional de Roma
Fragmento de un calendario romano, de Verrio Flacco de Pranestes, en el Museo Nacional de Roma

 

Para enmendar este error, el papa Gregorio XIII, mediante decreto pontificio de marzo de 1582, abolió el calendario juliano e impuso uno nuevo, conocido como gregoriano. Se cambió la fecha “arbitrariamente” para que los equinoccios volvieran a coincidir el 21 de marzo y el 23 de septiembre, de modo que este desfase de 10 días se conoce como “los días que no existieron”, ya que del 11 de septiembre se pasó al 21 del mismo mes y año, sin más preámbulos.

Se anularon algunos años bisiestos, y desde entonces los años son bisiestos si son divisibles entre 4 salvo que terminen en dos 00 (excepto 1700, 1800 1900, o 4000, 8000 o 16000).

El calendario gregoriano tiene una discrepancia de un día cada 3.323 años, lo cual lo convierte en un instrumento muy acertado y útil para medir el año astronómico.

Imágenes: Yasunari(康就) Nakamura, Mary HarrschMárcio Cabral de Moura

12 Comentarios

    • Gracias por comentar. El artículo trata sobre por qué nuestro mes de febrero tiene 28 días, que es una característica del calendario gregoriano por el que se rige casi todo Occidente. Sin embargo, tu punto abre un tema para Supercurioso: calendarios del mundo, ¿por qué no?

  1. Falta un dato importante. En el Calendario Juliano el solsticio de invierno caía el 25 de diciembre. Cuando el papa Gregorio decidió «arreglar» el calendario pudo haber hecho coincidir el solsticio con el 25 de diciembre. En vez de eso prefirió que el solsticio de verano coincidiese con el 21 de junio, día en que se celebró el concilio de Nicea en el S. IV, es decir, cuando se fundó la iglesia.

    • Gracias por la aclaración. Recuerda que el espacio es muy pequeño, y sin duda se quedan por fuera cosas importantes

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