Si te declaras, como nosotros, un empedernido amante de la lectura, seguro que lo habrás hecho en más de una ocasión: abrir las páginas, hundir tu nariz y disfrutar del aroma de los libros. No sabes muy bien por qué, pero el olor te encandila y a la vez, evoca cientos de esas historias que has leído con anterioridad en otras páginas, en otros libros que no has podido olvidar. Nos gusta el olor que tienen y no sabemos la razón. No importa que el libro sea viejo o nuevo, todos disponen de una especie de aroma peculiar que nos es grato a los sentidos y que estimula nuestra imaginación.

Obviamente, dejaremos a un lado los manuales de estudio, esos que nos acompañan en nuestra vida de estudiante y ante los cuales solemos pasar horas y horas, intentando adquirir conocimientos. Hoy en Supercurioso, queremos explicarte a qué puede deberse ese placer singular por el aroma de los libros, de esos que nos cuentan mil historias, mil aventuras que nos hacen soñar y viajar sin movernos de la cama o el sillón.

1.¿Por qué nos fascina el aroma de los libros?

El aroma de los libros

Los libros, y los universos reales o imaginarios que de ellos se desprenden, son parte fundamental de la historia de la humanidad. En Supercurioso nos fascinamos por sus historias, y ya te hemos hablado en ocasiones de los libros más vendidos del mundo, o incluso de aquellos que fueron escritos en la cárcel. Pero en esta oportunidad queremos salirnos por un instante de la magia de los mundos que crean los escritores en sus páginas, para irnos a algo que pertenece al mundo práctico.

Quizás, si has entrado a una vieja biblioteca, no te habrás podido resistir a la tentación de hurgar en el aroma de los libros viejos. O es probable que lo mismo te haya pasado en una librería, cayendo rendido ante la fascinación del olor de los libros nuevos. Pero, ¿Qué es realmente lo que ocurre en el cerebro humano cuando se expone al aroma que se desprende de las páginas de un libro? ¿Cuál es la misteriosa razón que hace que nos encanten tanto? Veamos…

La clave está en la lignina

El aroma de los libros en realidad no es tan misterioso ni tan enigmático. Todo es química y se debe básicamente a dos factores: el papel y la tinta. Hagamos primero una sencilla prueba: ve a tu estantería y toma el libro más viejo que tengas, ábrelo y entierra tu nariz en él. ¿A qué huele? ¿Te recuerda quizá ese olor a la vainilla? Es posible, y esto se debe esencialmente a un elemento llamado lignina, uno de los polímeros orgánicos más frecuentes del mundo vegetal y con el cual se suele hacer la tinta y el papel de los libros.

La lignina, además de ser una parte sustancial de la tinta, lo que hace también es actuar como endurecedor de los árboles e impedir que los microorganismos y enzimas los devoren. Les ofrece, por así decirlo, dureza y resistencia. Y ahora viene el dato interesante: la lignina es, a su vez, un derivado de la vainilla. Ambas sustancias son muy parecidas. De ahí, por ejemplo, que cuando estemos en una vieja biblioteca o librería, el ambiente esté dotado de fascinantes matices, que oscilan entre el olor a polvo, madera y vainilla, y no se puede negar que dicha mezcla es profundamente agradable para nosotros.

¿Por qué ya no es tan común este aroma?

bibliosmia

Como te habrás dado cuenta hemos estado haciendo hincapié en un pequeño matiz: «libros viejos» y «viejas bibliotecas». Esto se debe a que hoy en día el papel de los libros está ya libre de ácidos y disponen de muy poca lignina, porque este polímero, al cabo del tiempo, amarilleaba las páginas y hacía que los bordes estuvieran un poco más rígidos y el centro más claro. Cambiaba la textura, pero, eso sí, dejando a su vez el aroma de los libros tan característico que a todos nos movía. A día de hoy los libros tienen un pH más neutro y se conservan mucho mejor. Hemos perdido ese clásico olor, pero ganamos durabilidad.

