Pedro Abelardo fue un filósofo y teólogo francés que nació a finales del siglo XI. Actualmente es reconocido como uno de los grandes genios de la historia de la lógica y por su talento para la dialéctica, la enseñanza y la poesía. Sin embargo, Abelardo, apuesto y carismático, es también recordado por la relación amorosa mantenida con Eloísa, encantadora joven a la que instruía, que destacaba tanto por su aguda mente y su sed de conocimiento, como por su gran belleza.

Esta historia de amor y tragedia entre estas dos extraordinarias personas del medievo ha sobrevivido a través de los siglos.

El origen de la tragedia

Abelardo conoció a Fulberto, canónigo de la catedral de París, quién reconociendo la capacidad académica de Abelardo, le encargó la educación de su sobrina, recibiéndolo en su propia casa tanto para educarla como para cuidarla. Abelardo gozaba por aquel entonces de una gran fama como maestro brillante y persona digna de confianza. En estas condiciones fue fácil para el apuesto Abelardo seducir a la bella Eloísa, una joven adolescente que combinaba su belleza con una fuerte personalidad y agudeza intelectual que sin duda fueron la perdición de Abelardo. Formaban una pareja perfecta, a pesar de la gran diferencia de edad. Ambos compartían una energía intelectual y gusto por el aprendizaje de las artes aunque el deseo era tan intenso que el aprendizaje no dejaba de ser algo secundario.

En este sentido, Abelardo escribió:

“Bajo el pretexto de estudio pasamos nuestras horas en la felicidad del amor, y el aprendizaje nos dio las oportunidades secretas que nuestra pasión ansiaba. Nuestro discurso fue más de amor que de los libros que se abrían ante nosotros; nuestros besos eran mucho más numerosos que nuestras palabras razonadas.”

Las intenciones originales de Abelardo pronto se vieron abrumadas por sus sentimientos por Eloísa y se vio afectado en su vida normal: empezó a sentirse agobiado en sus estudios, su energía para el aprendizaje se vio mermada, su clases empezaron a perder inspiración, marcado, pronunció conferencias sin inspiración y sus poemas se centraban ahora en el amor. Pronto los estudiantes empezaron a darse cuento y dedujeron que el amor se había apoderado de él, y los rumores de un posible romance entre Abelardo y Eloísa empezaron a correr por París. El único que parecía no enterarse de nada fue Fulberto, cuya ignorancia era fomentada por su confianza en su amada y admirada sobrina.

Pero finalmente Fulberto se enteró. Fue entonces cuando Abelardo escribió:

“¡Oh, cuán grande fue el dolor del tío cuando se enteró de la verdad, y qué amargo fue el dolor de los amantes cuando nos vimos obligados a separarnos!”

La huída

En 1119, cuatro años después de que comenzara la historia de amor entre maestro y discípula, Abelardo y Eloísa tuvieron que separarse. Poco después Eloísa descubrió que estaba embarazada y le hizo llegar la noticia a su amante. Aprovechando una oportunidad en la que Fulberto estaba lejos de casa, la pareja huyó y se refugió con la familia de Abelardo, con la que permanecieron hasta que nació el bebé, al que llamaron Astrolabio.

Abelardo regresó a París, pero el miedo y la incomodidad le impidieron solucionar el problema con Fulberto. La solución no era tan simple. En otros casos se hubiera solucionado con el matrimonio, pero en aquella época no era un solución para los hombres de ciencia, puesto que se consideraba que una mujer y una familia suponían un impedimento para la carrera académica. No en vano, las universidades eran sistemas surgidas de las escuelas catedralicias, y la de París era famosa por sus enseñanzas teológicas. Las perspectivas más brillantes que esperaban a Abelardo residían en la Iglesia, por lo que el matrimonio supondría perder una gran oportunidad.

Para que él no perdiera su reputación y sus oportunidades académicas decidieron celebrar una boda secreta. Eloísa estaba en lo cierto al pensar que su tío no se sentiría satisfecho con un matrimonio secreto. A pesar de que había prometido su discreción, Fulberto vio su orgullo dañado y no guardó silencio, dando a conocer la unión en matrimonio de la pareja. Abelardo envió a su esposa al convento de Argenteuil, donde él había sido educado de niño, para mantenerla segura. Como esto no sería suficiente para evitar que la ira de Fulberto, Abelardo fue un paso más allá, pidiendo que ella usara la vestimenta de las monjas, a excepción del velo que indicaba la emisión de los votos.

La venganza

Fulberto se enfureció y decidió vengarse. Para ello sobornó a dos funcionarios para que permitieran dejar entrar durante la noche a unos atacantes a la habitación en la que Abelardo dormía, y que de este modo pudieran castrarlo. Dos de los atacantes de Abelardo fueron detenidos y obligados a sufrir un destino similar, pero ni esto ni nada podría devolver al erudito lo que había perdido. El brillante filósofo, poeta y profesor que había sido ahora tenía la fama de ser un tipo completamente diferente.

A pesar de que nunca había pensado en convertirse en un monje, Abelardo empezó a pensar en ello. Una vida de reclusión, dedicada a Dios, era la única alternativa que su orgullo le permitiría. Finalmente, ingresó en la orden de los dominicos y entró en la abadía de Saint-Denis.

Pero antes hacer esto, Abelardo convenció a su esposa para que tomara el velo y se convirtiera en monja. Sus amigos les rogaron que consideraran poner fin a su matrimonio para que Eloísa. Al final y al cabo ya no podía ser un matrimonio en el sentido físico, y una anulación habría sido relativamente fácil de obtener. Ella todavía era muy joven, todavía hermosa, y tan brillante como siempre y tendría oportunidades que no podría encontrar en la vida del convento.

Abelardo-y-Eloisa

Pero Eloísa aceptó la propuesta de Abelardo y se hizo monja, no por amor a Dios, sino por amor hacia él. Aunque sus cuerpos ya no pudieron estar unidos, sus almas siguieron compartiendo un viaje intelectual, emocional y espiritual. Abelardo murió primero. A su muerte Eloísa fue enterrada junto a él y todavía hoy yacen juntos, en lo que sólo podría ser el final de una historia de amor medieval.

Si te ha gustado esta historia no puedes perderte: “La historia de la Reina Cadáver”

8 Comentarios

  1. No cabe duda que la realidad supera la ficción. Hermosa pero trágica historia de amor en la que -como siempre- la familia tenía que meter la cola.

  2. Hola, me gustó esta historia, pero quede con dudas… ¿Y qué paso con el hijo de ellos? ¿pudo ser monja teniendo un hijo?, creo que hicieron falta algunos detalles, saludos 🙂

  3. Hola, yo hace varios años vi una película con esta historia, pero ella era hija como del rey. Y al hijo lo dejan con la familia y luego el papá lo lleva al convento de la mamá cuando el era adolecente .
    Si logras obtener el nombre de la película por favor házmelo saber, que hubo un tiempo que la busque y nunca lo encontré.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here