A lo largo de la historia de los Juegos Olímpicos, han existido momentos donde ¡el talento, las circunstancias y hasta una pizca de suerte dejaron marcas prácticamente inalcanzables!
Hablamos de récords olímpicos que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Algunos llevan décadas intactos y otros, directamente, no podrán volver a batirse por cambios en el propio reglamento.
¿Quieres saber cuáles son? Repasemos estas 5 plusmarcas míticas que hicieron historia y, muy probablemente, ¡tus nietos verán exactamente igual en los libros de récords!
1. El salto al siglo XXI de Bob Beamon (México 1968)
- Disciplina: salto de longitud.
- Récord olímpico: 8,90 metros.
- Estado: vigente desde hace más de 50 años.
El 18 de octubre de 1968, durante los Juegos Olímpicos de Ciudad de México, el atleta estadounidense Bob Beamon realizó un salto que, literalmente, superó la tecnología de la época.
En su primer intento de la final, Beamon voló por el aire y aterrizó a una distancia de 8,90 metros, pulverizando la marca mundial anterior por la increíble diferencia de 55 centímetros; normalmente, ¡estos récords se superan por apenas milímetros o por un par de centímetros!
El contexto jugó a su favor, ya que la altitud de la capital mexicana (2240 metros sobre el nivel del mar) ofrecía menor resistencia del aire y el viento soplaba justo en el límite legal permitido; sin embargo, lo de Beamon fue una combinación de técnica, de potencia y de física.
¿Sabías que…? Aunque Mike Powell superó la marca mundial en el Campeonato Mundial de 1991 con 8,95 m, el récord de Bob Beamon sigue siendo el Récord Olímpico vigente y es la marca en pista más antigua de la historia de los Juegos Olímpicos.
Datos curiosos que te volarán la cabeza
- La organización había instalado un moderno sistema de medición óptico, pero este solo estaba calibrado para saltos de hasta 8,60 metros. Nadie consideró posible que un humano fuera más allá, así que tuvieron que buscar, a toda prisa, una cinta métrica manual de acero para poder validar la marca.
- Beamon no celebró de inmediato porque, en EE. UU., usaban pies y pulgadas, y no entendía el sistema métrico decimal. Cuando su compañero Ralph Boston le tradujo la cifra (29 pies y 2,5 pulgadas), a Beamon le dio un ataque de hiperventilación y ¡sufrió un colapso emocional en la pista!
- El salto fue tan descomunal que dio origen al término beamonesque en inglés, que, desde entonces, se utiliza para describir una hazaña tan extraordinaria que roza lo imposible.
2. Los 8 oros de Michael Phelps en una sola edición de los Juegos Olímpicos (Pekín 2008)
- Disciplina: natación.
- Récord olímpico: 8 medallas de oro en una misma edición.
- Estado: Vigente desde Pekín 2008.
En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el nadador estadounidense Michael Phelps logró lo que muchos expertos consideraban físicamente imposible: colgarse 8 medallas de oro en una sola edición y superar el mítico récord de 7 oros de su compatriota Mark Spitz en Múnich, 1972.
Para alcanzar este hito, el «Tiburón de Baltimore» tuvo que competir en 17 carreras en total (sumando series eliminatorias, semifinales y finales) a lo largo de solo nueve días; además, de esas 8 victorias, ¡7 se lograron con récord mundial incluido!
¿Sabías que…? Con este hito y con sus actuaciones en Atenas 2004, en Londres 2012 y en Río 2016, Phelps sumó un total de 28 medallas olímpicas (23 de oro). Si el nadador fuera un país, ocuparía, aproximadamente, el puesto #16 en el medallero histórico de todos los Juegos Olímpicos de Verano.
Datos curiosos que te volarán la cabeza
- La hazaña estuvo a punto de truncarse en la final de los 100 metros mariposa, donde Phelps superó al nadador serbio Milorad Čavić por apenas 0,01 segundos. Las cámaras de alta velocidad y los sensores táctiles de la pared confirmaron que Phelps dio una media brazada extra en el último milisegundo.
- Durante la final de los 200 metros mariposa, las gafas de Phelps se llenaron por completo de agua desde el primer clavado. Sin poder ver la pared o a sus rivales, tuvo que contar, mentalmente, el número de brazadas para no estrellarse al dar la vuelta; aun así, ¡ganó el oro y rompió el récord mundial!
- Para resistir semejante desgaste físico, Phelps ingería 10.000 a 12.000 calorías diarias. Su desayuno habitual consistía en tres sándwiches de huevo frito con queso y mayonesa, una tortilla de cinco huevos, un tazón de sémola, tres rebanadas de tostadas francesas y tres panqueques con chispas de chocolate.
3. La velocidad inalcanzable de Florence Griffith-Joyner (Seúl 1988)
- Disciplina: atletismo, 100 y 200 metros.
- Récord olímpico: 10,62 segundos (100 m) y 21,34 segundos (200 m).
- Estado: vigentes desde Seúl 1988.
En los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, la atleta estadounidense Florence Griffith-Joyner (conocida mundialmente como Flo-Jo) redefinió los límites de la velocidad humana.
Con una potencia descomunal y con una zancada inalcanzable para sus rivales, estableció marcas en los 100 y en los 200 metros planos que han resultado infranqueables durante casi cuatro décadas.
Aunque su récord mundial absoluto de los 100 metros (10,49 segundos) se logró en las pruebas clasificatorias de EE. UU., en la pista olímpica de Seúl, detuvo el cronómetro en 10,62 segundos para los 100 metros y ¡pulverizó la plusmarca de los 200 metros con un tiempo de 21,34 segundos!
