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La sexualidad en la Antigua Grecia era un factor de la vida que estaba intrínsecamente relacionada con lo divino, conectándolo con lo terrenal. La manera en que abordaban el sexo puede resultar sorprendente en estos tiempos modernos, pero sin duda, es interesante. Descúbrelo con nosotros.

Sorprendentes hechos sobre la sexualidad en la Antigua Grecia

Para los antiguos griegos, la sexualidad, el amor y el sexo estaban íntimamente relacionados con la creación de la tierra, los cielos y el inframundo. Los mitos griegos están llenos de episodios donde el sexo y la sensualidad son partes importantes. Desde incesto, asesinatos, la poligamia y el matrimonio mixto en el que el erotismo y la fertilidad eran elementales, todos estaban allí desde el principio, demostrando el papel reproductivo esencial de la mujer para asegurar el cosmos, extendiendo la raza humana y asegurando la fecundidad de la naturaleza.

El autor Paul Chrystal explora en su libro In Bed with the Ancient Greek, los hábitos sexuales de la gente en la Grecia antigua, desde la prostitución a la pederastía y el sexo mitológico.

En su trabajo, Chrystal apunta que Zeus, el dios superior afirmaba su dominio sobre otros dioses (tanto hombres como mujeres) en gran parte a través del sexo. Su actitud arrogante hacia la sexualidad femenina, como se manifiesta en la violación en serie y la seducción (Zeus violó a Leda, hija del rey etéreo Thestius, disfrazado de cisne, también a Danae, una princesa de Argos disfrazado de lluvia y a Ganímedes, un hombre mortal). Con esta actitud sentó un precedente de siglos de dominación masculina mortal sobre la figura femenina.

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Por otra parte, la representación de Hera, esposa de Zeus y reina de los antiguos dioses griegos, como una mujer traidora, burlona y engañosa, abrió la puerta a siglos de inseguridad masculina sobre las mujeres y a la misoginia.

Quizás una de las costumbres sexuales de la antigua Grecia que más nos sorprendería hoy en día es la pederastia, que probablemente se originó con los cretenses. La pederastia cretense era una forma temprana de la pedofilia que implicaba el secuestro ritual (harpagmos) de un muchacho de la élite por un varón adulto aristocrático, con el consentimiento del padre del muchacho.

Este hombre adulto era conocido como philetor, el amigo; el muchacho era kleinos, glorioso. El hombre llevaba al niño al bosque, donde pasaban dos meses cazando y festejando con amigos, aprendiendo habilidades para la vida, respeto y responsabilidad. Se supone generalmente que el philetor comenzaría a tener sexo con el muchacho poco  después de llevárselo.

Si el muchacho estaba complacido cambiaba su estatus de kleinos a parastatos, o compañero, significando que él había luchado metafóricamente en batalla junto a su philetor. Luego regresaba a la sociedad y vivía con él.

El philetor le ofrecía al joven regalos caros, incluyendo un uniforme del ejército, un buey para ser sacrificado a Zeus, y una copa, símbolo del logro espiritual. Al mismo tiempo, según el geógrafo Estrabón, el niño tenía que elegir entre continuar o poner fin a la relación con su secuestrador, y denunciar al hombre si se había portado mal de alguna manera.

Asimismo, en la sociedad griega y romana, la prostitución masculina era ampliamente aceptada. En el caso de Atenas, los ingresos de las prostitutos masculinos y femeninas estaban sujetos a un impuesto municipal, lo que indica que la actividad no sólo estaba permitida, sino también regulada por el Estado. En el caso de los prostitutos masculinos, la mayoría de los clientes eran varones. Aunque la prostitución masculina era una ocupación legal, a todo hombre que realizaba servicios sexuales a cambio de una cuota le arrebataban sus derechos civiles.

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Bien o mal, la sexualidad en la Antigua Grecia y en la antigüedad en general era un elemento esencial de la vida cotidiana y por ello, los griegos buscaban aumentar su destreza sexual y deseo con afrodisíacos. Los historiadores de alimentos nos dicen que los antiguos griegos no eran inmunes a las promesas de mejor rendimiento o aumento de placer.

Hipócrates, el padre de la medicina, recomendaba las lentejas para mantener a un hombre viril en la vejez, una práctica seguida por el filósofo griego Aristóteles, que las cocinaba con azafrán. Plutarco sugería la fassolatha (una sopa de frijol, plato nacional de Grecia) como el camino a una libido fuerte, y otros creían que las alcachofas no eran sólo afrodisíacas, sino que también aseguraban el nacimiento de hijos varones.

¿Qué te parecen estos apuntes sobre la sexualidad en la Antigua Grecia?

Imágenes: Wikimedia Commons

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