2. Las diferencias entre el olor a libro nuevo y el olor a libro viejo

el aroma de los libros

Cuando hablamos sobre el aroma de los libros la primera idea se la lleva la bibliosmia o el placer al oler libros viejos. Pero los libros nuevos también tienen su propia gracia. El olor que de ellos se desprende no suele venir de la lignina, como es el caso de los antiguos, sino de los productos químicos y el tipo de papel que se emplee en su fabricación, incluido el pegamento para la encuadernación.

La esencia de nuestro gusto por el aroma de los libros

Ahora bien, desde el punto de vista orgánico, ¿Qué es lo que nos hace sucumbir y disfrutar con el aroma de los libros? Pues, en primera instancia, habremos de reconocer que el olfato es un sentido primitivo y clave en la supervivencia de la especie. Entonces, el hecho de asociar un olor en positivo o negativo, en agradable o desagradable, nos lleva fundamentalmente a la experiencia. Y allí entramos en el componente emocional que tiene el hecho de que el aroma de los libros nos atraiga tanto.

Para los lectores, pasar tiempo en el disfrute de una novela, de un libro de historia o del género de su preferencia, es una actividad que genera placer. Entonces, el aroma de los libros se asocia con una experiencia de vida positiva. De hecho, en una investigación realizada  en Estados Unidos, se reveló que de las personas que compran libros, el 16% los prefiere en el clásico formato de papel, antes que la versión electrónica, pues el libro físico aporta sensaciones, incluido el olor, que configuran una experiencia multi-sensorial. Si te gusta leer, si amas los libros, serás un apasionado de ellos sea cual sea su olor porque te recuerdan a todas esas historias leídas, a esas líneas que te emocionaron una vez y que te obligan, de un modo u otro, a seguir frecuentando el mundo de la literatura.

Y tú, ¿Te cuentas entre los fanáticos de sentir el aroma de los libros? ¿Los prefieres nuevos o viejos? ¿O eres más bien de la nueva escuela, que defiende la modernidad de los dispositivos móviles? Si es así, te invitamos a disfrutar de nuestro artículo sobre la comparación entre los libros digitales y los libros impresos. Y si quieres un poco más de inspiración lectora, anótate esta selección de los mejores libros para leer antes de dormir, y haz que tus sueños vuelen en fantasías lectoras.

14 Comentarios

  1. Hola, me encantó el articulo, es una curiosidad que muchos lectores hemos tenido en alguna ocasión. Solo tengo buena pequeña observación, en el subtítulo dice «ligina» y ya en el último párrafo aparece «lignina» creo que hay un diminuto error, por todo lo demás muy bien, saludos.
    Me encanta su página.

  2. Muy buenas, me ha resultado muy interesante, pero me temo que hacer unas pequeñas observaciones.
    La primera que hace que me sangren los ojos es que no paras de insistir en una palabra totalmente desconocida e inexistente: la ligina. Hasta que he comprendido que hablabas de la lignina y no de un nuevo compuesto desconocido para mí, he tenido que llegar prácticamente hasta el final del artículo.
    Lo segundo es la auténtica acción de la lignina en el papel. Como bien has dicho lo degrada, pero no «tostando los bordes y dejando más claro el centro», sino que ese efecto es una cuestión de oxidación en contacto con la luz. Si no se produjera esa fotooxidación el amarilleamiento sería más homogéneo en todo el papel, provocando la «friabilidad» del documento y dando lugar a un papel más amarillento y quebradizo.
    Finalmente, los libros lamentablemente no han mejorado la calidad del papel, exceptuando aquellos que tienen papel estucado que sí, su pH no sólo es neutro sino que además es básico. Pero por lo demás, el papel actual en los libros sigue teniendo la misma duración de conservación que hace 70 años porque el proceso de fabricación sigue siendo exactamente el mismo: pasta de madera semiquímica, cargas básicas y blanqueadores oxidantes.
    Atentamente, una restauradora de documento gráfico a la que le encanta vuestra página y quiere contribuir a vuestra causa 😉

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here