¿Sabías que…? Las marcas de Florence Griffith en 1988 son las plusmarcas más antiguas en las pruebas de velocidad (sprint) del atletismo olímpico moderno.
Además, a pesar del enorme avance en la tecnología de las pistas y en el calzado deportivo, ninguna velocista ha podido batir sus récords en una cita olímpica.
Datos curiosos que te volarán la cabeza
- Flo-Jo revolucionó la imagen del atletismo, pues competía con trajes diseñados por ella misma, como mallas asimétricas con una sola pierna cubierta, y corría a más de 30 km/h luciendo uñas decoradas de más de 10 centímetros de largo.
- En la final de los 100 metros de Seúl, Flo-Jo dominó la carrera con tal holgura que se dio el lujo de sonreír a las cámaras y de levantar los brazos en señal de victoria metros antes de cruzar la línea de meta.
- Estrellas contemporáneas como Elaine Thompson-Herah o Shelly-Ann Fraser-Pryce, que tienen una nutrición avanzada y superzapatillas de carbono, se han quedado a centésimas de sus registros sin lograr derribar su reinado olímpico.
4. El «10 perfecto» de Nadia Comăneci (Montreal 1976)
- Disciplina: gimnasia artística.
- Récord olímpico: primera puntuación perfecta (¡10,0!) en la historia de los Juegos Olímpicos.
- Estado: inalcanzable, pues el sistema de puntuación cambió para siempre.
El 18 de julio de 1976, una gimnasta rumana de tan solo 14 años llamada Nadia Comăneci ejecutó una rutina impecable en las barras asimétricas durante los Juegos Olímpicos de Montreal.
La ejecución fue tan fluida, precisa y técnicamente irreprochable que los jueces decidieron otorgarle la nota máxima posible: un 10,0 perfecto.
Comăneci demostró que la perfección matemática en el deporte era alcanzable y no se detuvo ahí. A lo largo de esos mismos Juegos Olímpicos, los jueces le otorgaron la nota máxima siete veces; por eso, ¡se llevó a casa tres medallas de oro!
¿Sabías que…? Nadia Comăneci es la gimnasta más joven en ganar un oro en el concurso general individual (all-around) y su récord quedará protegido para siempre en la memoria del olimpismo.
Datos curiosos que te volarán la cabeza
- La empresa de relojería Omega, encargada de los marcadores digitales, había consultado a los organizadores si debían programar los tableros con cuatro dígitos para poder mostrar un «10,00». La respuesta oficial fue que «un 10 perfecto era técnicamente imposible» y, cuando Nadia logró la hazaña, el marcador digital parpadeó y mostró un humilde 1,00, dejando al público confundido durante unos segundos hasta que la pantalla anunció el hito.
- Su rutina duró apenas 30 segundos, pero, en ese medio minuto, realizó giros y sueltas de barra a una velocidad y elegancia que nadie había visto jamás en una niña de su edad.
- En 2006, la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) abolió el sistema de puntuación con tope en 10 puntos y adoptó un código abierto que suma la dificultad de la rutina con la nota de ejecución. Esto significa que nadie en la historia podrá volver a sacar un «10 perfecto» en unos Juegos Olímpicos.
5. El relámpago jamaiquino, Usain Bolt (Londres 2012)
- Disciplina: atletismo, 100 metros lisos.
- Récord olímpico: 9,63 segundos.
- Estado: vigente desde Londres 2012.
En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, Usain Bolt llegó con la presión de demostrar que lo vivido cuatro años antes en Pekín no había sido una simple casualidad.
En la que se considera la final de los 100 metros más rápida de todos los tiempos, el velocista jamaiquino cruzó la meta deteniendo el cronómetro en 9,63 segundos, ¡rompiendo su propia marca olímpica anterior!
Bolt corrió a una velocidad media de más de 37 km/h y alcanzó picos de velocidad de casi 44 km/h en el tramo entre los 60 y los 80 metros. Siete de los ocho finalistas de esa carrera bajaron de los 10 segundos, convirtiendo esa final en la más competitiva de la historia.
¿Sabías que…? Usain Bolt es el único atleta en la historia de los Juegos Olímpicos en ganar el «triple-doble» de la velocidad: medallas de oro en los 100 y en los 200 metros en tres ediciones consecutivas (Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016).
Datos curiosos que te volarán la cabeza
- Su impresionante récord mundial es de 9,58 segundos (logrado en el Campeonato Mundial de Berlín 2009), pero su récord olímpico oficial son los 9,63 segundos de Londres.
- Aunque la marca de 2012 fue más rápida, su carrera en Pekín 2008 (9,69 s) quedó grabada en la memoria colectiva porque Bolt corrió con una zapatilla desatada y, al darse cuenta de que no tenía rivales cerca, empezó a golpearse el pecho y a celebrar unos 20 metros antes de cruzar la meta. ¡Los biomecánicos estiman que, si no hubiera celebrado, habría bajado de los 9,60 segundos!
- Durante su concentración olímpica en Pekín 2008, Bolt admitió que la comida local no le convencía del todo, por lo que calculó haber comido unos 1000 nuggets de pollo de McDonald’s a lo largo de los 10 días que duró su estancia.
Como hemos visto, batir un récord olímpico requiere la preparación de un atleta excepcional y una combinación irrepetible de factores externos, de momentos de genialidad pura y, en casos como el de la gimnasia artística, que el propio reglamento lo permita.
Muchos de estos registros seguirán intactos durante décadas para recordarnos aquellos días en los que deportistas extraordinarios rozaron lo sobrenatural y reescribieron la historia del deporte mundial.























